¿QUÉ NOS DEJA LA TRAGEDIA DE UCRANIA? (Parte II)
por Antonio Ramírez – 01 de marzo 2022 – PARA UTE NOTICIAS La necesidad de reformar el sistema de relaciones internacionales La rusofobia desatada en los medios de comunicación arroja luces sobre otro aspecto relevante. Nos referimos al profundo quiebre que se aprecia en el sistema multilateral creado tras la Segunda Guerra Mundial, y representado …

por Antonio Ramírez – 01 de marzo 2022 – PARA UTE NOTICIAS

La necesidad de reformar el sistema de relaciones internacionales

La rusofobia desatada en los medios de comunicación arroja luces sobre otro aspecto relevante. Nos referimos al profundo quiebre que se aprecia en el sistema multilateral creado tras la Segunda Guerra Mundial, y representado principalmente por todo el sistema de Naciones Unidas, para crear condiciones que permitieran abrir paso a negociaciones pacíficas a las soluciones de controversias entre estados, garantizando un consenso global por la paz.

El primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas dice textualmente que el propósito de esa organización es “Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz.”

La experiencia demuestra que Estados Unidos y sus aliados han violado permanentemente lo establecido en dicho artículo. El caso de la ex Yugoslavia, bombardeada por la OTAN sin la autorización del Consejo de Seguridad es uno de los más flagrantes, siendo presidente de Estados Unidos Bill Clinton. Yugoslavia fue desintegrada, dando origen a siete nuevos países: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia del Norte, Montenegro, Serbia y Kosovo.

Ninguno de los gobiernos que hoy rasgan las vestiduras ante el reconocimiento hecho por Vladimir Putin de Donetsk y Lugansk - dos repúblicas que, referendo popular mediante decidieron separarse de Ucrania- emitió sonido alguno ante la carnicería que la OTAN practicó en los Balcanes. Tampoco lo hizo cuando esa misma organización bombardeó durante meses a la Libia de Muammar el Gadafi, acabó con su gobierno y facilitó que una turba linchara con inaudita crueldad al líder libio. En el 2003 esa organización había colaborado con Estados Unidos en la invasión y destrucción de Irak y sus tesoros culturales. Tiempo después, un impaciente por éxitos internacionales Obama la emprendió contra Siria. Para ello no trepidó en asociarse con el Estado Islámico y otros fundamentalistas, que operaron con financiamiento, protección mediática y política de los líderes del “mundo libre.”

En 1997 y bajo el impulso de Bill Clinton, la OTAN y Rusia, entonces presidida por Boris Yeltsin, firmaron “Acuerdo de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad”, bajo cuyo amparo en 2002 se creó un “Consejo Rusia-OTAN”, con el propósito de estimular la cooperación entre ambas partes. El golpe en Ucrania el 2014 mandó al traste todas estas “intenciones”, dando paso a un peligroso “bullying” contra Putin. Sus resultados están a la vista.

De mediar la nula disposición de los Estados, principalmente los que ocupan los sillones en el Consejo de Seguridad de la ONU, la tragedia que hoy enfrenta Ucrania podría haberse evitado.

Por ello, junto con la necesidad de construir una demanda mundial por la Paz, se requiere una severa modificación de todas las instituciones multilaterales, con el objeto de cumplir con la Carta que diera origen a la comunidad internacional moderna.

¿Quién necesita esta guerra?

Es claro que la disyuntiva mencionada al comienzo de este artículo, sobre si Ucrania participaría o no en el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, no explica el nivel de enfrentamiento que se desató. ¿Qué tiene en especial Ucrania entonces?

Es preciso tener en cuenta que la Rusia encabezada desde hace más de dos décadas por Vladimir Putin no es el país caótico de Boris Yeltsin, sino que representa un intento sólido por consolidar un proyecto capitalista, autónomo de Estados Unidos y sus aliados, y que busca ser un actor internacional de peso, como lo ha demostrado su comportamiento en la crisis de Siria.

El transcurso de los días muestra que no se trata de una guerra entre estados vecinos, y que a Ucrania le ha correspondido cumplir el burdo papel de testaferro de los Estados Unidos y de la OTAN. La inacción final de EEUU-OTAN le dio la razón a Putin: Ucrania era solo un ariete para minar las capacidades defensivas de Rusia. La "operación especial" rusa desarticuló al instrumento "Ucrania", que fue rápidamente abandonado por occidente. Es sintomático el lamento del presidente de Ucrania, cuando comentó haber llamado a 29 mandatarios de la UE y que nadie le dio respuesta.

