JEANNETTE JARA: DERROTADA EN LAS URNAS, INVICTA EN LA LUCHA
No fue una elección más. No fue una derrota cualquiera. Lo ocurrido con Jeannette Jara en la presidencial no expresa la voluntad libre de un pueblo soberano, sino la eficacia brutal del poder cuando se siente amenazado. Su derrota presidencial no borra su estatura política ni el significado profundo de su candidatura; por el contrario, la inscribe en la larga tradición de quienes se atrevieron a desafiar los cimientos del orden neoliberal.
Su candidatura irrumpió como una anomalía peligrosa en un escenario diseñado para la obediencia. Mujer, comunista, proveniente del mundo del trabajo, con experiencia real de gobierno y sin miedo a nombrar a los responsables de la desigualdad. En un país donde la política se ha reducido a marketing y administración del modelo, Jara habló de conflicto, de derechos, de poder y de clase. Y eso, en Chile, se paga caro.
Durante la campaña, los grandes medios operaron como partido único del orden neoliberal. Se fabricó miedo, se distorsionó su programa, se caricaturizó su historia y se silenció su trayectoria. El mensaje fue claro: quien ose cuestionar los pilares del modelo no será tratado como adversario, sino como enemigo. El resultado electoral es inseparable de ese cerco mediático, parlamentario y económico.
Pero esta derrota deja una enseñanza más profunda. Vuelve a confirmar que en Chile no existe una cancha neutral cuando los intereses del capital están en juego. La democracia funciona con normalidad solo mientras no se discute la propiedad, el trabajo, la riqueza ni el poder real. Cuando esos temas entran en disputa, el sistema muestra los dientes.
Jeannette Jara no retrocedió. No moderó su discurso para volverse “aceptable”. No traicionó al mundo popular para ganar tranquilidad en los mercados. Prefirió perder con dignidad antes que ganar convertida en administradora de la injusticia. Esa decisión, hoy, la separa definitivamente de la política sin principios y la inscribe en la tradición histórica de quienes entienden que la transformación no se negocia, se construye.
Esta declaración no es un consuelo: es una advertencia. La candidatura de Jara demostró que existe una base social dispuesta a ir más allá del consenso neoliberal, pero también dejó en evidencia los límites de la lucha institucional sin un movimiento popular organizado, consciente y movilizado. Las urnas no bastan cuando el poder no se elige.
Hoy el bloque dominante respira aliviado. Cree haber cerrado el paso. Se equivoca. Cada intento de frenar una alternativa popular deja más claro el carácter del régimen que gobierna Chile. Cada derrota como esta acumula experiencia, conciencia y rabia organizada.
Jeannette Jara no es el final de un camino. Es una señal. Una advertencia. Un punto de partida.
Porque las derrotas que duelen al poder son las que anuncian futuras victorias. Y porque la historia no la escriben quienes ganan una elección, sino quienes se niegan a rendirse.
Esta lucha continúa.
CORPORACION SOLIDARIA UTE-USACH
Santiago 21 de diciembre 2025
