EDITORIAL: 03 DE MARZO 2026
En los últimos días, el mundo ha sido testigo de una peligrosa escalada de violencia en el Medio Oriente, tras los bombardeos ejecutados por fuerzas aéreas de Estados Unidos e Israel contra Teherán y otras ciudades estratégicas de Irán.
Según diversas fuentes, el ataque —planificado durante meses— habría tenido como objetivo central eliminar al Ayatolá Ali Jamenei, Líder Supremo de la República Islámica, junto a miembros de su Estado Mayor. Se trata de una acción de enorme gravedad política y militar, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad regional y global.
La respuesta iraní no se hizo esperar. Las hostilidades han escalado rápidamente, configurando en los hechos un escenario de guerra abierta que amenaza con extenderse más allá de las fronteras iraníes y convertirse en una seria amenaza para una ya frágil paz mundial.
El ataque aéreo, la muerte de autoridades políticas y militares, y las víctimas civiles —incluidos niños— atribuidas al llamado “daño colateral” (eufemismo frecuentemente utilizado por los agresores para minimizar la muerte de inocentes), constituyen una señal inequívoca y alarmante, del desprecio de EEUU e Israel por el Derecho Internacional y por los principios que al menos formalmente, deberían regir las relaciones entre los Estados.
Lo que observamos parece asemejarse más a la lógica de la fuerza que al imperio del derecho: una dinámica donde prevalece el poder militar por sobre los mecanismos diplomáticos y las instancias multilaterales como Organización de las Naciones Unidas, cuyas sanciones y llamados al diálogo resultan, en este contexto, insuficientes o ignoradas.
Es simplemente la “Ley de la Selva” donde se impone el más fuerte
A ello se suma la ambigua posición de las principales potencias europeas, cuya reacción oscila entre la complicidad tácita, la cautela estratégica o la impotencia diplomática. No deja de ser paradójico que muchas de estas naciones hayan sido, durante siglos, imperios coloniales que expandieron su dominio en América, África y Oceanía mediante la ocupación, la violencia y el exterminio
Desde una perspectiva crítica, las acciones militares de EEUU e Israel solo pueden ser comprendidas como una expresión renovada del colonialismo en el siglo XXI: ya no con cadenas visibles ni administraciones coloniales formales, sino mediante intervenciones militares, presiones económicas, alianzas estratégicas y la apropiación de recursos naturales de otros; todo ello legitimado bajo discursos de libertad, democracia, seguridad o civilización.
En este afán Estados Unidos e Israel se proponen sin importar el precio, neutralizar cualquier proyecto político o militar que desafíe su influencia regional, sus intereses estratégicos o su control sobre rutas energéticas y recursos como el petróleo.
Cabe recordar al respecto que tanto Estados Unidos como el Estado de Israel surgieron en contextos históricos donde mediante el uso de la fuerza, el sometimiento o el exterminio de las poblaciones originarias, lograron obtener los territorios que hasta hoy ocupan.
Hoy, en este nuevo escenario de confrontación resulta evidente que el trasfondo no es la seguridad regional, sino el control estratégico del petróleo iraní y la reafirmación de hegemonías globales.
La pregunta que emerge es inquietante:
Si ayer fue México, El Líbano, Guatemala y Chile, solo por mencionar algunos y hoy es el Petróleo de Irán
¿Qué país podría ser mañana… después de Cuba, Venezuela o Groenlandia ?
CORPORACION SOLIDARIA UTE-USACH
