Crónica Digital. 13 febrero, 2026
Cada 13 de febrero, Chile conmemora el Día Nacional de la Prensa, fecha en que se rinde homenaje a la aparición del primer periódico del país, la “Aurora de Chile” en 1812. A la luz de la realidad actual del periodismo y las comunicaciones en el país, pareciera apropiado revisar el carácter y orientación de ese medio fundado por Fray Camilo Henríquez González.
La “Aurora de Chile” fue, en el sentido más estricto, un periódico revolucionario. No solo porque emergió para acompañar un proceso de cambio, la Independencia de Chile, sino porque su mera existencia y mensaje buscaban subvertir el orden establecido.
Para la época, sostener que el rey no tenía derecho divino a gobernar era profundamente subversivo. Camilo Henríquez utilizó el periódico para divulgar conceptos considerados “heréticos” o “sediciosos” por el poder colonial. Pasar de ser “vasallos” a ser “ciudadanos” era un giro copernicano en la sociedad chilena de 1812.
Un año antes, había redactado la Proclama de Quirino Lemáchez, seudónimo que era un anagrama de su nombre, con el objetivo de promover hombres de ideas independentistas en las elecciones para elegir el Primer Congreso Nacional, convirtiéndose en uno de los primeros y más importantes ensayos revolucionarios que promovían la independencia de Chile. Señalaba: “Vosotros no sois esclavos: ninguno puede mandaros en contra de vuestra voluntad. ¿Recibió alguno patentes del cielo que acrediten que debe mandaros? La naturaleza nos hizo iguales, y solamente en fuerza de un pacto libre, espontánea y voluntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y razonable. Mas no hay memoria de que hubiese habido entre nosotros un pacto semejante. Tampoco lo celebraron nuestros padres […] Estaba, pues, escrito, ¡oh pueblos!, en los libros de los eternos destinos, que fueseis libres”.
Antes de la “Aurora de Chile”, el conocimiento y las noticias estaban controlados por la burocracia española y la Iglesia. Ello se rompe en el período en que el Libertador José Miguel Carrera era el Presidente de la Junta Provisional de Gobierno. Los independistas chilenos intentaron comprar una imprenta a la Junta revolucionaria de Buenos Aires, pero ello no prosperó tras la muerte de Mariano Moreno. Finalmente, el 24 de noviembre de 1811, el sueco–estadounidense Mathew Hoevel, un partidario de la soberanía popular, desembarcó en Valparaíso con una imprenta, trabajadores gráficos estadounidenses y armamento para abastecer a las tropas independentistas. Estos impresores, entre los que estaba Samuel Burr Johnston, se pusieron a trabajar en la publicación de la “Aurora de Chile”.
El primer número del periódico se publicó rápidamente en febrero de 1812, bajo la dirección de Camilo Henríquez , quien no solo fue el primer editor de la primera publicación periódica de Chile, sino también el primero que defendió públicamente la independencia de Chile. De hecho, permitió masificar la propaganda y las ideas independentistas. En este sentido, creó “opinión pública” y obligó a las personas a tomar postura: patriota o realista.
Fue la primera publicación en introducir a los lectores de Chile a las filosofías revolucionarias de la Ilustración (Jean–Jacques Rousseau, Montesquieu, Voltaire y otros), que inspiraron los escritos de Henríquez. En escritos de Manuel de Salas, Juan Egaña, Manuel José Gandarillas y Antonio José de Irisarri, guatemalteco, la “Aurora de Chile” defendió los principios de la soberanía popular, el autogobierno y la separación de poderes. También fue el vehículo del agudo ingenio y los comentarios críticos de Camilo Henríquez sobre la monarquía.
En la edición N° 17 del 4 de junio de 1812, Henríquez escribió: “Comencemos declarando nuestra independencia. Ella sola puede borrar el título de rebeldes que nos da la tiranía. Ella sola puede elevarnos a la dignidad que nos pertenece, darnos aliados entre las potencias, e imprimir respeto a nuestros mismos enemigos; y si tratamos con ellos será con la fuerza y majestad propia de una nación. Demos en fin este paso ya indispensable; la incertidumbre causa nuestra debilidad, y nos expone a desordenes, y peligros”.
Su lenguaje no era informativo: tomaba abierto partido por la independencia con evidente sentido insurreccional. Estaba llamando a la formación de un nuevo Estado.
La reacción de las autoridades españolas y de los sectores realistas (fieles a la Corona) fue de absoluto escándalo y contraataque. Para ellos, la “Aurora de Chile” era un virus ideológico que debía ser erradicado. Los realistas acusaban al periódico de difundir ideas “heréticas” y “francesas” (en alusión a la Revolución Francesa).
Cuando se produjo la Reconquista Española tras la Batalla de Rancagua (1814), poseer un ejemplar de la “Aurora de Chile” se convirtió en un delito grave. Muchos patriotas tuvieron que quemar sus colecciones o esconderlas en las paredes de sus casas para así evitar ser arrestados o fusilados por “sedición”.
Aparte de su relación con José Miguel Carrera, Manuel Rodríguez y Camilo Henríquez compartieron una perspectiva revolucionaria común. Ambos formaban parte del ala más radical de los patriotas, influenciados por las ideas de la Ilustración y la necesidad de una independencia total de España y el establecimiento de una República.
La “Aurora de Chile” no era solo un periódico; era un grito de guerra de la emancipación chilena. A diferencia de otros movimientos internos que aún juraban fidelidad a Fernando VII, el periódico dirigido por Fray Camilo Henríquez promovió la idea de que Chile debía ser una nación soberana y que el sistema colonial estaba agotado.
Se publicó semanalmente durante más de un año y en cada uno de sus 58 números expuso un categórico pensamiento revolucionario independentista. El periódico llegó a convertirse en un símbolo del proceso de la Independencia. Su primer director, fray Camilo Henríquez, es el padre del periodismo nacional, no por simular neutralidad, sino tomando una posición clara por la soberanía popular y la libertad de los pueblos.
Ese legado estamos llamados a defender.
Crónica Digital.
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