Sascha Cornejo Puschner Doctor en Etnología por la Universidad Humboldt de Berlín (IFEE-HU). Miembro fundador del colectivo de investigación decolonial Decoco. – El Desconcierto – 21-02-2026
El discurso de Rubio nos demuestra que la colonialidad del poder, como particular sistema de dominación caracterizado por Aníbal Quijano, está más viva que nunca, y que una Europa nostálgica de su disipado poder imperial, lejos de resistir esta narrativa decadente, parece dispuesta a subirse al carro de la (auto)destrucción que los jinetes del apocalipsis gringos están dispuestos a infligir al mundo. Pues, ¡mucha suerte!
Resulta difícil no sentir vértigo, mezclado con cierto asco, ante la velocidad a la que las noticias nefastas se multiplican cada semana, sobre todo las relativas a las políticas internacionales que emanan de Occidente. He aquí nuevamente un pequeño recuento de la decadencia imperial, en plena preparación de guerra contra Irán, con la ayuda de sus lacayos europeos. Ya está claro, el imperio va a morir matando y vasallos no les faltan.
De hecho, la actualidad nos regaló otra muestra de cómo el viejo colonialismo es capaz de reinventarse, con el discurso del Secretario de Estado Marco Rubio, en la conferencia de seguridad de Múnich junto a la creme de la creme de la élite atlantista europea.
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En este discurso, Rubio no solo culpaba a los inmigrantes de la decadencia europea y hablaba de una reindustrialización conjunta entre Europa y Estados Unidos, sino que también alababa con evidente nostalgia imperial el tiempo colonial, cuando el occidente aún se expandía por el globo, trayendo “prosperidad” y “civilización” al mundo de los bárbaros. Pero después de 1945, dice Rubio, la debilitada Europa de post-guerra fue golpeada por comunistas ateos y movimientos decoloniales.
Ahora, continúa Rubio, habrá que hacer frente “juntos” a esta decadencia. Rubio hace un llamado no solo de nostalgia al viejo cuño colonial del siglo XIX, sino más bien una declaración de reagrupamiento de esas viejas potencias postcoloniales, a la vez que le declara la guerra contra todos quien no se alineen con la política imperial. Un claro mensaje al Sur Global y a las potencias reunidas en los BRICS. El discurso estaba cargado de nostalgia imperial. Como era de esperar, el discurso de Rubio fue recibido con ovaciones por el público de vasallos europeos.
El comentarista geopolítico Ben Norton decía en “X”: “Lo que el imperio estadounidense está haciendo ahora con Gaza, Venezuela y Cuba es lo que le espera a la mayoría de la humanidad, y las élites europeas lo aplauden con entusiasmo”.
Ya sabemos que no se puede esperar mucho de Europa con esos líderes al mando y una población indiferente, acobardada y acomodaticia. En Alemania continúa el desvergonzado apoyo al genocidio en Gaza por parte de políticos alemanes ahora haciendo turismo en una Gaza completamente en ruinas. Mientras que importantes artistas, en vez de ocupar su influencia para decir las cosas por su nombre, prefieren callar.
Como es el caso del director alemán Wim Wenders, quien, durante la rueda de prensa del festival de Cine Berlinale, fue confrontado con la pregunta sobre el genocidio en Gaza. Wenders respondió que este festival no era “político”, contradiciendo lo que este mismo señor dijo hace algunos años. Esto provocó la reacción de la escritora india Arundhati Roy, quien canceló su visita al festival en protesta por estas increíbles declaraciones.
Mientras tanto, Alemania estrecha lazos con Israel y, en el país, se continúa con la represión de la protesta propalestina, con evidentes prácticas de censura que hace poco fueron declaradas anticonstitucionales en Alemania y en Inglaterra. Mientras tanto, la clase política, junto a organismos de la sociedad civil, no escatiman esfuerzos por negar el genocidio en Gaza, como lo ha denunciado el Instituto de Estudio de Genocidio Lemkin. Esto es un hecho particularmente preocupante en un país donde negar el Holocausto puede ser penado por ley.
A eso se suma la presión ejercida por los gobiernos aliados de Israel, Francia, Inglaterra y Alemania que exigían la dimisión de la valiente relatora especial de la ONU, denunciadora del genocidio en Gaza, Francesca Albanese, debido a un video evidentemente manipulado. La postura de estos gobiernos en sus ataques a Albanese demuestran una vez más la hipocresía y falta de honestidad, sin siquiera ser capaces de verificar la veracidad del video. Pero la verdad ya “valió madre”. Esto es una maldita guerra, nos guste o no.
