Simon del Valle - El Clarin Chile – 25-03-2026
FOTO: kast durante una visita el regimiento militar victoria el miércoles.
La polémica por el alza de los combustibles y la imposibilidad de intervenir con mayor fuerza a través del Mepco terminó desbordando el debate económico para convertirse en un conflicto político mayor. No por el precio de la bencina en sí, sino por la estrategia comunicacional del gobierno: instalar la idea de que “Chile está en quiebra”.
La frase no solo fue rápidamente desmentida por economistas de distintos sectores, sino que incluso obligó al propio ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, a matizarla públicamente. El daño, sin embargo, ya estaba hecho.
Lo que ocurrió no fue simplemente un error técnico. Fue un choque frontal con uno de los pilares más profundos del modelo chileno: la credibilidad económica.
El error que activó todas las alarmas
En economía, las palabras importan. Y pocas son tan delicadas como “quiebra”.
Decir que un país está quebrado equivale, en términos reales, a afirmar que no puede cumplir sus obligaciones financieras. Es decir, que está al borde del default. Es una señal que, en condiciones normales, provocaría reacciones inmediatas en los mercados: aumento del riesgo país, caída de la moneda, encarecimiento del crédito.
Nada de eso estaba ocurriendo en Chile.
Por eso la reacción fue transversal. No solo desde la oposición política, sino desde economistas, centros de estudio, exautoridades y actores del mundo financiero. El consenso fue claro: el diagnóstico era incorrecto y peligrosamente irresponsable.
El propio ministro de Hacienda tuvo que salir a corregir el rumbo, dejando en evidencia una descoordinación interna poco habitual en un tema tan sensible.
Más que un error: una ruptura con el consenso
Pero reducir lo ocurrido a un simple “error comunicacional” es quedarse corto.
Lo que hizo el gobierno fue tensionar —quizás sin medir completamente las consecuencias— el consenso básico que ha sostenido la economía chilena por décadas: la defensa de la estabilidad macroeconómica como activo estratégico.
Desde el retorno a la democracia, Chile construyó su reputación internacional sobre tres pilares:
- Responsabilidad fiscal
- Respeto a las reglas del mercado
- Previsibilidad institucional
