Por Antu - 23 de septiembre 2025 – Para UTE-NOTICIAS
La democracia basada en el voto tiene matices importantes No es solo un contraste entre “democracia” y “no democracia”, sino entre modelos de legitimidad y participación muy distintos.
En las últimas décadas, la democracia en América Latina se ha consolidado principalmente bajo la lógica del voto. Elegimos representantes cada cierto número de años y ese acto se nos presenta como la máxima expresión de la soberanía popular. Sin embargo el voto muchas veces no garantiza verdadera participación ni empoderamiento ciudadano, sino que puede convertirse en un mecanismo de manipulación y legitimación del poder. La democracia occidental actual corre el riesgo de reducirse a un simple ritual de consumo político: los ciudadanos son tratados como clientes que eligen en una “feria electoral” pero cuyas decisiones están condicionadas por discursos, campañas mediáticas y emociones colectivas más que por un debate racional o informado.
En las sociedades hiperconectadas el voto se vuelve y se direcciona por los medios de comunicación como un medio emocional, moldeado por afectos, redes sociales y narrativas mediáticas, la violencia y la delincuencia entre otros. El elector puede sentir que participa libremente, pero su elección está muy influenciada por la psicopolítica, la manipulación afectiva y la economía de la atención.
En occidente la democracia formal donde la legitimidad proviene de la frecuencia de elecciones y la participación, pero la deliberación real es débil , o definitivamente no existe.
En las sociedades que no funcionan con elecciones competitivas pluripartidistas, sino con un sistema de representación única y participación comunitaria a través de asambleas y organizaciones de base. La legitimidad se basa en participación activa, comunitaria, y movilización social, más que en la contabilidad de votos individuales.
No hay comunicación emocional mediática: la política se construye más en relaciones comunitarias, planificación central y compromisos colectivos.
Podemos decir que la manipulación afectiva digital es casi inexistente, la deliberación política es en la base , concepto que no entienden o no quieren entender los que defienden la democracia liberal occidental. No aceptan la deliberación, el pleno conocimiento y la discusión en la base.
El voto como dispositivo de manipulación en América Latina
En la actualidad, el acto de votar ha dejado de ser únicamente una expresión política para transformarse en un mecanismo sutil de manipulación, las sociedades modernas no coaccionan a los individuos mediante la fuerza, sino que los inducen a auto explotarse mediante la psicopolítica, un sistema que aprovecha la información, los afectos y la voluntad para guiar comportamientos de manera casi invisible , el ciudadano ya no es un sujeto pasivo frente al poder, sino un actor hiperconectado que participa voluntariamente de su propia subyugación. En este contexto, el voto se transforma en un “acto institucional”, una expresión de deseo o identidad que muchas veces obedece más a dinámicas afectivas que a deliberación racional.
La sociedad digital produce individuos expuestos a una constante positividad: deseos , acciones y comentarios construyen una economía de la atención que incentiva la visibilidad y el rendimiento. La opinión, convertida en mercancía, circula en burbujas informativas que refuerzan creencias previas y reducen la confrontación de ideas.
Esta dinámica afecta directamente al ámbito electoral: los votantes consumen narrativas simplificadas y polarizadas, donde la toma de decisión deja de basarse en un análisis complejo de políticas y se centra en emociones inmediatas como miedo, enojo o esperanza rápida , “la sociedad del rendimiento produce individuos que se obligan a sí mismos a trabajar y a opinar, sin necesidad de coerción externa”
En América Latina, y en Chile específicamente este fenómeno se evidencia en la elección presidencial de 2021 y en la actual campaña presidencial, José Antonio Kast abusa de la nostalgia por certezas y la promesa de orden se traduce en votos que siguen dinámicas afectivas y mediáticas. Kast explota discursos sobre seguridad, migración y cultura que se viralizaron en redes sociales y medios tradicionales, transformando el voto en una afirmación identitaria más que en un ejercicio deliberativo.
En Argentina, Javier Milei representa la fatiga social frente a la inflación y la percepción de un “sistema corrupto”. Su estrategia de comunicación directa y estética en TikTok, YouTube y Twitter convierte el voto en un acto casi ritual de rechazo y reseteo emocional. En las elecciones de 2023, Milei obtuvo más del 29% de los votos en la primera vuelta, consolidando un electorado que prioriza emociones y símbolos frente a propuestas técnicas complejas , la transparencia total de los datos y la exposición constante de la vida privada generan un sujeto que se gobierna a sí mismo, aceptando su propia explotación” lo cual se refleja en la adhesión masiva a figuras que capitalizan el descontento mediante narrativas simples y la división de la sociedad.
