Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor – El Mostrador – 02-02-2026
Cuando el diseño consiste en proyectar que ya estás gobernando, el chileno promedio -convertido en un “detractor crónico”- no entiende, y en un acto de egoísmo irracional, se irrita porque las autoridades salgan de vacaciones y abandonen sus funciones. Son los riesgos de jugar adelantado.
José Antonio Kast fue claro durante la campaña y lo ratificó la noche que triunfó en el balotaje: “vamos a gobernar desde el 15 de diciembre”. Y la verdad es que no era una analogía ni un eufemismo. Fue una decisión estratégica diseñada por su entorno, que consistió en crear en la ciudadanía la percepción de que tomaban el control con antelación al 11 de marzo, es decir, tres meses antes del plazo establecido para el cambio de mando.
No me cabe duda de que en esta audaz decisión primaron varios factores: el estado de ánimo que la campaña de la segunda vuelta logró captar en un elector cansado de la delincuencia y la migración ilegal, la contundente votación lograda -58%-, y por supuesto, las altas expectativas que se generaron en la ciudadanía.
Tan en serio se tomó el presidente electo y su equipo -donde Cristián Valenzuela habría cumplido un rol crucial- esto de dar la impresión de estar gobernando en paralelo a Boric que, en menos de 48 horas, Kast estaba en Buenos Aires con una delegación empresarial encabezando una reunión bilateral con Javier Milei.
De ahí en adelante, las múltiples actividades de José Antonio Kast se tomaron por completo la agenda pública, desplazando a Gabriel Boric y su gobierno: reuniones con expresidentes, gremios empresariales, alcaldes, autoridades sectoriales, entrevistas en distintos medios de prensa y también viajes a Perú, República Dominicana, Panamá, El Salvador y pronto Europa, dando una señal clara de que Kast será un presidente viajero, como Milei.
Y por supuesto, la gran apuesta. Entregar por goteo el futuro gabinete, y hacer partícipe de este proceso a la Oficina del Presidente Electo (OPE) como si fuera un show en directo, un reality. Por primera vez, desde 1990 -largos 36 años- que un presidente electo no tenía una participación de esta magnitud en los meses previos a asumir.
La idea era estar haciendo noticia a diario, de lo que fuera, arrebatándole el protagonismo a Boric, incluyendo el desfile de algunos postulantes por la OPE. Recordemos que la tradición de todos los presidentes previos fue siempre mantener un cuidadoso bajo perfil durante la transición del verano, de manera de guardar los cartuchos para después del 11 de marzo.
¿Qué se estilaba? Los mandatarios electos se refugiaban en algún lago o playa del sur, definiendo sus colaboradores más cercanos, con total hermetismo durante enero, para anunciar el gabinete a fines de ese mes y volver a las vacaciones. De más está decir que el que se movía no salía en la foto; o sea, quienes se promocionaban o se mostraban en exceso, quedaban automáticamente descartados. En cierta forma, había un pacto implícito de dejar al presidente que se despedía gobernar sobre aguas calmas durante el verano.
Gabriel Boric se dio cuenta de la estrategia del recién electo y comenzó a subir el tono, hasta lograr revertir la asimetría que se estaba registrando, principalmente en la prensa. Tanto fue así, que incluso la civilizada relación que tuvieron al comienzo el mandatario entrante y el saliente se resintió.
¿En que consistió la estrategia implementada por Kast durante el mes de enero? Durante las dos primeras semanas, el futuro presidente se encargó de bajar las expectativas, haciendo un giro en el relato. Pasó del “vamos a terminar con la delincuencia o la migración ilegal” al “júzguenme por el esfuerzo y la energía que vamos a imprimir”, “no existen milagros” y otras frases que relativizaban el discurso de blanco y negro de la campaña. También se abandonó el tono de un país que se caía a pedazos y se detuvo el contador inverso, ese que le advertía a los migrantes ilegales, “les quedan xx días para salir de Chile”. Además, anunció que se iría a vivir a La Moneda como señal de austeridad.
