Por Álvaro Ramis – Crónica Digital . 11 de septiembre 2025
José Antonio Kast llega competitivo a la elección presidencial de 2025. Las encuestas lo muestran en empate técnico con la candidata oficialista Jeannette Jara, mientras Evelyn Matthei ocupa un tercer lugar que todavía incide en la ecuación. Sin embargo, la fotografía del momento no asegura la película del desenlace. Kast enfrenta un conjunto de obstáculos estructurales que hacen cuesta arriba el camino hacia La Moneda, especialmente en el balotaje.
El primero es el campo fragmentado de la derecha. Aunque el proceso de inscripción cerró con ocho candidatos en carrera, la presencia de Matthei divide aguas y pone en tensión la transferencia de votos. La centroderecha moderada, que en 2021 ya mostró reticencia a alinearse con Kast, difícilmente entregará un respaldo automático en segunda vuelta.
El segundo es el techo político instalado desde el fracaso del Consejo Constitucional en 2023. La propuesta de Carta Fundamental, redactada bajo mayoría republicana y rechazada por un 56%, dejó una huella: el electorado obligatorio amplió el mapa y mostró que un proyecto demasiado ideologizado no alcanza mayoría. Kast carga con ese antecedente.
El tercer obstáculo, la brecha de género, es quizá el más crítico. El candidato republicano tiene un núcleo fiel entre hombres y evangélicos, pero su debilidad en el voto femenino es notoria. La memoria de propuestas como la eliminación del Ministerio de la Mujer en 2021 sigue pesando. Con voto obligatorio, movilizar nichos ya no basta: hay que conquistar transversalidades.
En cuarto lugar, la aritmética del balotaje. La regla del 50%+1 vuelve a jugar en contra de quienes proyectan imágenes nítidas y polarizantes. El recuerdo de su derrota en 2021 —44,1% frente a Gabriel Boric— funciona como advertencia de lo difícil que es ampliar las fronteras ideológicas sin diluir identidad.
A ello se suma su posicionamiento internacional, anclado a la derecha dura y a referentes como Vox, Bolsonaro y Milei, que consolida una etiqueta de “ultraderecha”. Esa marca le entrega fidelidad en ciertos segmentos, pero le impide proyectar un giro al centro creíble.
Un sexto flanco es la estrechez de su ventana temática. Seguridad, inmigración y corrupción son banderas que hoy lo favorecen. Pero si el gobierno o sus rivales logran mejorar sus propuestas en seguridad, Kast pierde su principal ventaja y quedan expuestos sus evidentes vacíos en economía, salud y educación.
Finalmente, el séptimo escollo: la gobernabilidad percibida. El recuerdo del fallido proceso constitucional y la imagen de un partido incapaz de llegar a acuerdos pesan como un lastre. Sectores moderados temen que un gobierno republicano implique reformas rápidas y polarización al estilo argentino. Sin señales de pactos y respeto a consensos, ese temor puede transformarse en veto.
A lo anterior se suma el déficit de su propuesta económica. Kast no ha logrado instalar un programa convincente en materia de crecimiento, empleo y sostenibilidad fiscal. Su discurso, centrado en recortes del gasto y reducciones tributarias, aparece más como un gesto ideológico que como un plan viable para enfrentar las tensiones de la economía chilena. Además, la agresividad pasiva con que él y su sector suelen tratar al resto del espectro político —mezcla de desdén y negación del adversario— despierta desconfianza sobre su capacidad de articular mayorías estables y acuerdos básicos para gobernar.
En suma, Kast enfrenta un dilema clásico: cómo mantener cohesionado a su electorado duro sin espantar al centro que define toda segunda vuelta. Para ser competitivo necesitaría tres gestos nítidos: garantizar políticas de género que reduzcan la desconfianza femenina, sumar un relato económico-social que complemente la agenda de seguridad, y ofrecer señales claras de gobernabilidad con un Congreso fragmentado.
De lo contrario, Kast es el principal escollo a su candidatura y corre el riesgo de volver a chocar con los mismos límites que ya marcaron su techo en 2021 y en el plebiscito de 2023. Kast puede llegar a segunda vuelta; lo difícil es salir victorioso de ella.
Álvaro Ramis es rector de la Universidad de Humanismo Cristiano
Santiago de Chile, 11 de septiembre 2025 - Crónica Digital
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