«LOS IMPOSTORES»

por Yasna Lewin - Interferencia - 20-8-2922

En la novela El Socio, de Jenaro Prieto, un insignificante corredor de propiedades se hace espacio en el mundo financiero asociándose a un compañero de negocios imaginario, de origen inglés y con supuestas habilidades comerciales muy destacadas. El inexistente socio le permite a su mediocre creador ascender en la escala social y zafar de varios problemas. Parte del atractivo de esta historia es el uso narrativo de una conducta humana recurrente, la de asociarse a una idea, persona o marca prestigiosa para mejorar la propia reputación u optimizar las expectativas de éxito. La estrategia es tan efectiva que admite distintas variantes, desde el infantil amigo imaginario hasta los repudiables impostores. La derecha chilena la usa a menudo. Hace casi dos años, el ex alcalde y candidato presidencial de la UDI, Joaquín Lavín, llegó al absurdo de declararse socialdemócrata, invocando a un socio conceptual inexistente en su proyecto político, pero útil para sortear la presión social derivada del estallido.

La jugada de Lavín fue demasiado absurda, pero su derrota no fue causada por un contendor de la derecha genuina sino al contrario. La victoria en la primaria presidencial del año 2021 la obtuvo el ex demócratacristiano Sebastián Sichel, un forastero adoptado para trascender los límites de su electorado.

El mismo patrón de conducta se repitió al inicio de la campaña en curso, cuando Chile Vamos publicitó sus Diez compromisos para una nueva Constitución, prometiendo que si gana el Rechazo se jugará por un 'Estado Social de Derecho'. Es decir, el justo opuesto del 'Estado Subsidiario' de la actual Constitución, que se reivindica como paradigma de desarrollo en las declaraciones de principios de los tres partidos políticos que suscribieron este acuerdo. "Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros", dice una frase atribuida al comediante Groucho Marx.

Pero junto con inventarse un 'socio conceptual', la derecha se ha hecho de otro asociado estrella: la disidencia de los partidos de centroizquierda que decidió vulnerar las decisiones institucionales de sus organizaciones políticas, para incorporarse a la campaña del rechazo y oficiar como interpósitos, encabezando las distintas operaciones políticas destinadas a favorecer esa opción. El socio de Jenaro Prieto era un personaje verosímil, socialmente aceptado, en cambio un centroizquierdista por el Rechazo es un oxímoron tan burdo como el derechista socialdemócrata; una impostación que cruza el límite de la ética política.

Desde luego la senadora Ximena Rincón y su colega Matías Walker tienen el legítimo derecho a rechazar la propuesta constitucional y expresar públicamente sus razones. Tampoco podría reprochárseles su tránsito ideológico hacia la derecha, de la mano de un grupo minoritario de la desplazada elite concertacionista. El sabio Humberto Maturana decía que cambiar de opinión es un derecho humano.

Pero cuando estos senadores se invisten como 'la centroizquierda del Rechazo', participan activamente en la operación de encubrimiento de la derecha y asumen la vocería de la campaña, no solo extralimitan su libertad de expresión, sino que engañan a sus electores, y retuercen los fundamentos filosóficos de la definición de 'izquierda'. Los senadores de la disidencia DC utilizan una tribuna y ejercen un poder obtenido en virtud de su militancia en los partidos políticos de la centroizquierda real, que no solo están oficialmente por el Apruebo sino que hunden sus raíces históricas en los valores fundantes de la propuesta de nueva Constitución. La distinción entre izquierdas y derechas no es un resabio nostálgico sino, como explica el filósofo y politólogo Nolberto Bobbio, una “díada más vigente que nunca”.

¿Qué es la izquierda (o centro-izquierda)? Partiendo por la distinción obvia de un binomio, es el antagonista de la derecha. No se trata de superioridad moral -ni “diferentes escalas de valores”, por recordar recientes torpezas-; pero los términos son lo que son y no lo que conviene en una campaña.

Históricamente la izquierda es el sector que eliminó los privilegios de la nobleza, procuró la ampliación de la democracia política y social, levantó el principio de la igualdad y bregó por expandir los derechos civiles, políticos y sociales. Es el pensamiento socialdemócrata (centroizquerda) el que inspiró los estados de bienestar avanzados, los derechos humanos de tercera generación y el constitucionalismo europeo del “Estado social y democrático de derecho”.

Volviendo a Bobbio, la distinción entre izquierda y derecha “es la diferente actitud que las dos partes muestran sistemáticamente frente a la idea de igualdad: aquellos que se declaran de izquierda dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad”. El filósofo describe una idea que está impregnada en la propuesta de nueva constitución y en las antípodas de los argumentos que han dado Rincón y Walker para rechazarla.

El plebiscito no se trata de los artículos sobre integración del Consejo de Justicia, leyes de concurrencia presidencial, estados de excepción y otras tantas materias discutibles del proyecto constitucional que, por lo demás, tendrán los quorum asegurados para perfeccionarse. De lo que sí se trata es de una concepción de derechos sociales e igualdad en todas sus dimensiones, derechos que ningún izquierdista, centroizquierdista o socialdemócrata rechazaría.

El pensamiento de la derecha liberal no es moralmente inferior ni superior, pero es lo contrario de la centroizquierda. El problema es que la vocación democrática de esa derecha no emerge cuando se hace acompañar por una derecha conservadora y autoritaria o por el experimento neofacista del Partido Republicano. Y son esas tres identidades las que en la campaña del Rechazo han intentado enconderse tras un grupo pequeño de conversos.

La diferencia con El Socio de Jenaro Prieto es que este le aportaba a su creador credibilidad y confianza. En cambio, la 'centro izquierdo por el rechazo' luce como un grupo de impostores, unos profesionales del engaño que decidieron poner sus rostros para esconder la obra magna del pinochetismo, la Constitución del 80

Yasna Lewin Ruiz- periodista de la U. de Chile Conductora radio U. de Chile