EDITORIAL: 13 DE DICIEMBRE 2025
En los finales de la elección que se aproxima, dado lo hasta acá acontecido, asalta una gran duda, que es la siguiente: ¿Puede un Presidente de la República, una autoridad de esa envergadura, cumplir a carta cabal, con todo su proyecto político con todo su programa, con todas sus ideas, con todas sus intenciones, en el contexto de la democracia liberal, en la cual nos movemos? ¿Se ha hecho usted esa pregunta? Y esto es importante, porque normalmente la campaña se trata de eso, yo le ofrezco algo, usted vota por mí, y yo le cumplo, la pregunta es si ¿puede cumplir? Si está en condiciones de hacerse cargo de la promesa y llevarla a buen puerto.
Lo más probable es que la respuesta sea: NO. Y la razón es el siguiente, nuestro sistema democrático, considera el siguiente protocolo para desarrollar un proceso legislativo, el presidente envía una ley al parlamento, ahí se estudia y se rechaza, se modifica o se aprueba. En este parlamento están justamente los adversarios del presidente, es decir, a los que antes de ser electo los ninguneó, los maltrató, etc. y que él, cree que son personas indeseables. En ese contexto, se podría pensar ¿cuál es la factibilidad de lo que se me está prometiendo? Entonces, se puede pensar que un buen consejo para tomar una decisión de voto, sería ver qué presidente tiene la capacidad de negociar en el parlamento sus proyectos, sobre todo en el que acaba de ser elegido, en que están prácticamente empatados lo que podríamos llamar la izquierda y la derecha. En este escenario la calidad negociadora del o la presidente que venga, es vital para llevar adelante su programa.
Analicemos las dos candidaturas. José Antonio Kast, ha tenido un historial de autismo político, nunca se le ha visto sentarse a negociar sus proyectos, y nadie podría probar lo contrario, ni demostrar que se ha sentado en una mesa a conversar, a dialogar a convencer y ceder con sus adversarios para un determinado proyecto de ley, nada de eso ha ocurrido. Él pretende erigirse como un rey o un dictador con promesas que son populistas, que tienen muy poca probabilidad de llegar a concretarse.
Por el contrario, Jeannette Jara, tiene un historial de justamente de haberse sentado a conversar con la oposición y ha llegado a acuerdos, que pueden no haber sido tan felices para todos, y que nadie puede decir que ha quedado plenamente satisfecho, pero, por lo menos ha demostrado que es capaz de convencer y llegar a acuerdos.
Un sociólogo alemán, hace cosa de un siglo, escribió un ensayo que se llama “La política como vocación” o “La política como profesión” si usted lo quiere ver de otra manera, en el hablaba de dos aspectos, el de las convicciones y el de las responsabilidad en la política, las convicciones son todos aquellos elementos, ideas que posee una persona y por las cuales está dispuesta a morir, intransables. La responsabilidad, la ética de la responsabilidad decía Weber, el sociólogo, es la capacidad que un gobernante, o un político tiene de poner estas convicciones últimas, intransables en un paréntesis para llegar a un acuerdo.
José Antonio Kast, ¿tiene convicciones? Por su puesto que las tiene, muy profundas, convicciones políticas, ideológicas, incluso religiosas. Jeannette Jara ¿tiene convicciones? También, por su puesto que las tiene y muy firmes. La pregunta es ¿cuál de los dos está dispuesto a llegar a un acuerdo? De transar, de “tragarse el sapo” como se dice, para poder avanzar en algo.
José Antonio Kast, ni siquiera fue capaz de ponerse de acuerdo con sus propios aliados, incluso les hizo contra campaña a su gente, a su sector; no fue capaz de llegar con ellos a elaborar un programa común, impuso el de él.
Jeannette Jara, por su parte, teniendo convicciones, se puso de acuerdo con quienes no pensaban como ella, asumió esta responsabilidad, eliminó las cosas que molestaban, que podían llegar a ser un obstáculo, y se puso adelante en una coalición.
Esta es la cuestión que se tiene que decidir este 14 de diciembre. Si queremos un presidente conflictivo, que quiera poner en rumbo de colisión al país, con propuestas inalcanzables, un incapaz de gobernar. O, un presidente con capacidad que abogue por la paz, el diálogo, la cordura. Esa es la disyuntiva, no los programas, todos dicen que van a hacer cosas buenas, el problema es qué tipo de personaje es el que vamos a elegir. Cómo lo vamos a dotar del apoyo para que lleven adelante lo que se está proponiendo.
La elección es suya, debe elegir entre capaces o incapaces, he ahí el dilema.
(Por si no entendió, de lejos, la mayor confianza la da Jeannette Jara).
Nota: Extraído de una publicación de una amigo: Alejando Barrientos.
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