LA ESTUPIDEZ POLÍTICA, EL COMPORTAMIENTO DE KAST Y KAISER

EDITORIAL: 18 DE SEPTIEMBRE 2025

La política, entendida como el arte de organizar la vida común, no está exenta de riesgos que trascienden los errores técnicos o administrativos. Entre ellos, uno de los más persistentes y devastadores es la estupidez política. No se trata de la mera falta de inteligencia, sino de una incapacidad estructural para comprender las consecuencias de los actos en el espacio público, “el estúpido es más peligroso que el malvado, porque mientras el malvado actúa en función de su propio interés, el estúpido perjudica tanto a los demás como a sí mismo sin obtener beneficio alguno” .

Estupidez y poder

El poder político amplifica la estupidez. Un error individual puede tener consecuencias limitadas, pero un error de Estado puede marcar el destino de generaciones. La estupidez política, en este sentido, no se define por la ignorancia, sino por la negativa a aprender, escuchar o corregir, la ausencia de pensamiento crítico no solo puede sostener, sino incluso legitimar sistemas autoritarios. Su concepto de banalidad del mal ilustra como la obediencia ciega y la renuncia al juicio racional pueden institucionalizar la violencia.

Platón, en La República, ya alertaba sobre la degradación de la democracia hacia la demagogia, en la cual los líderes manipulan la ignorancia de las masas mediante promesas imposibles. En esta visión, la estupidez política no es un accidente, sino una patología recurrente del sistema democrático.

Formas de la estupidez política

La estupidez política se manifiesta bajo diversas formas que, aunque distintas, comparten un mismo denominador común : la renuncia a la complejidad.

Simplificación extrema. Los problemas estructurales : desigualdad, migración, inseguridad, son reducidos a eslóganes: mano dura, más libertad, menos impuestos. Son  mensajes superficiales que neutralizan la deliberación racional.

Ceguera ideológica. La insistencia en dogmas inmutables, incluso cuando la experiencia los contradice, constituye una forma de estupidez arrogante. Quien gobierna desde la obstinación confunde coherencia con rigidez.

Cortoplacismo. El gobernante estúpido privilegia la popularidad inmediata por encima de la sostenibilidad futura. Así,  políticas irresponsables se disfrazan de pragmatismo, aunque comprometan el bienestar de generaciones .

Estupidez colectiva. No solo los gobernantes pueden actuar estúpidamente. Cuando los pueblos, arrastrados por el miedo o el odio, eligen caminos autodestructivos, la estupidez se convierte en fenómeno social.

La paradoja de la estupidez

Lo más inquietante de la estupidez política es su capacidad para camuflarse de virtud. Se presenta como “sentido común”, patriotismo o defensa de la tradición. Así, la estupidez se legitima y reproduce en discursos oficiales, campañas electorales y prácticas ciudadanas. Esta paradoja la hace más peligrosa que la maldad: el mal suele ser reconocido y combatido, mientras que la estupidez se celebra.

Contra la estupidez, el pensamiento crítico

Si la estupidez en política es estructural, su resistencia requiere una ciudadanía activa y crítica. No se trata de esperar líderes iluminados, sino de cultivar la capacidad de juicio colectivo. La educación, la deliberación pública y la memoria histórica son las herramientas más sólidas contra la estupidez. Allí donde se promueve la reflexión y el debate informado, la política se vuelve menos vulnerable al simplismo y la manipulación.

La estupidez en política no es un defecto anecdótico, sino una amenaza estructural que atraviesa la historia de las democracias y los regímenes autoritarios por igual. Su poder radica en la facilidad con que seduce a gobernantes y ciudadanos bajo la apariencia de lo evidente. Reconocerla, denunciarla y combatirla es una tarea  cívica indispensable. Especial atención con Kast y Kaiser , sus discursos plenos de estupidez.

ANTU