¿QUÉ TIPO DE CONSTITUYENTES NECESITAMOS?
Fernando García Díaz -  Colaborador UTE-NOTICIAS – 21-01-2021 Ya están en campaña los candidatos a ser elegidos para redactar una nueva constitución. Se trata sin lugar a dudas de uno de los episodios más importantes de la política de las últimas décadas. De todos los autopropuestos y los verdaderamente propuestos, algunos quedaron en el camino …

Fernando García Díaz -  Colaborador UTE-NOTICIAS – 21-01-2021

Ya están en campaña los candidatos a ser elegidos para redactar una nueva constitución. Se trata sin lugar a dudas de uno de los episodios más importantes de la política de las últimas décadas.

De todos los autopropuestos y los verdaderamente propuestos, algunos quedaron en el camino por diferentes razones. Una mirada general nos muestra que entre las y los candidatos que llegaron a la papeleta hay, junto a valiosas individualidades, como la machi Francisca Linconao, representante de pueblos indígenas, o Bárbara Sepúlveda, del movimiento feminista, o Bárbara Figueroa y Eric Campos, del mundo de los y las trabajadoras, rancios y oportunistas políticos tradicionales, despreciables personeros de la farándula, como la doctora Cordero, o reconocidos fascistas, repudiados hasta por integrantes de la derecha, como Teresa Marinovic, o simplemente desconocidos personajes, con gran “disposición” a ser constituyentes. Algo así como “…si el pueblo me lo pide…”. Y la verdad es que el pueblo está pidiendo, pero ¿Qué está pidiendo?

En mi opinión, lo primero, es recordar que lo que verdaderamente necesitamos son ideas, proyectos, propuestas, en definitiva, contenidos. La nueva constitución debiera llegar a ser un texto con contenidos definidos, claros, y sencillamente expuestos. Lo segundo, que dichas ideas, dichos contenidos no pueden ser cualesquiera. Ellos debieran ser capaces de plasmar las peticiones centrales que los chilenos hemos demandado desde hace años, y particularmente a partir del 18 de octubre de 2019, entre otras un estado solidario, multicultural, descentralizado, que efectivamente garantice derechos sociales, etc.

Por último, en todo momento debemos recordar que este es un proceso político, que debe ser profundamente democrático, por lo que quienes sean elegidos deben ser legítimos representantes de la ciudadanía. Por ello, nuestro rol de participantes activos en la determinación de los contenidos de la nueva constitución no se ha de limitar a elegir un grupo de redactores y al cabo de un tiempo preguntarles en qué va su trabajo. Hemos sido demasiadas veces engañados por quienes hemos elegido para una determinada actuación y en definitiva terminan haciendo una diferente o aún incluso la contraria. Y el más claro ejemplo es que una nueva constitución fue una de las demandas por las que se luchó contra la dictadura, que los políticos elegidos prometieron llevar adelante y que no lo hicieron. De este modo, la participación popular en cabildos, reuniones, asambleas, movilizaciones en general, debe ser uno de nuestros objetivos. Será imprescindible estar alerta y llegado el momento, exigir que el texto que se vaya plasmando contenga lo que deseamos.

Pero de todas maneras queda pendiente el tema de los constituyentes. Alguien tiene que redactar ese texto, y nosotros debemos elegirles. ¿Qué características debieran tener nuestros constituyentes? A nuestro entender, al menos las siguientes:

  1. Representar las ideas por las que luchamos y que se busca plasmar. Esto significa varias cosas. En primer lugar, un fuerte “Rechazo” a quienes votaron rechazo, pues ellos querían mantener la constitución del dictador y hacerle un burdo maquillaje, y ahora de lo que se trata es precisamente de lo contrario, de cambiarla por otra diferente.
  2. Representantes de un proyecto colectivo. En los últimos tiempos se ha insistido mucho en la “independencia” de los candidatos. La verdad es que dicha independencia no asegura nada, ni para un lado ni para otro. Pero cuales sean las condiciones del candidato, lo ideal es que provenga desde un proyecto colectivo, desde una instancia social, de modo que las ideas que lleva representen el sentir de cientos o miles de personas.
  3. Diversidad. Hasta ahora, las constituciones que nos han regido han sido redactadas por hombres, y pertenecientes a un sector político determinando, la derecha. Así ocurrió con las Constitución de 1833, la de 1925, y el engendro de 1980, elaborada esta última por civiles que participaban de la dictadura. Hoy necesitamos “diversidad”. La legislación ya contempla la paridad de género y la presencia de representantes de pueblos indígenas. Sobre paridad de género estamos bastante bien; sobre representación de pueblos indígenas quedamos al debe, pues allí tenemos deficiencias que probablemente se van a notar a la hora de tener elegidos al conjunto de constituyentes. Tampoco tenemos asegurada representación de los afrodescendientes, a quienes por lo demás hemos negado su existencia como sector social y cultural desde hace ya dos siglos. Es ideal además que tengamos diversidad sexual.
  4. Ser una especie de entendido-generalista. Entendidos, en cuanto debieran manejar algunos de los múltiples temas que la constitución debe abordar (medio ambiente, salud, educación, mujeres, diversidad sexual, pensiones, cultura, etc.). Por supuesto que no es necesario ser profesional, o un especialista en la constitución, ni mucho menos un “abogado constitucionalista”, pero sí alguien que sabe en profundidad de algo que importa. Generalista, pues una constitución no es la sumatoria de una serie de temas separados. No basta con ser experto en un determinado tema, es necesario además tener una visión “general” del modelo de sociedad que queremos, de modo que, por un lado, pueda abordar y aportar también en los otros temas en cuya discusión le tocará participar, y por otro, velar por obtener un texto coherente y armónico.
  5. Capacidad de diálogo. La elaboración de un texto legal de la importancia de una constitución requiere personas con capacidad de diálogo, ello implica que es necesario, por un lado, tener capacidad para exponer y defender ideas con claridad, y capacidad de escuchar y si es preciso modificar la propia opinión. Es altamente probable que el debate sea fuerte y profundo, por lo que claramente no basta entonces con conocer, es necesario también saber exponer con convicción, y tener la fuerza suficiente para defender las propias convicciones. Al mismo tiempo, es preciso tener capacidad para escuchar las opiniones del otro, y tener claro qué es lo fundamental respecto de lo cual no podemos transar y lo secundario, respecto de lo cual podemos conversar y llegar a acuerdos, entendiendo que ello implica ceder por ambas partes.
  6. Ni militantes ni no militantes. La redacción de una constitución es un proceso profundamente político. En verdad uno de los más políticos en un sistema democrático, y todos quienes participen en su redacción, por ese sólo hecho, serán “importantes políticos”. Pero ello no quiere decir que para participar activamente en él hay que ser un antiguo político o militante de un partido político. Tampoco significa lo contrario. La condición de militante o no militante por sí misma no aporta ni quita. Pero ojo, si se trata de un “independiente”, éste debiera ser algo más que un exponente de sus propias ideas, y si se trata de un militante, importa el partido en el que se milita. No es lo mismo ser militante de un partido que estuvo por el cambio a la constitución que uno que estuvo por el rechazo, no es lo mismo ser parte de un partido con decenas de militantes imputados por delitos de corrupción, que serlo de un partido que no tiene ninguno.