Lo que hoy ocurre guarda muchas similitudes históricas con el inicio de la 1ra Guerra Mundial, que enfrentó a las principales potencias capitalistas del mundo, y cuando aún no la URSS. Lo que está en juego es la recomposición de la hegemonía norteamericana en los mercados mundiales, fuertemente afectada por el vertiginoso crecimiento de la economía China y la recomposición de un capitalismo altamente concentrado en Rusia.

Porque, no se puede olvidar que Rusia no es hoy un país socialista. Es un país capitalista a ultranza, donde lo que priman son los intereses económicos propios y la protección de sus propios recursos naturales, que hoy despiertan los apetitos europeos y norteamericanos. La oligarquía rusa, que invirtió grandes recursos en Ucrania, vio afectados sus intereses por la intervención de las multinacionales occidentales, entre ellas quienes producen armamentos, que ven en Ucrania un gran centro de negocios.

Todo parece indicar que, al menos en esta etapa, Rusia le "ganó el quién vive" a EEUU. Desactivó de manera rápida y muy efectiva todo potencial militar ucraniano por tierra, aire y mar, y dejó en ascuas a Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Sin embargo, junto con dejar muy marcada su nueva impronta en el plano militar, asumió el costo que significaba quedar como país agresor, eficientemente explotado por los medios de comunicación. Es de suponer que se trata de un costo calculado y asumido a priori por Rusia.

Será interesante observar la evolución de las sanciones económicas, bloqueo incluido. Rusia ya no es la Rusia de Yeltsin, y cuenta con un poderoso socio comercial: China, país que ha venido siendo objeto de los afanes “imperiales” de los Estados Unidos. Adicionalmente, de singular importancia es la definición adoptará Europa respecto del gas ruso. Si opta por comprar el gas norteamericano, deberá readecuar todos sus canales de suministros, a elevadísimos costos y estableciendo una peligrosa dependencia de EEUU. Esto último, de una u otra forma, desarticula el piso de las sanciones. Europa enfrenta el peligro de que Rusia desvíe sus ventas energéticas hacia China. Sin embargo, dentro de lo posible Rusia debería evitar depender de un solo gran comprador, también por razones estratégicas.

Una guerra que no debió ocurrir.

Esta guerra no debió ocurrir. Es una tragedia donde los principales afectados son los pueblos, tanto ucraniano como ruso, los que están profundamente enlazados por una historia común de muchos siglos. Esta es una guerra entre potencias capitalistas, que buscan una nueva división territorial del mundo, donde se juegan los intereses de las grandes empresas militaristas, que buscan acceso a recursos naturales que permitan consolidar y expandir sus dominios.

Esta es una guerra que no debió ocurrir, porque afecta a toda la humanidad. Hoy la demanda de los ciudadanos del mundo debe ser por restablecer la paz y la instauración de un mecanismo global de solución pacífica de controversias.

En Chile, Piñera no ceja en sus afanes de seguir engañando a la población. Respecto del lamentable conflicto que comentamos, falseando descaradamente los hechos, afirma que Rusia ha violado todos los acuerdos y tratados internacionales, incluidos los acuerdos de Minsk, y subraya que Rusia optó por la guerra y no por el diálogo. Y esto lo dice quién optó por declararle la guerra a su propio pueblo, que levantaba justas demandas sociales. Pasará a la historia como el mentiroso que es.

Desafortunadamente, el presidente electo optó por sumarse a las expresiones de Piñera. Incluso ignorando las reacciones de otros países latinoamericanos, entre ellos importantes vecinos. Ha quedado como un ignorante, al cerrar los ojos a muchos de los hechos descritos en este artículo. Ha tomado una posición claramente sesgada al ignorar las víctimas de las repúblicas separatistas, constantemente bombardeadas con armamento provisto por la OTAN, y sistemáticamente olvidadas por los medios de prensa occidentales. Habrá que ver cómo corrige sus errores desde la presidencia.

ANTONIO RAMIREZ -  ECONOMISTA