SOBRE LA MUERTE ASISTIDA

Por: Agustín Squella. Filósofo, abogado y Premio Nacional de Ciencias Sociales. Ex miembro de la Convención Constituyente.

El Mostrador. 12 diciembre, 2025

¿Dónde si no en el Congreso Nacional y con participación del Ejecutivo deben discutirse y adoptarse las decisiones colectivas o de gobierno? ¿O estas tienen que sucumbir por maniobras de algunos que forman un conjunto tan minoritario como poderoso?

En el muy calculado e insincero discurso que durante la reciente campaña tuvieron los candidatos republicanos y su candidato presidencial desaparecieron los llamados temas “valóricos” sobre los que antes, cuando eran diputados u ostentaban otros cargos, tuvieron opiniones muy dogmáticas respecto de esa clase de temas. Antes decían guiarse por principios y ahora parecen hacerlo por cálculos de conveniencia electoral y lo más probable es que ahora, en caso de ganar la Presidencia, vuelvan a  acordarse de los “principios”.

La base social de nuestro país, es decir, la mayoría, se forma opinión sobre ese tipo de temas y se muestra dispuesta a apoyar los cambios legislativos correspondientes. Esa base social no es mayoritariamente conservadora ni confunde tampoco la moral con la iglesia a que se pertenece ni tampoco con la religión que se profesa. Y al no ser ella una base social conservadora, al menos en esta clase de asuntos, nuestras elites siempre han sido conservadoras hasta en los más diversos sentidos.

Es cuestión de remontarse a hace ya más de un siglo, cuando nuestras elites criollas se opusieron con todas sus fuerzas a leyes como la de matrimonio civil, registro civil y cementerios laicos. Mucho después, en el tiempo de Frei Montalva, se opusieron también a las políticas públicas de control de la natalidad y, más tarde, a la igualdad de derechos de hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio, a la ley de divorcio, a la píldora del día después, a la unión civil, al aborto en tres causales, y así.

Ahora, y desde hace por lo menos 15 años, le tocó el turno a la eutanasia o muerte asistida, puesto que distintos proyectos sobre la materia, uno de ellos ya aprobado por la Cámara de Diputados, duerme hace su buen tiempo en la Comisión de Salud del Senado, donde solo ha recibido aprobación en general, pero sin que el proyecto se moviera un centímetro más allá.

Este año la iniciativa ha recibido urgencia varias veces de parte del Ejecutivo, pero en el Senado no se oye, padre. Se han negado simplemente a legislar y, todavía más, se han rehusado a discutir sobre el texto ya aprobado por los diputados.

Un proyecto de ley sobre una materia como esa divide el parecer moral de las personas, lo cual es perfectamente entendible, mas no por ello tiene que dejarse sin palabra al derecho –es decir, al Parlamento–, negándose en los hechos a continuar la tramitación de una legislación de ese tipo. En nombre del credo de una iglesia o de los postulados de una religión, no es jurídica ni democráticamente aceptable que un cuerpo legal suspenda su tramitación para satisfacción de elites que han sido siempre refractarias al cambio.

Por ejemplo, una vez que fueron aprobadas por ambas Cámaras, la Ley de Divorcio y la llamada Ley de Aborto en tres causales, nadie fue obligado a divorciarse ni a practicarse un aborto en las hipótesis que conocemos. Esas dos leyes se encuentran vigentes, y nadie ha dicho que por ello el país se haya sumergido en las tinieblas morales. Siguen también vigentes las otras leyes mencionadas en el pasado y continúan estimándose como un avance.

Lo mismo, nadie estará obligado a pedir la eutanasia o muerte asistida en caso de que llegue a aprobarse la legislación por la que estamos abogando. Una opinión pública que en el último tiempo ha sido varias veces consultada, lo mismo que el gremio médico, declarándose mayoritariamente de acuerdo.

¿Dónde si no en el Congreso Nacional y con participación del Ejecutivo deben discutirse y adoptarse las decisiones colectivas o de gobierno? ¿O estas tienen que sucumbir por maniobras de algunos que forman un conjunto tan minoritario como poderoso?

¿Aprenderemos alguna vez del pasado o continuaremos torpedeando iniciativas sociales justas solo porque no son del gusto de las elites que se encuentran en el poder?

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