¿POR QUÉ AYUDAR A CUBA?

Por Antonio Ramírez – Para UTE-NOTICIAS  - 15 de Febrero 2026

El año 1952 llegó al poder en Cuba el dictador Fulgencio Batista, mediante un golpe de estado que suspendió todas las garantías ciudadanas, incluyendo el derecho a huelga, y estableció una dictadura corrupta, represiva, de una extrema pobreza y desigualdad social. Era una dictadura que contó desde sus inicios con el fuerte apoyo de los Estados Unidos, tanto en lo económico como en lo político.

El apoyo norteamericano a Batista se explicaba por el profundo anticomunismo expresado por el dictador durante la guerra fría, y la necesidad de mantener el control sobre una isla que revestía una importancia militar clave. Además, los intereses económicos norteamericanos eran muy grandes en la industria azucarera, la minería y los servicios públicos, además de ser un centro turístico y de juego controlado por la mafia norteamericana.

La revolución cubana se concretó el 1° de enero de 1959, en un país agobiado por la miseria, de la mano de un grupo de revolucionarios que querían un mejor destino para su país. Su principal efecto fue la transformación de la economía y la recuperación de las principales riquezas para el país, destacando una reforma agraria que eliminó los latifundios, muchos de ellos en manos de extranjeros; una rebaja sustantiva de los arriendos y de los precios por servicios públicos, para aliviar las penurias de la población de menores ingresos; la creación de tribunales revolucionarios, llamados a poner fin a un sistema judicial totalmente corrupto y lacayo de los intereses de los grandes empresarios, además de someter a juicio a los funcionarios del régimen batistiano responsables de crímenes contra los ciudadanos de Cuba; la nacionalización de la banca y del comercio exterior, afectando principalmente intereses norteamericanos; se dio inicio a la transformación de los cuarteles militares en escuelas y se abrió paso a la universalización de los servicios de salud y educación.

La profundidad de estas transformaciones tuvo como inmediata reacción el establecimiento de un sitio permanente de la isla por parte de Estados Unidos, caracterizado por un implacable bloqueo económico, fallidas invasiones, cientos de atentados, incluidas expresiones de guerra biológica. Y esto dura ya casi 67 años.

Durante todo este tiempo, el régimen cubano avanzó de manera sustantiva en la profundización de un sistema democrático donde los trabajadores, encabezados por la clase asalariada, tomaron en sus manos los medios de producción, para decidir sobre los destinos de la riqueza social, ejerciendo su soberanía sobre todos los aspectos de la vida política.

Este desarrollo de la democracia cubana no ocurre al amparo de las mismas reglas que, en otros países, han permitido el funcionamiento de una economía neoliberal donde el Estado, dominado por los principales grupos económicos y sus medios de comunicación, es utilizado como un benefactor de esos mismos grupos y en un pilar de ayuda para fortalecer la explotación de los asalariados. Un ejemplo claro de esto lo da en estos días la Argentina de Milei donde se inicia la eliminación “democrática” de los derechos de los asalariados.

Los efectos de las transformaciones realizadas por el Estado cubano son reconocidos por la gran mayoría de los países, lo que se ha reflejado en la demanda sostenida de los países en Naciones Unidas por terminar con el bloqueo norteamericano a la isla, y reflejan los principales objetivos con los que la revolución se comprometió con sus ciudadanos: salud, educación, seguridad social, trabajo, propiedad social sobre los principales medios de producción.

En un contexto de una permanente guerra económica por parte de Estados Unidos, el Estado cubano ha contado con una significativa ayuda internacional, para enfrentar los problemas más urgentes. Muy importantes en su historia fueron las ayudas prestadas por la Unión Soviética, hoy por Venezuela y China, que ayudaron a la construcción de un nuevo sistema económico.

Uno de los problemas generados por esta permanente guerra económica, así como por sus componentes militares y de espionaje, es que el Estado cubano durante 67 años ha debido mantener a todo su aparato público y militar, a sus organizaciones sociales, y a todo su sistema productivo en condiciones de guerra permanente. Otro de los problemas radica en que, por su extensión, esta guerra ha sido casi “normalizada” por el mundo entero, llevando a un siniestro olvido de sus consecuencias y efectos sobre la vida de toda Cuba. Pero, a pesar de ello, el país ha logrado desarrollar la participación popular y ciudadana, así como preservar los principales logros alcanzados y que han beneficiado a todos los cubanos: educación, salud, vivienda, seguridad social, trabajo.

Cierto es que esto ha tenido un elevado costo para cada cubano y para el país en su conjunto. Pero, no se debe olvidar que esto es resultado de la permanente guerra impuesta por los Estados Unidos. No se trata de la mala gestión del Estado cubano, aunque ciertamente son innegables innumerables deficiencias, pero que no disminuyen las principales conquistas alcanzadas. Se trata de que ya durante 67 años el país ha desafiado la guerra impuesta por el imperio, defendiendo su soberanía y su derecho a definir su propio futuro sin injerencias desde el exterior.

La propaganda neoliberal ha impuesto sus “verdades” sobre Cuba, ocultando el estado de guerra permanente, y propiciando una imagen de un país sometido a una dictadura, buscando asimilar las condiciones de emergencia económica (provocada por esa guerra permanente) con la dictadura de Pinochet. Esta verdadera penetración de la ideología de guerra alcanza incluso a sectores progresistas que, ignorantes de esta realidad descrita, se suman alegremente al coro de quienes suman al Estado cubano a los universos dictatoriales.

La cuestión de si Cuba es una dictadura o una democracia no puede responderse a partir de las definiciones que las clases dominantes han hecho del concepto “democracia”. Tampoco puede responderse ignorando la historia ni el presente. El socialismo es, por definición, la profundización sustantiva de la democracia. Sin embargo, el socialismo no surge al día siguiente de ocurrida la toma del poder. El socialismo es resultado del proceso de transformaciones que cubren todos los aspectos de la vida económica, política y cultural de la sociedad.

Este proceso puede ser más rápido o demoroso según sean las condiciones existentes tanto en el plano interno como externo. En Cuba, luego de derrotada la contrarrevolución interna, el problema central ha radicado en la guerra no declarada por parte de Estados Unidos, consumiendo recursos internos, negando el acceso al comercio internacional y privando al país de numerosos instrumentos para permitir su desarrollo. Un ejemplo dramático de ello es hoy el renovado bloqueo impuesto por el gobierno de Donald Trump.

El ayudar hoy a Cuba es ayudarnos a nosotros mismos. Ayudar a Cuba es defender el derecho de nuestros países a defender sus propios destinos y derecho a la autodeterminación. Ayudar a Cuba es defender hoy el derecho de nuestros pueblos a construir sus propias sendas hacia la democracia.


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