EL TRIÁNGULO DE LA CONCERTA

Por: Cristián Zúñiga | Publicado: 20.04.2023 – El Desconcierto

Esta nueva nave del Estado, con Marcel en la cocina, Tohá resguardando la cubierta y Elizalde en la sala de máquinas, más que amenazar a la generación de nuevos políticos, debería darles la tranquilidad que, navegando en la oscura noche, en océanos plagados de piratas y aún con el capitán distraído, les hará llegar sanos y salvos a puerto.

La imagen de las ministras Jeannette Jara y Camila Vallejo bailando una cumbia al mejor estilo de la ex Presidenta Bachelet, es decir, con ese meneo de caderas que, a estas alturas, podría bautizarse como “el baile de Michelle”, en el contexto de celebración de la promulgación de la denominada ley de las 40 horas, contrastaba con el serio e inmutable rostro de Carolina Tohá, ministra del Interior que, a esa misma hora, aparecía de cara al país para referirse a los atentados a carabineros, confirmar las comunas que serían y no priorizadas con el plan “Calle sin violencia” , y para discutir sobre proyectos de ley que ampliarían las facultades de control policial a extranjeros irregulares.

Por un lado, los rostros del conglomerado de Apruebo Dignidad entregaban buenas noticias y por el otro, una hija ilustre de la Concertación hablaba del combate a la delincuencia y entregaba un listado de inversión pública donde algunas comunas entraban y otras quedaban fuera. El resultado de aquel contraste de escenas significó que, en todas las recientes encuestas, la ministra del Interior apareciera con una desaprobación significativa (en la encuesta Cadem experimenta una baja de aprobación de 17 puntos), mientras que las de Apruebo Dignidad con un repunte en su aprobación ciudadana.

Pero no solo las ministras del Trabajo y la de Secretaría General de Gobierno, ambas militantes del Partido Comunista, fueron beneficiadas con la agenda laboral de las 40 horas. Para el Presidente de la República ha resultado fundamental el escudo de una mujer política que, desde el Ministerio del Interior, ha salido a recibir los abucheos en los velorios de carabineros asesinados y a dar cara por los radicales cambios de convicciones de algunos jóvenes del gobierno que, hasta hace poco, aparecían opinando (y hasta votando) de una manera totalmente distinta a la de este presente donde les toca administrar la nave del Estado.

Es evidente que el liderazgo de la ministra Tohá ha permitido que el Presidente Boric, a pesar de los turbulentos vientos de la agenda de seguridad, esté marcando 30 puntos de aprobación en las encuestas, cifra que, en el mundo actual (salvo en países de líderes autoritarios y populistas), es sinónimo de buenas noticias.

Sin embargo, el gobierno ha tenido serias dificultades para alinear a los suyos en el Parlamento, tal como se evidenció con la fallida Reforma Tributaria y con la increíble perfomance de los parlamentarios de Apruebo Dignidad votando en contra de los planes de seguridad de su propio gobierno. Esta mala perfomance del Ejecutivo en el Parlamento puede llevar no solo a que el gobierno termine resignando su programa, sino que, peor, a agudizar los cánticos de sirenas de parlamentarios que votan inspirados en Bukele, Cristina Kirchner o en su propio ombligo, lo que pudiera significar una aprobación del sexto retiro del 10%, el fracaso de un acuerdo para una nueva Reforma Tributaria o impedir la elaboración de una agenda de seguridad que salga de la histeria policíaca de los matinales y aborde, desde un gran acuerdo país, la batalla contra el crimen organizado y el narcotráfico.

Por lo anterior es que el aterrizaje de Álvaro Elizalde en el gabinete (como nuevo ministro de Segpres) se asemeja a la de un viejo mecánico que llega a la sala de máquinas de una nave que, hasta hace solo un año atrás, se sentía navegando rumbo a un nuevo mundo pluricultural donde no existiría la vieja política, el Senado, ni Carabineros. La llegada de Elizalde, el mismo que presidiendo el Senado asumió la defensa de esa institución ante las amenazas deconstructivas de algunos convencionales, simboliza la política de los acuerdos y del viejo orden partidista, ese donde la gobernanza importa más que esa consecuencia sacada desde cancioneros del canto nuevo.

Y es que esta nueva nave del Estado, con Marcel en la cocina, Tohá resguardando la cubierta y Elizalde en la sala de máquinas, más que amenazar a la generación de nuevos políticos, debería darles la tranquilidad que, navegando en la oscura noche, en océanos plagados de piratas y aún con el capitán distraído, les hará llegar sanos y salvos a puerto.

Eso sí, en un navegar tempestoso donde se perderán equipajes ideológicos, paridades de género y donde más de un pasajero saltará desde la borda gritando que se siente estafado.

Cristián Zúñiga - Profesor de Estado. Vive en Valparaíso.