Danilo Aravena – Economista - Para UTE-NOTICIAS -09-02-2025
Hoy los medios de comunicación informan que nuevamente vuelve a subir el precio de las tarifas del transporte público. Una nueva alza que ocurre solo a tres meses de la anterior (noviembre 2024). La suma de ambas alzas, eleva el precio del transporte público para adultos en 30 pesos[1]. Los mismos medios destacan que esta alza ocurre cuando la gente se encuentra de vacaciones, por lo que se espera una menor reacción social.
El aumento de los precios del transporte se suma a otros incrementos de precios que la población siente mes a mes, particularmente en bienes de consumo prioritario como son: el pan, el trigo, la leche, la carne de pollo, el yogurt. En los últimos 5 años el precio de los huevos se incrementó en más de 100%, el arroz y el aceite en más de 80%, Los arriendos en más del 70%, en tanto que las bencinas lo hicieron en más del 70%.
Todo ello, mientras a la par se incrementan las ganancias de las grandes empresas. Baste solo un ejemplo: solo el margen de utilidad de las empresas de gas licuado en Chile (Gasco, Lipigas, otras) fluctúa entre 45% y 50%.
Una de las explicaciones que se entregan para el incremento de estas tarifas, es que las tarifas estuvieron congeladas producto del Estallido Social, de la Pandemia y, además, que fueron afectadas por los retiros de fondos de pensiones, que generaron un consumo desmedido. Por este motivo, se indica, es tiempo que los precios se sinceren, trayendo a la realidad presente los costos reales. Los precios de los insumos, se nos explica, se han incrementado permitiendo que suban los costos de diferentes bienes y servicios.
Así las cosas, y observando la subida de los precios en los bienes y servicios sustantivos para gran mayoría de la población, particularmente en aquellos de consumo directo y masivo, es claro que los indicadores de inflación están siendo claramente manipulados a la baja, buscando ocultar una realidad que la población siente en sus bolsillos.
Hace ya algún tiempo atrás, un análisis liderado del Observatorio Económico y Social de la Universidad de La Frontera (OES-Ufro) denominado “Radiografía a la Inflación de alimentos entre enero 2020 (prepandemia) y noviembre 2023”, constataba que solo en ese período el precio de los alimentos había subido un 50%.[2] Esta tendencia solo se ha magnificado con el correr del tiempo.
Mientras tanto, el incremento de los sueldos y salarios, siguiendo los parámetros negociados para el sector público, no alcanza al 4,9%, en un porcentaje que además se entrega fraccionado en tres etapas, siendo la última el 1 de junio de 2025.
En este contexto, el nuevo incremento en las tarifas del transporte significaría que entre un 14%-16% del gasto familiar tendría que dedicarse a este ítem.[3] Si se hace una estimación de qué significa en un ingreso promedio el alza de estas tarifas, podríamos llegar a que el gasto familiar en transporte público fluctúa entre un 14% y un 16% del ingreso total de un hogar de cuatro personas (padre, madre, 2 hijos).
Las comunicaciones oficiales y de prensa agregan que parte del incremento de estas tarifas ocurre porque mucha gente evade el pago del precio del transporte público. Aquí, nuevamente, surgen distintas interpretaciones. El porcentaje de evasión en el metro es considerablemente menor al que ocurre en el transporte terrestre. Sin embargo, las tarifas también suben en este medio de transporte. De otro lado, nada se dice que ese mismo transporte público (de uso público, pero que pertenece a privados, incluidos empresas transnacionales) recibe cuantiosas subvenciones por parte del Estado.
Y sobre todo ello, se insiste en que el aumento de las tarifas es provocado por un fuerte aumento del costo de los insumos.
Antes de continuar, haremos una breve pausa, para explicar qué es una función de producción: En términos simples, es una relación que se establece entre la cantidad de recursos (o factores) que se utilizan en el proceso productivo y la producción que se obtiene con dichos recursos. Dicho de otra manera, la función de producción es un concepto económico que describe cómo una empresa o economía convierte insumos (como mano de obra y capital) en productos finales o servicios. Los principales factores de producción, es decir aquello con lo que se produce, son Tierra (el espacio físico necesario para desarrollar el proceso productivo); Capital (maquinarias, equipos y demás bienes y servicios necesarios para la producción); Trabajo (es decir, la mano de obra que pone en movimiento las maquinarias, transforma los bienes y servicios, para obtener un producto final); y, finalmente, innovación, ciencia-tecnología y/o capacidad de gestión empresarial.
