EL TERROR A LO NUEVO

Luis Cifuentes Seves* - Ex dirigente de la Universidad Técnica del Estado

La elección de la Convención Constitucional ha traído consigo una avalancha de reacciones que van desde la intención de pautear a los 155 miembros electos - aún antes de que se constituyan como cuerpo -, hasta un despliegue de escalofríos e indignación causados por opiniones planteadas públicamente por algunos de ellos.

Partamos por lo más básico: la Convención carece de poder económico, mediático o militar, que son los que determinan quien manda en la sociedad. De eso no tiene nada. Es un cuerpo dotado de una sola atribución: redactar una nueva Constitución para Chile.

Durante su periodo de funcionamiento, ni siquiera por el voto unánime de sus miembros podrá aumentar los impuestos de quienes no los pagan, obligar a los medios de comunicación a transmitir lo que a la Convención (o a su mayoría) convenga, ni reducir la corrupción rampante en las instituciones del Estado.

¿Dónde se originan, entonces, los pataleos, las rabietas, las peroratas ante un público imaginario?

Simple: en el terror a lo nuevo. Claro, pocos de quienes hoy llenan los matinales y los nerviosos reportajes de la prensa se imaginaron que la opción apruebo/convención constitucional iba a rozar el 80% de los votos. Menos aún previeron que la presión multitudinaria forzaría la paridad de género, los escaños reservados y la posibilidad de postular listas de independientes. Y muy pocos creyeron que la derecha ni siquiera iba a ser capaz de elegir su tercio soñado.

Sorpresas nos da la vida, dijo el cantor, y cuánta razón tenía.

La noción de “rodear la Convención” me pareció torpe e innecesaria. No se trata de rodearla, lo que podría interpretarse como una amenaza, sino de cuidarla. De dialogar con sus miembros- todas(os)-, de invitarlos a transparentar su trabajo, de dar cuenta de él a lo largo del país, de responder sus inquietudes cuando estas se manifiesten.

Por otra parte, veo la declaración del grupo “Vocería de los pueblos” como una novedad saludable. Son 34 constituyentes, es decir, un 22% de la Convención, una minoría que tampoco llega al tercio. Por sí solos no pueden imponer nada. Pero pueden hacer meditar al resto. Y de eso se trata. Esta es una tarea que debe ser bien pensada, conversada, pulida y redactada.

Confieso que estas nuevas meditaciones me entusiasman. Y el terror de las elites y sus paniaguados me produce hilaridad.

La actual situación chilena es paradójica. Institucional y constitucionalmente todo sigue igual. Los motivos de la revuelta de octubre de 2019 están en pie o han empeorado. Lo único nuevo, a decir verdad, es un toque de optimismo que anima a muchas chilenas y chilenos.

Las cosas pueden ser mejores y eso depende, en gran medida, de las novedades con las que la Convención nos regale. Ya tendremos la posibilidad de juzgar (ojalá celebrar) su trabajo en el plebiscito de salida. Al final, la decisión será nuestra. Lo que venga después será la restitución de derechos que las mayorías seamos capaces de conquistar en una cancha más pareja.

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*Profesor Titular / Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas / Universidad de Chile.