Brasil con Jair Bolsonaro ( hoy condenado a 27 ) años ofrece otro ejemplo paradigmático. La utilización masiva de WhatsApp, YouTube y redes sociales para difundir información selectiva y noticias falsas consolidó una base electoral altamente afectiva. Entre 2018 y 2022, la popularidad de Bolsonaro se sostuvo en torno al 35–40% del electorado, incluso frente a crisis económicas y sociales. La polarización emocional, combinada con mensajes religiosos y culturales, transformó el voto en un refuerzo afectivo de identidad, donde la elección ya no dependía únicamente de la evaluación de políticas públicas sino de la pertenencia a un grupo definido.
Estos casos muestran que la democracia representativa puede ser capturada por la lógica de la psicopolítica: los votantes no son coaccionados por la fuerza, sino seducidos por narrativas que apelan a emociones inmediatas y a la autoafirmación digital. La manipulación se vuelve más efectiva porque los ciudadanos participan voluntariamente de su propia sujeción: comparten, reaccionan y finalmente votan siguiendo dinámicas afectivas predefinidas “el poder ya no está concentrado en instituciones que imponen, sino en redes que persuaden”
La psicopolítica opera dentro de ciertos márgenes: no todos los votantes se comportan uniformemente, y factores estructurales como sindicatos, iglesias, organizaciones comunitarias y economías locales siguen generando contrapesos. Para fortalecer la democracia, es necesario algo más que denunciar la manipulación: se requiere alfabetización mediática, transparencia y mecanismos que fomenten la deliberación informada. Solo así el voto puede recuperar su sentido como decisión consciente y no emocional condicionado por dinámicas de rendimiento y positividad digital.
El voto como mecanismo de manipulación ofrece una lente potente para analizar la política contemporánea en América Latina. Chile, Argentina y Brasil muestran que la política afectiva y la viralización informativa influyen profundamente en elecciones, transformando decisiones electorales en actos de autoafirmación más que en ejercicios racionales de ciudadanía. Recuperar la función deliberativa del voto requiere crear condiciones en las que la reflexión y la conciencia cívica prevalezcan sobre las emociones inmediatas, garantizando que la democracia sea un espacio de decisión informado y no únicamente una plataforma de manipulación invisible.
El voto, en vez de ser un ejercicio consciente de soberanía, a menudo se transforma en un dispositivo de manipulación: se juega con emociones, se explotan miedos y resentimientos, y se construyen narrativas que terminan legitimando proyectos contrarios a los intereses de quienes los apoyan, el voto en sociedades neoliberales no es ejercicio de libertad soberana, sino resultado de técnicas de manipulación emocional y mediática que conducen a que los pueblos voten contra sus propios intereses.
Esto no significa que la democracia no tenga valor, sino que el voto, por sí solo, no basta. Se necesita una ciudadanía más crítica, medios de comunicación responsables y espacios de deliberación real que permitan contrarrestar la manipulación política. Mientras tanto, seguiremos viendo cómo líderes que representan retrocesos en derechos y libertades son elegidos democráticamente, en una paradoja que revela tanto la fragilidad de nuestras democracias como la urgencia de repensarlas más allá del simple acto de votar.
La paradoja del voto contra sí mismo
El triunfo del sistema neoliberal es lograr que los ciudadanos crean que ejercen libertad al votar, cuando en realidad reproduce estructuras que limitan esa misma libertad, la democracia convertida en espectáculo y consumo tiene un reflejo claro en nuestra región: el voto no necesariamente representa soberanía popular, sino que muchas veces legitima proyectos que van en contra de las mayorías que los sostienen.
En Chile, sectores trabajadores apoyan a Kast, un candidato que propone reducir derechos sociales, porque se identificaron más con un discurso de orden y autoridad que con sus propios intereses materiales, hoy se manipulan deseos, miedos y emociones a través de redes sociales y medios. Kast presenta sus programas políticos como “productos” en un mercado electoral. El ciudadano no decide en base a un proyecto colectivo, sino a slogans, marketing y promesas inmediatas, en este esquema, la ciudadanía no ejerce un poder real más allá de legitimar periódicamente un sistema ya configurado por elites económicas y mediáticas.
En una sociedad como la nuestra no negamos la importancia del voto, este acto es insuficiente y hasta engañoso: el verdadero desafío es construir formas más profundas de participación y deliberación ciudadana, que superen la lógica del marketing electoral.
ANTU - Ex dirigente de la Universidad Técnica del Estado
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