Lo que nadie pone sobre la mesa es que, si suben los precios producto del coste de los insumos, ¿Por qué razón no crecen los salarios de los trabajadores, de la mano de obra, de los asalariados, que forman parte de los factores de producción, y que también requieren pagar por insumos para la recuperación de sus capacidades laborales? Es decir, el costo del factor trabajo también se ve afectado, porque para las personas también crece el precio de los insumos. ¿Y cuáles son los insumos con los que se reproduce el factor trabajo? Pan, leche, carne, legumbres, transporte público para llegar al trabajo, servicios médicos para poder disponer de salud para laborar, educación, por decir solo lo más elemental.
Sin embargo, en términos reales, mientras suben los precios de todos los otros insumos, se contrae el precio del insumo que permite la movilización de las fuerzas productivas del país, es decir, su fuerza laboral, los asalariados.
Alguien se está llevando para la casa el salario de un componente tan importante para la economía nacional como es la posibilidad de reproducción de la fuerza de trabajo. Insistimos, para la reproducción básica, se requiere de alimentos, educación, salud, servicios para el hogar, vivienda, etc. Sin estos elementos es imposible disponer de una fuerza laboral eficiente, productiva.
Los chilenos sabemos quién se está robando todo esto: lo roba el sistema financiero, los bancos, las tarjetas de crédito, se lo roba el comercio… No, no, no incluimos aquí al comercio minorista, sino el gran retail, el comercio controlado por las grandes empresas y grupos económicos. Se trata de las mismas empresas que para su desarrollo recurren a un sistema financiero que les presta los recursos que los chilenos, toda la gente de trabajo, han entregado a las AFP.
Llama la atención que las organizaciones sociales, las organizaciones sindicales poco se refieren a este tema. Muchos de ellos se encuentran comprometidos ciegamente con un Gobierno que poco a poco los ha ido embaucando. Porque lo que es una verdad absoluta es que los principales protegidos de las actuales autoridades, así como por los anteriores gobiernos, ha sido el sector financiero, el gran capital.
Sino baste solo un breve listado de aquellas acciones emprendidas por el presente Gobierno en las cuales, una vez más, se ha pasado por encima de los asalariados: protección de las Isapres, incremento de las tarifas eléctricas, castigos ridículos para los acuerdos de precios de los pollos, los medicamentos, el papel, etc. Un reciente componente de esto ha sido ciertamente la Reforma Previsional, que ha significado que el sector financiero, el gran capital, ha recibido recursos para una nueva gran capitalización, cientos de miles de millones de pesos, generados por los asalariados, pasaran a engrosar las arcas de los principales grupos económicos del país y del capital transnacional.
Lo lamentable es que en esta ocasión, además, ocurre en concomitancia con quienes se dicen protectores de los derechos de los trabajadores, de la clase asalariada.
Vanamente se engañan quienes creen que el incremento de la tarifa del transporte público pasará sin mayores consecuencias.
La rabia se sigue acumulando. Y es una rabia fundada en la angustia, en la desesperación. Pero más que nada en la desilusión y en la importancia de haber sido una vez más objetos del contubernio entre la clase política y el capital financiero, a costas de los derechos de los trabajadores.
[1] Según informa la prensa, en la actual alza no se verán afectados las tarifas de Adulto Mayor Metro Pensionado y Escolar Media y Superior. Pero, en noviembre 2024, el precio del pasaje ya había subido 10 pesos. A partir del 9 de febrero de 2025, la tarifa adulta sería: bus ($ 770), metro ($ 870); pasaje escolar ($ 250).
[2] Ver en https://nucleocienciasociales.ufro.cl/wp-content/uploads/2024/03/RADIOGRAFIA-A-LA-INFLACION-DE-ALIMENTOS-ENTRE-ENE-2020-A-NOV-2023.pdf
[3] Si se hace una estimación de qué significa en un ingreso familiar promedio el alza de estas tarifas, podríamos llegar a que el gasto familiar en transporte público fluctúa entre un 14% y un 16% del ingreso total de un hogar de cuatro personas (padre, madre, 2 hijos). Es un cálculo conservador que solo considera 2 viajes diarios (ida y vuelta)
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