MARCHA CLASISTA DEL 1 DE MAYO: AIT PLANTEA RECONSTRUCCIÓN DEL SINDICALISMO Y MARCA DISTANCIA CON DIRIGENCIAS TRADICIONALES

Por: Simon Del Valle. Periodista

El Clarín de Chile. 2 mayo, 2026

En el marco de las movilizaciones del Día Internacional de los Trabajadores, la Asociación Intersindical de Trabajadores y Trabajadoras Clasistas (AIT) participó este 1 de mayo en las convocatorias alternativas realizadas en Santiago y regiones, con presencia tanto en la capital como en la ciudad de Concepción. La organización se sumó a la denominada “marcha clasista”, una de las movilizaciones paralelas a la convocatoria principal encabezada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

En Santiago, la marcha clasista se desarrolló en el eje poniente del centro de la ciudad, con un recorrido que incluyó sectores como Plaza Brasil y Matucana. En paralelo, en Concepción, la AIT impulsó una actividad muralista en las inmediaciones del Hospital Regional, como parte de su despliegue para la jornada. Según la propia organización, esta acción buscó visibilizar sus planteamientos en el espacio público, en una lógica de intervención territorial asociada a la conmemoración.

A través de una declaración difundida en redes sociales, la AIT planteó la necesidad de “reconstruir un sindicalismo de lucha”, enfatizando la importancia de fortalecer la organización de trabajadores desde una perspectiva autónoma respecto de estructuras institucionales y actores políticos tradicionales. En ese marco, la organización sostuvo que el sindicalismo debería funcionar no solo como un instrumento de negociación de condiciones laborales, sino también como un espacio de formación y articulación colectiva.

Desde una perspectiva analítica, este tipo de planteamientos se inscribe en una tradición dentro del movimiento sindical chileno que ha cuestionado el rol de las dirigencias más institucionalizadas. La referencia a la necesidad de “independencia” y a la crítica de prácticas burocráticas refleja una tensión histórica en el mundo sindical, particularmente visible desde la década de 2000, cuando comenzaron a consolidarse corrientes que buscaban diferenciarse de la conducción de la CUT.

En este contexto, la marcha clasista no se plantea únicamente como una alternativa organizativa, sino también como una forma de posicionamiento político frente a otras expresiones del sindicalismo. Mientras la convocatoria principal del 1 de mayo tiende a articular una amplia gama de actores —incluyendo organizaciones sociales y partidos políticos—, sectores como la AIT enfatizan la necesidad de mantener una distancia respecto de esas articulaciones.

La declaración de la organización también hace referencia a la importancia de ampliar la base de participación sindical, planteando la necesidad de llegar a trabajadores en distintas condiciones laborales y territoriales. En términos analíticos, esto puede leerse como un intento de responder a transformaciones estructurales del mundo del trabajo, caracterizadas por una mayor fragmentación y precarización, que dificultan las formas tradicionales de organización.

En ese marco, la apelación a construir “conciencia” y fortalecer la organización colectiva se vincula con una visión del sindicalismo que trasciende la negociación inmediata de beneficios, incorporando una dimensión más amplia de formación política y social. Este enfoque no es nuevo, pero adquiere renovada relevancia en contextos donde las demandas laborales se cruzan con debates sobre el modelo económico y el rol del Estado.

La referencia a figuras históricas como Luis Emilio Recabarren y Teresa Flores también sitúa el discurso de la AIT dentro de una tradición específica del movimiento obrero chileno, que ha combinado organización sindical con proyectos políticos de transformación social. En ese sentido, la evocación de estos referentes cumple una función de continuidad simbólica, vinculando las demandas actuales con una historia más amplia de movilización.

En este contexto, la coexistencia entre la marcha convocada por la CUT y las movilizaciones clasistas refleja la diversidad interna del movimiento sindical en Chile. Lejos de ser un fenómeno reciente, esta dualidad expresa diferencias en estrategias, diagnósticos y formas de relación con el sistema político. Mientras algunos sectores buscan incidir a través de canales institucionales y alianzas amplias, otros priorizan la construcción de autonomía organizativa.

Desde una perspectiva más amplia, la presencia de la AIT en el 1 de mayo se inserta en un escenario donde las movilizaciones laborales conviven con un debate más general sobre políticas económicas y sociales. En ese sentido, aunque la organización no centra su discurso en medidas específicas, su énfasis en la precariedad laboral y en la necesidad de organización colectiva conecta con preocupaciones presentes en otras convocatorias de la jornada.

Lo que sugiere este escenario es que el 1 de mayo no opera como un espacio homogéneo, sino como un punto de encuentro de distintas corrientes dentro del mundo del trabajo, cada una con sus propias estrategias y marcos interpretativos. La marcha clasista, en particular, funciona como un recordatorio de que las tensiones internas del movimiento sindical siguen vigentes, y que la relación entre organización social y política continúa siendo un eje central de debate.

En ese marco, la participación de la AIT y de otras organizaciones similares aporta una dimensión adicional a la lectura de la jornada, al poner en evidencia no solo las demandas compartidas, sino también las diferencias sobre cómo enfrentarlas.

Simón del Valle

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