CARTA ABIERTA A UN DESTINATARIO (ANDRÓNICO LUKSIC) QUE SEGURAMENTE NUNCA SE DARÁ POR ENTERADO
Por El Ciudadano  - Publicado en  Chile / Ciudadanos al Poder No es tarde para que mire la tierra de otro modo, no sólo como algo que puede producirle dinero a cualquier costo. Porque ese costo no lo paga usted, lo pagamos todos. Señor Andrónico Luksic De mi consideración: Usted no me conoce y dudo …

Por El Ciudadano  - Publicado en  Chile / Ciudadanos al Poder

No es tarde para que mire la tierra de otro modo, no sólo como algo que puede producirle dinero a cualquier costo. Porque ese costo no lo paga usted, lo pagamos todos.

Señor Andrónico Luksic

De mi consideración:

Usted no me conoce y dudo que yo llegue a conocerlo, porque estoy muy lejos de los círculos de poder en que usted se mueve.

Por eso le escribo esta carta, que quizás de chiripa le llegue y pueda contestar alguna de las dudas que me genera.

Debo reconocer que tengo cierta fijación con usted. La cantidad de dinero que posee, el poder que le ha dado ese dinero y cómo usa ese poder, me desconcierta. Debe ser porque se ve como una persona común, hasta afable, y tiene un estilo diferente al resto de los empresarios de este país. No me imagino por ejemplo a Juan Sutil o Ricardo Ariztía haciendo cima en el Everest…

Usted es claramente diferente, poseedor de superpoderes, además: un hombre que puede secar los ríos, cambiar el clima, borrar del mapa comunidades completas -haciendo que se pierdan costumbres ancestrales-, entre otras capacidades.

Todo eso es mucho poder.

Pero, tristemente, no usa esos poderes para hacer el bien. No es el héroe de la película que salva al mundo: es el villano que lo destruye.

No es Spiderman, tampoco Iron Man, ni menos el Capitán América. Usted es el ultron, el doctor Octopus, es Andronicus…, el destructor de mundos (hasta su nombre tiene la dureza de un villano de Marvel).

El problema es que en nuestro país no hay héroes que puedan contrarrestar su poder.

Por eso, nadie puede detener la destrucción que producen sus miles y miles de hectáreas de monocultivos.

Usó sus superpoderes para cambiar el clima y el paisaje del Sur de Chile y secar las napas.

Destruyó humedales, mató miles de aves y nadie ha podido detenerlo hasta hoy.

Su proyecto Alto Maipo secará el río Maipo y dejará en algunos años, seguramente, a Santiago sin agua.

Sus empresas mineras han contaminado el agua, el aire e inmensos tranques de relaves se ciernen cargados de muerte y destrucción sobre las cabezas de miles de personas.

Todo eso me hace pensar si realmente la manera de obtener sus poderes le produce orgullo y satisfacción. En las noches, frente al espejo, ¿celebra su poder de semidios?

A veces a los villanos algo los saca de su centro, los remece o conmueve …y cambian.

¿A usted no le pasó eso con la muerte de su hermano?

Darse cuenta de que el dinero no lo podía salvar. Saber que tiene el poder de cambiar el clima y desviar los ríos, pero ni con ello pudo calmar el dolor y el sufrimiento de su hermano.

Usted está considerado por casi todos los organismos ambientales serios del mundo como el hombre cuyas empresas más daño le han hecho al medio ambiente en Chile. Un daño muy difícil de revertir por lo demás. ¿Eso quiere legarle a su descendencia? ¿Para eso se levanta cada mañana?

Porque los millones que regala su madrastra todos los años en la Teletón no son suficientes para limpiar su imagen (sin contar que los descuenta de impuestos y en el fondo, no regala nada).

¿No le gustaría reforestar el Sur y volver a llenarlo de flora nativa, ver cómo se recuperan las napas, ver crecer copihues y chilcos, escuchar pájaros cantar, crear vida?

Sería el mismo superpoder que ha usado para destruir el país de todos nosotros, pero usado para hacer el bien, para crear y reparar. Y tendría que usar mucha mano de obra, daría mucho trabajo, mucho más que talando pinos.

Y a propósito de la muerte de su hermano, ¿no ha pensado en financiar un gran laboratorio con tecnología de punta, donde los científicos chilenos puedan hacer ciencia de nivel mundial? ¿No sería más reconfortante que depredar?

Ya tiene mansiones, islas, bancos, fábricas y palacios en Croacia, tiene departamentos lujosos en Nueva York y acciones en cientos de empresas más. Hasta tiene una mansión en Riñihue, desde donde manda a comprar el pan en helicóptero…

Aunque se deshiciera de gran parte de su fortuna, aún podría seguir comprando joyas, autos, yates y todos los lujos que se quiera dar, para usted y varias generaciones más de su familia. Pero lo que no puede comprar es respeto. Servilismo sí: respeto y admiración, jamás.

Piénselo: usted es un hombre joven, osado, hasta sería entretenido hacer algo distinto.

Practique el compartir, el dar, el hacer cosas diferentes, el ayudar al otro, pero en serio.

No es tarde para que mire la tierra de otro modo, no sólo como algo que puede producirle dinero a cualquier costo. Porque ese costo no lo paga usted, lo pagamos todos.

Su fundación jamás podrá contrarrestar el daño que ha hecho. Es un grano de arena en el mar. Algo necesario para humanizarlo, pero sigue siendo Andrónicus, el destructor de mundos.

Y una última pregunta: ¿Qué sintió cuando vio que su fortuna se había incrementado en US$12.000.000 000 durante la pandemia? El doble de la plata que el Estado con tanto cacareo ha entregado en ayuda en este difícil periodo.

¿Necesita realmente esos 12.000 millones? ¿Van a cambiar su vida, la van a mejorar?

Por último, me gustaría pedirle humildemente que salga de su zona de confort, vaya a una feria libre cuando esté cerrando y vea cómo familias completas recogen del suelo lo que queda, porque eso es lo que comen. Recorra los pasillos de un hospital, de incógnito. Párese a las 5 de la mañana en un paradero de Pudahuel y tome una micro que lo lleve a La Dehesa y, mientras el paisaje y las calles van cambiando, mire como también van cambiando las caras de esas personas, que hacen ese viaje todos los días ida y vuelta para ganar al mes menos de lo que a usted le cuesta un par de zapatos, ¿qué cree que sienten?

Y vaya al Sur en auto y sienta la angustia de recorrer cientos de kilómetros viendo solo pinos y eucaliptus. ¡Algo tiene que haber que lo despierte!

Disculpé si lo molesté u ofendí, pero realmente es casi una obsesión para mí tratar de entender cómo se puede vivir feliz y en paz con tanto, pero haciendo tanto daño.

PD: Quizás esté pensando comprarse un par de presidencias, como otro, con un cachito de lo que tiene. Pero no creo que sea buena idea. Como ya hemos visto sobradamente, nadie puede gobernar desde una burbuja y hacerlo bien.

Atentamente:

María Cristina Correa

GENTILEZA DEL CIUDADANO