DEMOCRACIA, LIBERTAD Y VIOLENCIA
Por Fernando Garcia Diaz -  20-12-2020 (A modo de respuesta a “Ira y Democracia” de Carlos Peña) – ( título “Ira y Democracia”, Carlos Peña se manifiesta en contra del indulto a los presos con motivo del estallido social. Y lo hace desde su particular concepción de la democracia, la libertad y la violencia. En …

Por Fernando Garcia Diaz -  20-12-2020

(A modo de respuesta a “Ira y Democracia” de Carlos Peña) –

( título “Ira y Democracia”, Carlos Peña se manifiesta en contra del indulto a los presos con motivo del estallido social. Y lo hace desde su particular concepción de la democracia, la libertad y la violencia.

En lo esencial su argumentación se fundamenta en que “…la democracia admite la prosecución de todos los fines, pero excluye el empleo de un medio para alcanzarlos: la violencia”. Y reforzando la idea agrega más adelante “…en Chile hay democracia y entonces no es posible esgrimir la injusticia para excusar la violencia”. El autor también parece valorar profundamente la razón, como fundamento de la libertad, y por ello señala” El paso del estado de naturaleza al estado civil se produjo cuando entre la mera pulsión y la conducta se introdujo un momento reflexivo. Fue entonces que nació la libertad”.

Compartimos con Carlos Peña cuando pone el centro del debate en lo político y no en los aspectos jurídico penales, que también los hay, pero claramente son secundarios, como lo ha intentado hacer el gobierno, el Ministerio Público y políticos del más amplio espectro. La liberación de un grupo masivo de personas, cuyo elemento común es un acto político, en este caso, la protesta contra un sistema social, económico y político que los tiene marginados por décadas, es un problema esencialmente político.

Pero si en eso estamos de acuerdo, discrepamos en casi todo lo demás y, particularmente, en su visión de la democracia, la libertad y la violencia.

Para situarnos en el contexto general, digamos de partida que, en esta oportunidad, como en muchas otras, Peña, como los conservadores de todos los tiempos, pone la paz social al comienzo de la historia (N. Bobbio) y no como quienes creemos en el progreso mediante la lucha, que la ponemos al final y como consecuencia de la justicia alcanzada. Por supuesto tiene todo el derecho del mundo a hacerlo, sólo queremos destacar la perspectiva desde la que se ubica, “conservador”, en una sociedad como la nuestra en este momento, en que la inmensa mayoría exige cambios.

Y agreguemos de inmediato que no es efectivo que la democracia deba aceptar la prosecución de todos los fines, salvo que él estime que no se puede prohibir la prosecución del racismo, el nacismo, el exterminio de los judíos, los comunistas, la supremacía blanca, etc.

También parece claramente insuficiente su reflexión sobre el “momento reflexivo” y libertad. En verdad cualquiera sea el concepto de “momento reflexivo” que se tenga, y cualquiera sea el de “libertad”, ponerlos como causa y efecto más parece el deseo de un idealismo de orden hegeliano, -razón- que una reflexión basada en la historia o la realidad. Sabido es que el “momento reflexivo” se manifiesta como fundamental en la “primera explosión del saber” (Ch. Van Doren) con los filósofos de la antigua Grecia, en el siglo V A.C. y la esclavitud se mantiene no sólo allí, sino en la sociedad que de ella deriva por 2.400 años más. Sólo ese dato echaría por tierra su apreciación. Por lo demás la “segunda explosión del saber”, iniciada en el Renacimiento, tampoco llevó a la libertad. Lo que sí lo hizo, fue la lucha antiesclavista, violenta y a menudo con las armas en la mano, en la que compartieron esclavos y hombres libres, y que duró varios siglos.

Por otro lado, referirse a secas a “la libertad”, para aludir, probablemente, a un reducido espacio de libertad política, nos parece a estas alturas del siglo XXI como extraordinariamente limitado. Recordemos que es en los años sesenta y setenta del siglo pasado, “Segunda Ilustración” sobre la pobreza (A. Cortina), es decir hace más de cincuenta años, cuando se generaliza la convicción que la pobreza es coacción. Y tiene todo el sentido del mundo, entendida la libertad como posibilidad real de elegir, y no mera ficción, la pobreza constituye la más absoluta falta de libertad, cualquiera sea el “momento reflexivo” que se tenga.

Y en cuanto a la violencia, lo primero es recordar que la democracia, que Peña tanto valora, es fruto de la lucha y la violencia. La historia en esto es universal, ni la revolución francesa, ni la independencia de Estados Unidos, ni nuestra propia independencia, por poner ejemplos emblemáticos para nosotros, son frutos de la generosidad de reyes y monarcas. Por el contrario, todos esos procesos, que van a desembocar en sistemas democráticos, son frutos precisamente de la lucha y la violencia. Por supuesto que esto no es un llamado a la guerra ni a la revolución, sino simplemente poner en el contexto histórico el sistema político que hoy tenemos.

Agreguemos a continuación que la democracia es siempre un proyecto político inacabado, que va evolucionando con el tiempo, y que sus actuales manifestaciones varían significativamente con lo que existía con anterioridad. En nuestra historia nacional, por ejemplo, todos coincidirán, incluyendo a C. Peña, que los gobiernos de Aguirre Cerda y Juan A. Ríos, en la década de los años 40 del siglo XIX, fueron gobiernos democráticos. Y, sin embargo, en esa época ni las mujeres ni los analfabetos tenían derecho a voto, es decir, más de la mitad de la población de los que actualmente tienen derecho a participar de los procesos electorales. Y este derecho al sufragio, como todos los derechos, se ganó en la “lucha por el derecho”, (R. von Ihering), en este caso, en la lucha social y política de las mujeres “sufragistas”, de los obreros del campo y la ciudad, en las luchas sociales, en las manifestaciones en las calles, en las protestas contra quienes lo negaban.

La violencia social no es una entidad abstracta, ajena a las razones de la historia, a menudo es respuesta a décadas de violencia institucional y sostenida, a falta de educación, de salud, de vivienda, a abandono, marginalización, desprecio, en definitiva, a violación sistemática de la dignidad humana a millones de personas.

La libertad de los presos políticos detenidos con motivo del estallido social, debe ser consecuencia de un país que entiende su historia, que valora los logros que producto de ese estallido se alcanzaron, y que tiene conciencia que mantenerlos privados de libertad sin un juicio hasta ahora, (presos sin condena, en el lenguaje de los derechos humanos), sin pruebas, por ello no se les ha juzgado aún, con pruebas falsas

o aportadas por una institución no creíble que se ha especializado en montajes, y ante un sistema judicial que a algunos los priva de libertad y a otros los manda a clases de ética, es simplemente una venganza.

Fernando García Díaz - Abogado, Mg. en Derecho, con mención en D. Penal.

Santiago 20 de diciembre de 2