Sin embargo, pronto comenzarían los primeros choques con la realidad. El presidente de Perú cerró la puerta a la idea del corredor humanitario que JAK le fue a plantear; comenzaron las críticas en RRSS por el no cumplimiento de la promesa de 2021, en la que el candidato prometió que si salía electo se bajaría el sueldo a la mitad; hasta coronar, a mediados de mes, con el quiebre con los libertarios, quienes se excluyeron del futuro Gobierno.
En paralelo, José Antonio Kast siguió participando de múltiples encuentros, incluso llegando a anunciar frente a un auditorio de empresarios a Jorge Quiroz como su futuro ministro de Hacienda, un hecho totalmente inédito en la historia de la política chilena.
El 20 de enero -antes que lo habitual en comparación con otros mandatarios electos- José Antonio Kast anunció su gabinete, que incluyó el bochornoso episodio del casi ministro de minería, Santiago Montt, quien, por cierto, habría sido una de las cartas más fuertes del gabinete.
Y, por lo visto, la instrucción de la OPE fue que los futuros ministros podían empoderarse como tales desde ese momento, dando entrevistas y opiniones con muy poco filtro. Una decisión poco afortunada que le trajo el primer mal rato a quien será la vocera del gobierno. Solo un par de días después, el UDI Claudio Alvarado, quien encabezará Interior se mostró algo confundido a la hora de responder una pregunta de Tomás Mosciatti, relacionada con la expulsión de migrantes ilegales. A continuación vino Poduje, que le advirtió a los alcaldes (agrupados en la ACHM) que aquellos que pensaban en proteger más a los árboles que a las personas “nos vamos a enfrentar”. Por cierto, Poduje logró provocar a un mundo ambiental, que había estado completamente ausente de la agenda.
También, cuando se gobierna “como si ya estuvieran” en La Moneda, y se utiliza una estrategia comunicacional de en vivo y en directo, comienzan a notarse los tropiezos, como el de anunciar que se publicarían los listados de subsecretarios y delegados, para luego tener que postergarlos. ¿La interpretación del ciudadano común? “algún problema tendrán”, “los partidos están presionando”, etc. Sin duda, un error auto infligido.
Y aunque las encuestas mantienen una alta valoración del futuro gobernante, en solo una semana el índice de optimismo respecto de cómo le irá a Chile con Kast bajó seis puntos. Tampoco le fue bien en el mismo sondeo, con la evaluación del futuro gabinete. Al 42% le pareció bien y al 42% le pareció mal, muy por debajo de los gobiernos de Piñera y Boric antes de empezar.
Así las cosas, creo que la estrategia de jugar adelantado; es decir, proyectar la sensación de estar ya instalados en La Moneda ejerciendo el llamado “gobierno de emergencia” fue una decisión audaz, pero errática, ya que han saturado la agenda antes de tiempo, perdiendo un factor clave: la novedad.
Precisamente ese era el objetivo del “Desafío 90”: mostrar un programa macizo con un golpe de efectismo. Qué más claro que lo ocurrido al comienzo de los incendios. En el punto de prensa entre Boric y Kast el Presidente electo tuvo que aclarar lo obvio, que ellos aún no estaban en el gobierno, como una forma de desligar responsabilidades, pero principalmente, disolver la confusión.
Me imagino que en la OPE estarán pensando en cómo recuperar el efecto novedad para hacer más atractiva la oferta que lanzarán el 11 de marzo. De seguro optarán por enviar de vacaciones durante febrero a varios futuros ministros -o al menos les pedirán que eviten las entrevistas-, incluyendo las dos semanas en que José Antonio Kast se refugiará con su familia en el lago Llanquihue para descansar después de la intensa campaña que vivió en 2025 y el agitado mes de enero.
¿El problema? Cuando el diseño consiste en proyectar que ya estás gobernando, el chileno promedio -convertido en un “detractor crónico”- no entiende, y en un acto de egoísmo irracional, se irrita porque las autoridades salgan de vacaciones y abandonen sus funciones. Son los riesgos de jugar adelantado.
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