By Gonzalo Martner 8 marzo, 2026 – El Clarin Chile
Como decía la franco-peruana Flora Tristán en 1834, “el nivel de civilización a que han llegado diversas sociedades humanas está en proporción a la independencia de que gozan las mujeres”. Vaya un saludo a todas ellas, con la esperanza de que los avances en igualdad no se detengan, los derechos se consoliden y las luchas colectivas no permitan que retrocedan en estos tiempos turbulentos.
Anexo un texto escrito en otro momento que defiende la necesaria perspectiva feminista en la organización de las sociedades, en https://gonzalomartner.blogspot.com/…/por-que-el…. En él se señala: “Las mujeres tienen su propia voz y sus propias diversidades para construir su historia y promover sus derechos y la identidad feminista en el mundo de hoy. A ellas se les debe escuchar en primer lugar y ante todo en el tema de la opresión patriarcal y de las formas de superarla. No obstante, el tema involucra a la sociedad en su conjunto… Se puede entender por feminismo en lo principal, aunque existen variadas definiciones, el conjunto de teorías y movimientos que buscan terminar con la subordinación histórica de las mujeres y lograr igualdad política, económica, social y cultural entre los géneros. Cabe recoger primordialmente la opción por terminar con la dominación del género masculino por sobre el femenino en todas las esferas de la vida de la sociedad. Esto supone que no debe existir, en primer lugar, diferencia entre hombres y mujeres en su posición social respectiva y en el acceso a derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales. Y que deben existir derechos sexuales y reproductivos reconocidos por la sociedad, pues las mujeres deben poder tomar decisiones sobre su propio cuerpo y la maternidad con la máxima libertad, confianza y seguridad posibles, con una prevención y un castigo efectivos a la violencia de género, lo que requiere remover los obstáculos a su autonomía y capacidad de autodeterminación e impedir que sean relegadas a roles de cuidado o subalternos en la familia o la actividad política, social y económica o permanezcan en la indefensión en situaciones de violencia o asimetría de poder.
Esa remoción supone abordar el cambio de la estructura social en la que se sustenta la dominación masculina. En palabras de Nancy Fraser: “Para mí, el feminismo no es simplemente un asunto de poner un puñado de mujeres individuales en puestos de poder y privilegio dentro de la actual jerarquía social. Es ir más allá y superar estas jerarquías. Esto requiere desafiar las fuentes estructurales de la dominación de género en la sociedad capitalista, sobre todo, la institucionalización de supuestamente dos tipos de trabajo: por un lado, aquella llamada trabajo productivo, históricamente asociado con hombres y remunerado a través de salarios; por el otro lado, las actividades de cuidar, habitualmente no remuneradas y aún ejecutadas principalmente por mujeres. Desde mi punto de vista, esta división jerarquizada y generizada de la producción y la reproducción es una estructura que define la sociedad capitalista y una fuente profunda de asimetrías de género imbricada en ella. No puede haber emancipación de la mujer mientras estas estructuras se mantengan intactas”.
Un nuevo orden político y social republicano, basado en la garantía de libertades fundamentales y la separación de poderes orientadas a la no dominación, requiere, además de proponerse terminar con los privilegios y asimetrías de poder de clase, raza y posición social, establecer el objetivo de la emancipación de la mujer del sistema patriarcal de subordinación e interdicciones sobre su vida y el fin de la separación entre producción (masculina) y reproducción (femenina). Se debe afianzar la autonomía económica, la paridad de representación en los órganos públicos, en los directorios privados y en todas las organizaciones formales de la sociedad. Y supone tal vez lo más difícil: generalizar una cultura de la exigencia mutua entre géneros de igualdad de trato, respeto y consideración en todas las actividades de la vida, aunque esté inevitablemente cruzada por las pulsiones de vida -Eros- y también las de muerte -Tánatos- y dominación y destrucción, que se oponen y combinan en la condición humana, siguiendo las distinciones de Freud, pero que el esfuerzo civilizatorio en las instituciones y la cultura debe enmarcar hacia la no violencia y la no dominación.”
Gonzalo Martner
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