Escribía Yanis Varoufakis, sobre esto: “Hoy en día, los detractores de Francesca Albanese, aquellos que buscan proteger a Israel de sus críticas bien documentadas, objetivas y legítimas, tratando de que la despidan o forzándola a dimitir de su cargo de relatora especial de la ONU, no entienden una cosa: ¡Francesca NUNCA se detendrá! Seguirá denunciando los crímenes de Israel, sea o no relatora especial de la ONU. Mi mensaje para ellos es sencillo: Francesca Albanese puede tener aún más éxito a la hora de sacar a la luz el genocidio de Israel si le quitan su cargo en la ONU. ¡Cuidado con lo que desean!”.
Pero mientras que el genocidio en Gaza continua e Israel prepara la anexión de facto de Cisjordania rompiendo una vez más el derecho internacional, fuimos testigos de otro espectáculo de horror provocado por la publicación de una parte de los archivos de Epstein. Y resultó que los denostados “conspiranoicos” estaban en lo cierto cuando hablaban de la completa decrepitud moral de las élites capitalistas del mundo.
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Pero más allá de la indignación moral que nos provoca la existencia de esta élite de torturadores, asesinos y pedófilos inescrupulosos, sospecho que la exposición de estos archivos cargados de crueldad, de paso, contribuye a que normalicemos la violencia contra el débil. ¿No es este uno de los principales mensajes de Trump y sus aliados supremacistas? ¡El odio y el desprecio contra el débil! Sea este inmigrante, latino, negro, pobre, o todo cuanto no quepa en el imaginario racista de un MAGA.
Es así como invitaría a leer este “escándalo”: Epstein y su gran red de pedófilos no son solo otro signo de la impunidad de estas élites, sino que exponen la impresionante violencia como base estructural de este sistema económico y político, y demuestran -una vez más- algo que ya sabemos de sobra: que poder y dinero van de la mano. A diferencia de lo que el discurso mediático intentará ocultar, al hacer creer que la relación entre el sistema y estos monstruos es solo circunstancial.
Pero no nos engañemos porque estos no son ni “ovejas negras” del sistema ni excepciones a la regla, sino expresiones del sistema mismo. Este sistema es, de hecho, la máquina de producción de estos monstruos. Porque tanto los Epstein, los Trump, los políticos, los aristócratas, los científicos y los agentes de la CIA o del Mossad, todos quienes aparecen en esa red de tráfico de influencia y personas, simbolizan la encarnación de la violencia que subyace a este sistema.
Estos son sus defensores, sus productos y sus guardianes. Viéndolo de esta manera, ¿acaso sorprende la violencia imperial contra Venezuela, el intento de matar de hambre a Cuba, de agredir nuevamente a Irán o la destrucción casi completa de la franja de Gaza?
Al parecer, la llamada “guerra cultural”, como le gusta llamar a la extrema derecha, ya alcanzó los confines de la geopolítica y las relaciones internacionales. Ahora lo que vale es la violencia imperial pura y dura con la clara complicidad de sus lacayos europeos. Múnich nos dio otra muestra de esta voluntad de muerte y nihilismo en el corazón de la élite europea.
Mientras aquellos elementos molestosos que osan denunciar esta violencia, el genocidio en Gaza, el bloqueo criminal a Cuba, el secuestro de Nicolás Maduro, la inminente guerra contra Irán, seremos los nuevos enemigos declarados. Enemigos de la maravillosa civilización occidental, “cuna” de la democracia y el libre mercado. Es debido a la maldad de esos otros, sean árabes, chinos, comunistas, antiimperialistas, decoloniales, etc., que el imperio y sus lacayos se verán forzados a recurrir a la violencia para su propia preservación, tanto hacia adentro como hacia afuera.
Esto no solo es expresión de nostalgia imperial, sino también el ánimo de restaurar un viejo orden colonial en el que “the West rules again”. Los que estemos del otro lado, ya sea en el reclamado “eje imperial” del Sur Global, no podemos esperar ser bien tratados por gente que tiene mucho poder y pocos escrúpulos.
El discurso de Rubio nos demuestra que la colonialidad del poder, como particular sistema de dominación caracterizado por Aníbal Quijano, está más viva que nunca, y que una Europa nostálgica de su disipado poder imperial, lejos de resistir esta narrativa decadente, parece dispuesta a subirse al carro de la (auto)destrucción que los jinetes del apocalipsis gringos están dispuestos a infligir al mundo. Pues, ¡mucha suerte!
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