¿QUÉ ES REALMENTE EL PDG?

Por: Germán Silva Cuadra. Psicólogo, académico y consultor

El Mostrador. 25 mayo, 2026

A la crisis de identidad ideológica que tiene el PDG –esa de declararse de centro, pero actuar como de derecha– se suma el conflicto profundo que se generó en la elección interna, en la que su líder y fundador, Franco Parisi, resultó derrotado estrepitosamente por la lista de Quisbert.

Ni facho ni comunacho”. Esta fue la frase con que Franco Parisi conquistó el 19.71% de los votos en la primera vuelta presidencial de 2025 (2.557.737), quedando a 500 mil votos de quitarle el segundo lugar a Kast (23.93%) y pasar al balotaje. Muchos analistas han señalado que la subrepresentación que el fundador del PDG tuvo en las encuestas –le daban el 4° e incluso el 5° lugar– fue fundamental para perder la opción de disputar la segunda vuelta con Jeannette Jara.

En otras palabras, Parisi habría sido perjudicado en la recta final debido al llamado “voto útil”, ese que implica que las personas, a último minuto, optan por cambiar su preferencia para no perder su sufragio. Y aunque este es un supuesto, una hipótesis, lo cierto es que el economista estuvo cerca de destronar a quien luego salió electo.

La frase con que partimos esta columna no tiene doble lectura: el PDG se presentó al electorado como una opción de centro, alejado de la polaridad que se estabilizó en el país hace más de 12 años. Desde el segundo Gobierno de Bachelet II en adelante, Chile ha vivido en un verdadero péndulo, que incluye el estallido, los dos procesos constitucionales y, por supuesto, el contraste entre Boric y Kast.

El centro, ese ideal imaginario con que la gente se identifica en las encuestas, no tiene nada que ver con la expresión política de un sector, que en la práctica no existe. Los partidos que representaban la sensibilidad fueron desapareciendo, y los que creyeron que serían una nueva alternativa para los chilenos, como Amarillos o Demócratas, constituyeron fracasos estrepitosos.

De ahí que esa autoimagen del chileno –de centro y clase media– y que no tiene expresión política alguna, el PDG intentó capitalizarla con relativos buenos resultados en 2025. Al casi 20% de Parisi, se sumaron 14 diputados, una cifra nada despreciable en la Cámara.

Pero como este es un país con una amnesia crónica, nadie pareció recordar –a la hora de ir a votar– que el Partido de la Gente, cuatro años antes, logró el 12% en la presidencial (también con Parisi) y conquistó 6 parlamentarios, sin embargo, al poco tiempo fue el propio Parisi quien se encargaría de expulsar uno a uno a esos diputados, hasta que el PDG se quedó sin representación parlamentaria. La crisis de la colectividad pasó bastante inadvertida, lo que coincidió con que el expresidenciable volvió a refugiarse en EE.UU., donde vive hace años.

Entre la crisis de los mini partidos, autodenominados de centro, la derecha dividida y el oficialismo arrastrando los problemas del Gobierno de Boric, el PDG encontró un nicho abandonado y anhelado para la elección de 2025. Con un Parisi que aprendió la lección y esta vez se vino a hacer campaña a Chile, la colectividad les abrió espacios a personas que no tenían cabida en los partidos tradicionales y les ofreció cupos electorales, sin exigirles nada. Nada en lo ideológico, nada de consistencia para atrás, salvo una cosa: lealtad a su figura.

Así, entre los diputados electos por el PDG nos encontramos con el “Dr. File”, quien a menos de un mes de asumir el cargo abandonó la tienda por desavenencias con Parisi, y a Javier Olivares, el hombre que se disfraza y reivindica al dictador Augusto Pinochet. Por cierto, ni en el partido de Kaiser existen fanáticos pinochetistas como en el PDG.

Y qué decir de Pamela Jiles. La diputada que afirmó hace poco que nunca había sido una “mujer de izquierda”, resulta que parece haber tenido un ataque súbito de amnesia, ya que no solo fue del Partido Comunista, sino que salió electa por el Partido Humanista, antes de hacer un giro radical a su historia, acomodándose en la derecha e incluso con bastante cercanía a la extrema derecha.

Hasta el momento, Parisi ni el PDG jamás han dicho una palabra que aclare si es un partido que valida y reivindica la figura del dictador, como lo hace Olivares. A esto sumamos que esa colectividad no tuvo ningún problema en negociar con el Gobierno para inclinar la balanza en el proyecto de Ley Miscelánea, entregando su apoyo por un intrincado y complejo proyecto para rebajar el IVA a los pañales, que hace casi imposible que se pueda hacer el reembolso.

En la práctica, y aunque el PDG no quiera transparentar su realidad, ese partido es una colectividad de derecha, tanto por sus posturas políticas, así como por quienes son sus rostros más representativos, como el pinochetista Olivares o la misma Jiles. Pongámoslo de la siguiente manera: si Parisi dice que ellos no son “ni fachos ni comunachos”, pero tuviera un diputado que reivindicara al FPMR, la opinión pública encasillaría al PDG como un partido de izquierda.

A la crisis de identidad ideológica que tiene el PDG –esa de declararse de centro, pero actuar como de derecha– se suma el conflicto profundo que se generó en la elección interna, en la que su líder y fundador, Franco Parisi, resultó derrotado estrepitosamente por la lista de Quisbert. Es decir, quien en la práctica es el dueño del PDG perdió la conducción de la colectividad. Y aunque la señal fue clara, los militantes que concurrieron a votar apenas alcanzaron a 1.106 de 43.297, es decir, un 2.56% del total.

Y faltaba un capítulo importante en esta teleserie. De manera sorpresiva, el Tricel, anunció la anulación de la elección, restableciendo la presidencia a una de las piezas puestas por Parisi. En fuentes de esa tienda se señaló que esta es una operación del propio Parisi para no perder el control de “su” partido.

De esta forma, el Partido de la Gente ha quedado expuesto en una línea de fuego que proyecta una confusión importante. Tomando un perfil cada vez más hacia la derecha, quebrado en su interior, con una paupérrima participación interna y viviendo la peor de las contradicciones que puede tener un partido político: la ideológica, esa en que no tienes claro qué eres realmente.

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