Por: Simon Del Valle
El Clarín de Chile. 22 mayo, 2026
Apenas han pasado 70 días desde la llegada de José Antonio Kast a La Moneda y el gobierno ya enfrenta un deterioro político significativo. La última encuesta #DataInfluye de mayo 2026 muestra un cuadro complejo para el oficialismo: caída abrupta en la aprobación presidencial, fuerte pesimismo económico, rechazo mayoritario a las reformas impulsadas por el Ejecutivo y una creciente percepción de improvisación en el gabinete.
La encuesta aparece justo cuando el gobierno acaba de conseguir, a marcha forzada, la aprobación en la Cámara de Diputados de la llamada “Megarreforma”, un proyecto cuestionado por amplios sectores sociales, sindicatos y parlamentarios de oposición debido a la rebaja de impuestos a grandes empresas, la reintegración tributaria y la invariabilidad tributaria por 25 años.
Pero lejos de fortalecer políticamente al Ejecutivo, la ofensiva legislativa parece haber profundizado las dudas ciudadanas.
Uno de los datos más demoledores del estudio indica que un 62% considera que las reformas impulsadas por el gobierno representan “un retroceso” o “un gran retroceso” para el país, mientras solo un 25% las ve como un avance.
La desconfianza es aún mayor respecto del corazón económico de la agenda de Kast. Un 66% declara estar en desacuerdo o muy en desacuerdo con que la gran reforma económica reactive efectivamente la economía chilena.
El dato resulta particularmente significativo porque golpea el principal relato político del gobierno: que las rebajas tributarias a las grandes empresas generarían crecimiento, inversión y empleo.
La ciudadanía parece no comprar esa promesa.
De hecho, un 48% cree que la economía chilena decaerá este año y un 62% estima que la recuperación económica tardará más de dos años.
El pesimismo económico se cruza además con una sensación cotidiana de deterioro material. Un 46% califica su situación económica personal como mala o muy mala, mientras apenas un 14% la considera buena.
El golpe político más severo para el gobierno aparece, sin embargo, en la evaluación presidencial.
La aprobación de José Antonio Kast cae a 26%, mientras su desaprobación sube a 54%, marcando una caída de siete puntos respecto de la medición anterior.
La cifra es particularmente delicada considerando que el gobierno apenas supera los dos meses de instalación y ya enfrenta niveles de rechazo comparables a administraciones mucho más desgastadas.
La encuesta además revela un fenómeno preocupante para La Moneda: el deterioro ya no se limita únicamente a temas ideológicos o identitarios, sino que se concentra en aspectos concretos de la vida cotidiana.
La inflación y el aumento del costo de la vida aparecen como el principal factor que podría debilitar políticamente al gobierno, con 35% de las menciones.
La crisis del gabinete también emerge como un problema central.
Un 26% identifica la gestión ministerial como un factor de debilitamiento político, justamente cuando Kast debió realizar cambios de ministras a solo 69 días de iniciado su mandato, en medio de crecientes cuestionamientos internos y externos.
La situación es particularmente compleja en figuras clave del Ejecutivo.
La ministra vocera Mara Sedini aparece entre las autoridades peor evaluadas del gabinete, junto a Trinidad Steinert y Ximena Rincón.
El problema de fondo parece ser más profundo que un simple desgaste comunicacional.
La encuesta muestra que incluso en áreas donde Kast construyó su capital político, como seguridad, migración o crecimiento económico, las expectativas comienzan a erosionarse rápidamente.
Un 64% cree que se ha retrocedido en inflación y costo de la vida, un 55% piensa que se ha retrocedido en crecimiento económico y empleo y un 45% considera que también hubo retroceso en combate al narcotráfico y crimen organizado.
Incluso la promesa emblemática de expulsar migrantes irregulares parece haber perdido credibilidad tras las declaraciones del propio presidente calificando su oferta de campaña como una “metáfora”.
El desgaste coincide además con un clima político cada vez más tensionado.
Mientras el gobierno aceleró la aprobación de la Megarreforma mediante urgencias legislativas y extensas jornadas parlamentarias, en las afueras del Congreso se multiplicaron las protestas de trabajadores públicos, sindicatos y organizaciones sociales que denuncian que el proyecto favorecerá principalmente al gran empresariado y terminará debilitando al Estado.
La encuesta parece reflejar precisamente esa percepción.
Lejos de instalar una sensación de estabilidad o recuperación, el gobierno comienza a aparecer ante una parte importante de la ciudadanía como una administración acelerada, ideologizada y desconectada de las preocupaciones materiales inmediatas.
A 70 días de iniciado el mandato, Kast enfrenta así un escenario paradójico: ha logrado avanzar rápidamente en su agenda legislativa, pero al costo de abrir un desgaste político prematuro, con una economía debilitada, un gabinete cuestionado y una ciudadanía crecientemente escéptica respecto de las promesas de “orden”, “crecimiento” y “reconstrucción” que marcaron su llegada al poder.
Simón del Valle
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