RUPTURA DEL SISTEMA INTERNACIONAL: DIPLOMACIA, GOBERNANZA GLOBAL Y CONFLICTO MAYOR

Hugo Calderón y Darwin Alvarado - Hugo Calderón es Doctor en Economía y Ciencias Sociales de la Universidad Libre de Berlín. Ex funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores (DIRECON) 1990-2018. Darwin Alvarado es Ingeniero Comercial. Ex funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores 2007-2012. – El desconcierto – 28-02-2026

Chile debe enfocarse en mantener su soberanía, su estabilidad política, económica y ampliar su apertura comercial, sin empantanarse en las disputas políticas internas. Comerciamos con gran parte del mundo a través de nuestros tratados de libre comercio y no podemos permitirnos quedar atrás en la carrera tecnológica.

Desde el regreso del presidente Trump a la Casa Blanca en 2025, el sistema internacional ha sufrido su mayor colapso y se ha ido desconociendo el derecho internacional como fundamento de la relación entre los países.

Hoy se reafirma, sin ambigüedades por parte de los Estados Unidos de Norteamérica, que su política internacional está definida por sus intereses domésticos y que sus acuerdos de defensa con otros países son válidos sólo en la medida que estos aporten sustantivamente a su propia defensa, y que eso ayude a frenar la expansión de sus “enemigos”.

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El bloque occidental hoy representa una proporción minoritaria de la población mundial. El peso demográfico, económico y tecnológico del mundo se ha desplazado progresivamente hacia Asia. El ascenso económico de China, India y las economías del sudeste asiático ha impulsado la formación de una nueva clase media con creciente capacidad de consumo, inversión e innovación tecnológica.

Este escenario multipolar requiere redefinir las bases de la gobernanza global y exige una renovación extremadamente adaptativa del multilateralismo y de las capacidades diplomáticas de la ONU, en este nuevo mundo multipolar, pluricultural y pluriétnico.

Las  monarquías del Golfo aceleran su desembarco en África, en una estrategia para ampliar su influencia al alero de los recursos provenientes de la nueva ola petrolera impulsada por el presidente Trump. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar invierten en puertos, agricultura, energía y minería, buscando controlar rutas comerciales y ganar peso político frente a potencias tradicionales, especialmente China.

Sudáfrica de la mano de los BRICS aspira a ser líder regional, combinando liderazgo económico y diplomático con ambigüedad geopolítica, navegando entre sus vínculos con occidente y su creciente alineamiento con China y Rusia.

En este escenario, Europa se encuentra desorientada. Sus líderes no logran construir un acuerdo efectivo que les permita asegurar autonomía y ampliar su margen de maniobra. Sumida en una guerra de desgaste con Rusia que se libra en Ucrania; y la disputa entre una ultraderecha nacionalista iliberal y una socialdemocracia desgastada, que intentó detener la presión neoliberal y terminó por ceder en la tarea de adecuar el Estado de Bienestar, con las excepciones de España, Dinamarca y Portugal.

América está capturada por el poder militar de los Estados Unidos. Después de la intervención en Panamá por el control del canal, la mayor presión al bloqueo de Cuba y de convertir a Venezuela en un neo-protectorado, el presidente Trump realizará una cumbre de mandatarios afines.

A ella concurrirán los mandatarios de El Salvador, Argentina, Ecuador, Bolivia, Honduras y Paraguay, donde seguramente se darán los lineamientos de la nueva relación de dependencia. El presidente electo de Chile, José Antonio Kast ha sido invitado a participar de este encuentro. Está por verse si aceptará las condiciones que implica ser aliado del presidente Trump.

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La resistencia a este nuevo modelo es encabezada por Brasil, México y Canadá, quienes tienen una tarea titánica a realizar y que requiere de una gran habilidad diplomática que permita mantener la independencia regional y mundial.

En este escenario, Chile debe enfocarse en mantener su soberanía, su estabilidad política, económica y ampliar su apertura comercial, sin empantanarse en las disputas políticas internas. Comerciamos con gran parte del mundo a través de nuestros tratados de libre comercio y no podemos permitirnos quedar atrás en la carrera tecnológica. Necesitamos sumar infraestructura crítica, como las distintas opciones de conexión a internet, de data center necesarios para la economía digital, servicios empresariales e inteligencia artificial y por cierto, para mejorar nuestra educación.

Necesitamos profundizar la cooperación con la India, el país más poblado del mundo, que se aproxima a ser la tercera potencia económica mundial y donde Chile tiene y puede hacer crecer su comercio. Sin descuidar las relaciones con las grandes potencias tradicionales.

Por otro lado, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), agrupa a 11 naciones y representa casi el 10% de la población mundial. Chile y Brasil son socios de esta organización, una de las áreas geográficas donde también podemos crecer en capacidad comercial y relacionamiento estratégico.

Países como Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam, son mercados emergentes en los que nuestros productos pueden encontrar buena recepción y con quienes podemos crecer de manera robusta. Los US$70 mil millones de comercio en 2025 hablan de un prometedor futuro, con tasas de crecimiento del 6% y donde diversificación de nuestra oferta es un desafío prioritario.

Naciones Unidas elegirá hacia final de año un o una nueva secretaria general. La candidatura de la ex presidenta Bachelet aparece como la más sólida y ya cuenta con el apoyo de Brasil y México, lo que augura un buen desempeño.

Pero más allá de quien presida las Naciones Unidas el próximo año, los desafíos globales son enormes y complejos. Lo que está realmente en juego es si las naciones respaldarán la existencia, revitalización y accionar de Naciones Unidas, o surgirá una nueva instancia que la reemplace, donde el poder de los países con capacidad nuclear tenga su expresión.

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