CASO DE LOS DEGOLLADOS

Por Antu  Ex dirigente de la UTE -  Para UTE-NOTICIAS – 26 de marzo 2026

El “Caso Degollados” es uno de los crímenes más brutales y simbólicos de la dictadura en Chile,  cada aniversario vuelve a remover la memoria histórica del país por su impacto político, social y moral, obliga a salir de la narrativa meramente judicial y entenderlo como lo que fue: una expresión desnuda del funcionamiento del poder bajo la dictadura de Augusto Pinochet.

Se trata del secuestro, tortura y asesinato de tres militantes del Partido Comunista:

  • Santiago Nattino
  • José Manuel Parada
  • Manuel Guerrero

Entre el 28 y 29 de marzo de 1985 fueron secuestrados en Santiago por agentes de Carabineros, específicamente de la Dirección de Comunicaciones (DICOMCAR), y el 30 de marzo sus cuerpos aparecieron en Quilicura, con señales de tortura y degollados, una acción de extrema crueldad.

Miguel Estay , apodado el Fanta ex comunista, simboliza la traición participando directamente en el secuestro y degollamiento, que añade una dimensión aún más compleja, mostro la descomposición de la dictadura y su aparato represivo.

No fue un exceso , fue política de estado que busco eliminar los cuadros políticos, destrucción de las redes sociales opositoras e instalación del terror como mecanismo disciplinador .

El mensaje político fue la pedagogía del terror, no bastaba con matar, había que hacerlo de la forma más brutal posible para producir efectos políticos concretos, desmovilizar a la oposición , generar miedo transversal , romper la solidaridad. El régimen ya no asustaba, necesitaba aterrorizar.

El asesinato fue una respuesta desesperada de la dictadura, cuando el poder pierde legitimidad intensifica la violencia, se vuelve más primitivo y violento.

Este caso no es solo memoria es advertencia, el estado puede transformarse en aparato criminal, la barbarie aparece cuando el diseño del sistema opresor lo precisa para defenderse.

La violencia represiva no es algo que se cerró en 1985, es funcional al poder , convierte el crimen en historia, aún existen condiciones de autonomía de los aparatos represivos, aún tenemos impunidad prolongada. No es lo mismo que 1985, pero responde a una misma lógica de poder no completamente subordinado a la democracia, responde a la estructura del poder económico.

Hoy el poder no necesita degollar para disciplinar, ha evolucionado, control mediático, construcción de sentido común, criminalización selectiva de la protesta. El terror es cotidiano y silencioso.

Aquí aparece algo peligroso lo que antes escandalizaba hoy muchas veces se relativiza, el abuso se normaliza, la violencia se justifica, la sociedad se acostumbra.

La transición no termino con esto , lo administró. nos dijeron que la democracia había llegado, pero lo que llego fue una forma más inteligente de dominación. El terror dejo de ser visible, pero nunca dejó de existir. Hoy el poder no necesita mostrar sangre para imponerse aprendió algo más eficaz : te endeuda, te precariza, te aísla, te satura de información vacía. El resultado, obediencia sin resistencia, te anulan el pensamiento crítico.

Del pasado al presente. El Estallido social de 2019 en Chile demostró que la violencia estatal no pertenece únicamente al pasado. Casos como el de Gustavo Gatica y Fabiola Campillai evidenciaron que, bajo presión, el Estado puede volver a dañar gravemente a sus ciudadanos.

Hoy, con la Ley Nain-Retamal, el Estado chileno ha tomado una decisión clara: fortalecer las atribuciones de las fuerzas policiales, ampliando el respaldo legal al uso de la fuerza, más poder sin suficientes controles.

Entonces nos preguntamos :¿ Se está fortaleciendo la seguridad democrática o se está ampliando el margen de acción de un aparato como Carabineros de Chile que no ha sido plenamente reformado?

No negamos la necesidad de seguridad, debemos definir qué tipo de seguridad queremos, una seguridad sin control democrático real no es seguridad, es poder sin límites.

El problema no es que Chile  vuelva a 1985, el problema es que avance hacia algo más sofisticado, hacia un sistema donde la violencia ya no escandaliza, porque se vuelve parte del funcionamiento normal.

Cuanto estamos dispuestos a tolerar.

ANTU


 

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