CUBA Y EL VOTO: LA DEMOCRACIA QUE EL PODER QUIERE BORRAR

Por ANTU -  para UTE-NOTICIAS  -  05-02-2026

El ataque permanente contra la democracia cubana no es un error de análisis: es una operación política consciente. Se trata de desacreditar, por todos los medios posibles, una experiencia histórica que desafía el dogma central del capitalismo contemporáneo: la idea de que no puede existir democracia fuera del mercado, del dinero y del tutelaje imperial.

Desde esa lógica, Cuba debe ser presentada como una anomalía, una “dictadura”, un “régimen”. No importa cuántas veces vote su pueblo, no importa cuántos mecanismos de participación existan, no importa cuánta legitimidad social sostenga el sistema político. Si no hay alternancia entre administradores del mismo modelo económico, entonces —según el catecismo liberal— no hay democracia. Esa es la trampa.

En Cuba, el voto no es una farsa ni un espectáculo mediático. Es precisamente por eso que incomoda. No hay campañas financiadas por bancos, no hay partidos comprados por grandes empresas, no hay promesas vacías dictadas por encuestas. No hay candidatos fabricados por agencias de marketing político. Hay vecinos eligiendo a vecinos. Hay comunidades proponiendo representantes. Hay control social real, rendición de cuentas y revocabilidad. Eso, para las élites, es intolerable.

El sistema electoral cubano nace desde la base social, no desde cúpulas partidarias ni directorios empresariales. La democracia liberal, en cambio, funciona al revés: el poder económico decide y el pueblo ratifica cada cuatro años lo ya decidido. En ese esquema, el voto es un acto pasivo; en Cuba, es parte de un proceso político continuo, no de una delegación suicida de soberanía.

Se acusa a Cuba de tener un solo partido, pero se calla que en las llamadas “democracias plurales” los partidos son, en lo esencial, fracciones de una misma clase dominante. Cambian los nombres, cambian los rostros, pero el modelo no se toca. Privatización, extractivismo, subordinación al capital financiero, obediencia geopolítica. Eso sí que es partido único: el partido del capital. Ese es el discurso permanente de los partidos de derecha y lo difunden por sus medios de comunicación..

El Partido Comunista de Cuba no compite en elecciones ni reparte cargos como botín. No es una maquinaria electoral, sino un instrumento político-ideológico de conducción histórica. La soberanía no se mide por el número de siglas en una papeleta, sino por la capacidad efectiva del pueblo para decidir sin imposiciones externas. Y eso es precisamente lo que Cuba defiende.

Todo este debate, además, está deliberadamente amputado de su contexto real: un bloqueo criminal de más de sesenta años, una guerra económica diseñada para rendir por hambre a un pueblo entero. Exigirle a Cuba que funcione bajo estándares abstractos mientras se la asfixia financieramente es una obscenidad moral. Ninguna democracia liberal ha sido sometida a un castigo semejante y sobrevivido sin convertirse en un Estado policial. Cuba, en cambio, ha resistido sosteniendo participación, organización popular y soberanía.

Por eso el voto cubano es profundamente subversivo. No legitima al capital, no legitima al imperio, no legitima la desigualdad estructural. Legitima un proyecto colectivo que, con todas sus tensiones y dificultades, ha decidido no arrodillarse. Y eso es imperdonable para el orden mundial.

La pregunta real no es si Cuba cumple con los estándares de la democracia liberal. La pregunta es por qué la democracia liberal necesita negar, atacar y sabotear cualquier alternativa que no controle. Cuando el dinero manda, cuando los medios manipulan, cuando los pueblos votan pero no gobiernan, estamos frente a una democracia vaciada, domesticada, funcional al poder.

Cuba no es perfecta. Ningún proceso histórico vivo lo es. Pero posee algo que las democracias del mercado han perdido por completo: coherencia entre soberanía popular, proyecto político y dignidad nacional. Y por eso se la ataca. No por lo que le falta, sino por lo que demuestra.

Defender el derecho del pueblo cubano a su propio sistema político no es propaganda: es una posición democrática radical. Todo lo demás —las campañas de demonización, las mentiras repetidas, el silencio cómplice sobre el bloqueo— es miedo. Miedo a que los pueblos descubran que la democracia puede existir sin capital, sin imperio y sin permiso.

Ese es el verdadero crimen de Cuba. Y también su mayor aporte histórico.

ANTU – Ex dirigente de la UTE.


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