MASACRE A LA EDUCACIÓN PÚBLICA CHILENA: ¿PODEMOS HACER ALGO?

Por: Hans Contreras Herrera. Profesor y divulgador educativo

El Desconcierto. 30.12.2025

En una batalla profundamente desigual, la educación pública se tambalea con la guardia baja, mientras el sistema empuja silenciosamente a las familias a buscar refugio en colegios particulares subvencionados y privados. No es una elección libre: es la consecuencia directa de un Estado que renunció a cuidar lo que dijo que era prioridad.

Cada fin de año y a lo largo de todo el país, miles de trabajadores de la educación pasan sus últimos días laborales acompañados de una visita amarga y agraz. Fechas de celebración como Navidad y Año Nuevo se ven empañadas por una sensación de incertidumbre que no solo persiste, sino que, con el acercamiento de las vacaciones, escala y se transforma en una carga psicológica para quienes decidieron, en algún momento de sus vidas, elegir el camino de la educación.

Alrededor de 300 docentes podrían ser desvinculados en las comunas de Lota, Coronel, San Pedro de la Paz y Santa Juana, en la región del Biobío. Así lo publicaban los medios nacionales un día antes de Navidad.

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Y es que todos hablan de lo importante que es la educación para el país, que esto y que lo otro; que bla, bla, bla. En cada programa, en cada discurso, en cada podcast, incluso en cada show de stand-up o rutina de humorista de Viña, siempre sale a la palestra el tema de la educación.

Y es que es imposible que no sea así: si hay algo que tenemos en común la mayoría de los chilenos es que fuimos a una escuela, tuvimos mejores amigos en un curso, nos mandamos alguna embarrada en el recreo o tuvimos un profesor que nos marcó más allá de la clase.

Esa experiencia común que nos une como nación, esa memoria compartida de la escuela como un espacio seguro, bonito y humano que hoy recordamos con tanto cariño, se ve amenazada por decisiones netamente administrativas que reducen algo tan significativo como la educación a números, planillas y ajustes de presupuesto.

Los despidos masivos de educadores a lo largo de todo Chile, sin considerar siquiera su trabajo ni su impacto en la comunidad, pueden ser el último golpe a un sistema educativo público que se tambalea con la guardia baja, en quizá el último de sus rounds.

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Los despidos masivos en las municipalidades, corporaciones y SLEP a lo largo de todo Chile no son solo cifras en un comunicado adornado: son cursos que pierden continuidad, estudiantes una vez más vuelven a empezar de cero, son vínculos que se rompen abruptamente sin ningún sentido.

Porque cuando un docente es desvinculado, no solo se va un trabajador; se va una persona, un ser con sentimientos y lazos que conocía a sus estudiantes por su nombre, que entendía sus procesos, sus historias, sus alegrías y tristezas. Y eso, en educación, no es reemplazable de un año para otro.

En una batalla profundamente desigual, la educación pública se tambalea con la guardia baja, mientras el sistema empuja silenciosamente a las familias a buscar refugio en colegios particulares subvencionados y privados. No es una elección libre: es la consecuencia directa de un Estado que renunció a cuidar lo que dijo que era prioridad.

Y entonces la pregunta no es si podemos hacer algo, sino cuántas veces más estamos dispuestos a mirar hacia el lado mientras se sigue rompiendo lo único que alguna vez nos prometieron que era de todos.

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