¡¡TODOS A VOTAR!!
Por Fernando García -  20 de noviembre 2021 - para UTE-NOTICIAS Más de catorce millones setecientas mil personas tienen derecho a participar en las elecciones del próximo domingo, que determinarán, de manera sustancial, la sociedad que tendremos en nuestro país durante los próximos años. Pueden votar los hombres o mujeres chilenos mayores de 18 años …

Por Fernando García -  20 de noviembre 2021 - para UTE-NOTICIAS

Más de catorce millones setecientas mil personas tienen derecho a participar en las elecciones del próximo domingo, que determinarán, de manera sustancial, la sociedad que tendremos en nuestro país durante los próximos años. Pueden votar los hombres o mujeres chilenos mayores de 18 años y los extranjeros que cumplen con determinados requisitos.

El derecho a voto está hoy reconocido internacionalmente como un derecho humano básico, por ejemplo, en el artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en el 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Por otro lado, la ampliación de dicho derecho se vincula directamente con la ampliación de la democracia. Pero no siempre ha sido así. La posibilidad que hoy tenemos que un número tan elevado de personas pueda votar, en nuestro país es resultado de más de doscientos años de lucha política y social, primero contra la monarquía y luego contra la oligarquía, tanto para ampliar el derecho a voto, como para suprimir el fraude electoral.

El “derecho a voto” es una conquista contra el poder absoluto que durante siglos mantuvo el monarca. Pero la independencia del reinado español no fue sinónimo de democratización efectiva del voto. En un principio éste sólo alcanzó a un grupo muy reducido, los varones de la oligarquía. Así, la Constitución de 1833, consagraba en su texto original, que eran ciudadanos activos y tenía derecho a sufragio los chilenos que reunían varios requisitos, entre ellos, haber cumplido veinticinco años, si eran solteros, o veintiuno, si eran casados, saber leer y escribir y además ser propietarios de un inmueble, o de capital invertido en alguna especie de giro o industria cuyo valor mínimo lo fijaba la ley  para cada provincia y cada diez años, o ejercer  una industria o arte, el goce de algún empleo, renta o usufructo, siempre que ello les asegurara unos ingresos proporcionales a los que se exigían como valor del inmueble o capital ya mencionado. Demás está decir que el pueblo llano no tenía esos ingresos, aunque en verdad ni siquiera sabía leer y escribir.

Producto de las presiones sociales y políticas, en 1888, una reforma legal amplió el derecho a todos los hombres mayores de 21 años, que supieran leer y escribir, eliminando la exigencia de determinados bienes o de un mínimo de ingresos.

La conquista del voto femenino fue aún más tarde y se debió especialmente a la lucha de innumerables mujeres, que conocidas como las “sufragistas”, exigieron ser tomadas en consideración al momento de tener que decidir la elección de ciertas autoridades. Fue conquistado recién en 1935 para elecciones municipales, pero en ese momento la derecha estimó que las mujeres no estaban preparadas para decidir sobre algo tan importante como la elección de parlamentarios y presidente. Éste derecho a voto se alcanzó sólo 14 años después, en 1949.

En 1969 se amplía el voto a personas no videntes, en 1970 a todos los mayores de 18 años de edad y en 1972 a los analfabetos.

Pero no sólo fue necesario luchar por verdaderamente democratizar el voto, sino también fue necesario hacerlo contra las múltiples maneras de fraude electoral que en torno a las propias elecciones se cometían. Estas maniobras eran muy variadas. Dado por ejemplo que la inscripción en los registros electorales se podía hacer sólo 10 días al año y estaba a cargo de los alcaldes, no era infrecuente que mediante distintas maniobras se permitiera la inscripción de los partidarios de determinado bando y se impidiera o dificultara enormemente la inscripción de los del bando contrario. La ausencia de apoderados en las mesas hacía que no fuera difícil falsificar las actas, o introducir votos en una determinada urna o robarse las urnas cuando la votación era claramente mayoritaria para el opositor. No fue infrecuente hacer votar a una persona suplantando a otra y a veces se hizo votar a los muertos. Y todo esto, sin empezar a hablar siquiera del cohecho descarado que hubo por décadas.

El registro electoral permanente, la cédula única, el financiamiento público de las campañas, son logros alcanzados por la lucha popular y contra la voluntad de la oligarquía, que sistemáticamente ha puesto problemas para todos estos avances. Por supuesto que aún quedan temas pendientes, pero sin duda el voto se ha convertido en un mecanismo de lucha por el poder cuya importancia ha mostrado ser decisiva en muchos momentos.

Hoy cuando la próxima elección se trata de la más decisiva de las últimas décadas, el concurrir a votar es una exigencia ética y política del mayor nivel. Y es que nunca hasta ahora, en los últimos 30 años había estado en juego de manera tan clara y determinante el modelo de sociedad que queremos. En lo esencial, tratándose de candidaturas con perspectivas de triunfo, sólo habíamos tenido aquellas que nos ofrecían mantener el modelo, con más o menos pequeños y no significativos cambios. Por ello, el éxito de una u otra no presentaba un cambio relevante en la situación nacional. Hoy el escenario es distinto. Tenemos por cierto un proyecto continuista, con pequeñas variaciones, pero claramente continuista, encabezado por Yasna Provoste, por otro, uno que sin ser revolucionario pretende modificar sustancialmente aspectos relevantes de nuestra actual situación, con Gabriel Boric, y lo que no sólo es novedoso, sino tremendamente peligroso, un proyecto de la extrema derecha con fuertes tintes fascistas y claras reminiscencias del pasado pinochetista.

Es posible que algunos duden del carácter fascistoide del proyecto de Kast, pero en realidad existen múltiples elementos que nos permiten calificarlo así. Por lo demás, no podemos olvidar que el resurgimiento del fascismo en los últimos años es un fenómeno que ha tomado fuerza en diversos países del mundo, y en diferentes continentes, incluyendo Alemania, Estados Unidos o Brasil.

En nuestro país manifestaciones como la marcha anti migrantes y posterior quema de sus enseres más básicos, ocurrida el 25 de septiembre del presente en Iquique, por lo demás cargada de insultos racistas y xenófobos, ataques transfóbicos como el sufrido por Alejandra Soto, sólo el mes pasado, el 12 de octubre, camisetas burlándose de las personas arrojadas al mar por la dictadura de Pinochet, la negación de los crímenes del Dictador hecha de forma reitera por Kast, su apoyo explícito y reiterado a uno de los peores criminales que ha conocido nuestro país, M. Krasnov, así como su programa anti migración –si bien rayano en la locura al pretender construir una zanja para evitarla-, misógino –entre otras cosas eliminar el Ministerio de la Mujer, anular la ley de aborto, valorarla sólo si está casada, etc.-, negacionista del cambio climático, etc. etc. dan cuenta de la presencia de un sector claramente  fascistoide.

Y para quienes no creen que el proyecto de Boric es efectivamente transformador, es bueno recordarles que precisamente uno de los componentes más claros del surgimiento y desarrollo fascismo los constituye el que el movimiento popular ponga en riesgo los intereses del capitalismo financiero especialmente y ya la democracia liberal no resulta suficiente para protegerlos. Italia con Mussolini, Alemania con Hitler, España con Franco, Portugal con Oliveira Salazar, Chile con Pinochet, son ejemplos históricos clarificadores al respecto.

Este domingo se deciden grandes cosas.

¡Todos a votar!

Por más democracia, más justicia, más libertad.