SOBRE COLORES Y GUERRAS
Por Corporación Cultural Alexander Pushkin. – 22 de febrero - PARA UTE NOTICIAS Desde hace unos días, atendiendo al llamado del comunicador y profesor de literatura, Cristián Warken, ciertas redes sociales han buscado teñirse de color amarillo, al amparo de un manifiesto que han denominado “Amarillos por Chile”. Su postulado central se centra en lo …

Por Corporación Cultural Alexander Pushkin. – 22 de febrero - PARA UTE NOTICIAS

Desde hace unos días, atendiendo al llamado del comunicador y profesor de literatura, Cristián Warken, ciertas redes sociales han buscado teñirse de color amarillo, al amparo de un manifiesto que han denominado “Amarillos por Chile”.

Su postulado central se centra en lo siguiente: “Hoy enfrentamos el peligro de lo que alguien ha llamado «estallido institucional», cuando se vislumbra la posibilidad de que la Convención Constitucional … nos lleve a un callejón sin salida que empuje a muchos de los que votaron «apruebo» a … oponer un «No» a una Constitución que no nos represente a todos”. Firma este documento una extensa lista con los nombres de muchas de quienes son responsables directos de la difícil situación que hoy enfrenta nuestro país, y que hoy declaran no querer “la deconstrucción de Chile, ni su desmembramiento, ni su refundación desde cero, sino un nuevo comienzo que recoja lo mejor que hemos construido todos juntos en estas décadas y mejore de manera eficaz e inteligente lo que haya que mejorar”.

La verdad es que dan ganas de preguntarles ¿No consideran un poco soberbio seguir menospreciando a la gente, esa misma gente que demostró ser muy responsable y comprometida para realizar los cambios que requería Chile y que, además -dato no menor- participó en una elección democrática e informada para realizar los cambios demandados por la ciudadanía?

Quienes escribimos estas líneas somos personas comunes. Tuvimos la fortuna de aprovechar las oportunidades que nos brindó la vida, en especial las que nos ofreció el solidario pueblo de la Unión Soviética. Hoy somos médicos, ingenieros, agrónomos, economistas, técnicos en maquinaria agrícola, historiadores, profesores y lingüistas, muchos de nosotros graduados en la hasta hoy universidad más diversa del mundo, la Universidad de la Amistad de los Pueblos, conocida como la universidad Patricio Lumumba, así como en otros institutos de enseñanza superior.

Entre nuestras especialidades, pediatría, cardiología, medicina general, minería, ingeniería mecánica, química, física, educación, economía, entre muchas otras. Somos personas que hemos dedicado nuestras profesiones al servicio del país, y al sueño de querer siempre que este no sea un país de privilegiados.

Hoy queremos reafirmar nuestra defensa al trabajo de la Convención Constitucional, y no caeremos en la trampa de encajonarlos en el color que ustedes han escogido, principalmente porque ustedes no se merecen representar a uno de los colores que simboliza la vida. Todos y cada uno de ustedes son responsables de la profunda crisis que llevó a los sucesos de octubre 2019, y que tantas víctimas costaron a nuestro país.

Con un desparpajo insólito hablan del “intento de algunas facciones radicalizadas de la Convención de ignorar, e incluso borrar, a una sector político significativo del país (la centroderecha), tal como intentaran hacerlo en la Constitución del 80 los maximalistas de entonces (de signo inverso a los de hoy)…” Llaman “facciones radicalizadas” a quienes hoy representan más de 2/3 de los constituyentes; a quienes hoy en medio de una discusión verdaderamente democrática, en la que también participa la derecha y la centroderecha, construyen los fundamentos de un Chile más democrático. Nuevamente no podemos sino preguntarnos ¿No será como mucho?

La Convención Constitucional fue elegida democráticamente, y forman parte de ella personas que representan el sentir de los más diversos sectores de la población. El único problema, es que el sentir de la población no está del lado de quienes pretenden apoderarse de un color que por naturaleza no les pertenece. Todos los signatarios del documento promovido por Warnken formaron parte de quienes gobernaron por más de 30 años nuestro país, dejando una herencia de corrupción plenamente identificada por la población, llegando al extremo de reinterpretar las leyes, para no parecer tan delincuentes. Tales fueron los casos del “financiamiento ilegal de la política”, la inacción total ante la corrupción de las fuerzas armadas y de carabineros, la colusión empresarial y tantos otros hechos respaldados por varios de quién aún forman parte del poder legislativo. La verdad es que el color para esto no da más allá que negro o gris.

No podemos dejar de expresar nuestra sorpresa por la ruindad con que se pretende comparar a la Convención Constitucional, elegidos democráticamente por la ciudadanía, con los “maximalistas” que escribieron la constitución del 80. La comunidad internacional hace ya muchos años determinó que la dictadura de Pinochet fue una dictadura genocida, que buscaba el exterminio de su propio pueblo. ¿No les parece un tanto grosero, falta de respeto, el comparar a los Convencionales de hoy, con los genocidas de ayer? Afortunadamente, como lo demostraron los sucesos del año 2019, y luego el Plebiscito por una nueva constitución, los chilenos no hemos perdido la memoria.

En realidad, lo que les duele es que la Convención Constitucional esté demostrando cierta independencia, y que no representa para nada los intereses de los amigos de Warnken. Ellos deben entender que son minoría, y si bien la democracia implica necesariamente respetar a las minorías, ello no significa que la mayoría no pueda hacer lo que le manda el voto soberano de la ciudadanía.

La Convención Constitucional es el lugar más diverso, donde se ha comenzado a realizar una nueva política (sin duda con vestigios de la antigua, Vade, por ejemplo), donde los dominantes de siempre no obtuvieron ni el tercio de los votos, y eso los asusta. Los Convencionales son jóvenes, inteligentes, diversos, son seres capaces de equivocarse y corregir sin golpes de estado.

Por cierto, ese es otro tema a destacar porque, como dijera un tal Walker, si esta gente seguía con sus “desaguisados”, habría que emplear un plan B. ¿Se puede usted imaginar cuál podría ser ese plan B? Ud., como persona de letras, lo debe saber bien. La historia de nuestro país ya conoce de esas “alternativas”.

Finalmente, para concluir, volvemos a nuestra formación. Quisiéramos imaginar que Warnken y sus amigos están en contra de la guerra, tal como nosotros. Estudiamos con rusos y ucranianos, hermosas personas, y les aseguramos que ellos tampoco quieren la guerra, y por ello los invitamos a decir no a la guerra. Los invitamos a sonrojarse por vergüenza ajena, de que un país “amigo” de Chile, los EEUU, pretenda “sacar las castañas con la mano del gato”, poniendo sus armas a través de la OTAN en las mismas fronteras de Rusia. ¿Podrían ustedes imaginar algo similar, pero al revés? Entonces, invitamos a todas las personas de buena voluntad, incluido el Sr Warnken y sus amigos, a la gente de todos los colores, a decir NO A LA GUERRA en cualquier parte del mundo. Hoy es Ucrania y Rusia, mañana no lo sabemos.

Corporación Cultural Alexander Pushkin.