Javiera Rodríguez en la Cámara. La estrategia del odio y la provocación.
Por: Félix Montano
El Clarín Chile. 31 mayo, 2026
La controversia generada por la visita de la diputada republicana Javiera Rodríguez a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile abrió mucho más que una discusión sobre convivencia universitaria. Para la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) y sectores estudiantiles, lo ocurrido forma parte de una estrategia política más amplia de la nueva derecha chilena: ingresar deliberadamente a espacios históricamente progresistas para provocar conflicto, victimizarse y alimentar una disputa cultural permanente.
El episodio comenzó tras una actividad organizada por estudiantes de derecha en la Facultad de Derecho, donde Rodríguez participó en una charla sobre liderazgo político. Al finalizar el encuentro, grupos de estudiantes realizaron protestas y manifestaciones de rechazo a la parlamentaria republicana.
Posteriormente, la diputada denunció agresiones, escupitajos y empujones, mientras el gobierno y dirigentes oficialistas condenaron los hechos y acusaron intolerancia política en las universidades.
Pero desde la FECh surgió rápidamente una interpretación completamente distinta.
La Secretaría de Memoria y Derechos Humanos de la federación acusó al Partido Republicano y al entorno de Rodríguez de intentar construir un “montaje político” y sobredimensionar lo ocurrido para instalar un relato de persecución ideológica funcional al oficialismo.
Según dirigentes estudiantiles, la actividad no puede analizarse como una simple charla académica descontextualizada, sino como parte de una estrategia de confrontación impulsada por sectores de extrema derecha que buscan disputar simbólicamente espacios universitarios históricamente vinculados a movimientos democráticos, feministas y de izquierda.
La Facultad de Derecho de la Universidad de Chile posee precisamente ese peso simbólico.
Durante décadas ha sido uno de los principales focos de movilización estudiantil, debate democrático y defensa de los derechos humanos en el país. También representa uno de los territorios donde la nueva derecha ha tenido menos presencia política y cultural.
Por eso, para sectores estudiantiles, la presencia de Javiera Rodríguez tenía inevitablemente una dimensión provocadora.
No solo por el lugar escogido, sino también por el perfil político de la propia diputada.
Rodríguez se ha transformado en una de las figuras jóvenes más confrontacionales del Partido Republicano y de la nueva derecha chilena. Su trayectoria política ha estado marcada por la disputa ideológica permanente, particularmente en temas vinculados a memoria histórica, feminismo, movimientos sociales y universidades.
Desde la FECh sostienen que precisamente allí aparece el núcleo del problema: la nueva derecha no busca simplemente participar del debate universitario, sino instalar escenarios de tensión cultural que luego puedan ser utilizados políticamente.
La lógica resulta bastante reconocible en experiencias internacionales recientes.
Sectores de extrema derecha en Estados Unidos, Brasil, España o Argentina han desarrollado estrategias similares: ingresar a espacios progresistas, generar confrontación y posteriormente utilizar las reacciones como prueba de una supuesta “intolerancia de izquierda”.
La polémica se transforma así en parte del objetivo político.
Para organizaciones estudiantiles, eso fue exactamente lo que ocurrió en Derecho.
La reacción oficialista posterior —incluyendo declaraciones del presidente Kast y dirigentes republicanos denunciando “odio” y “persecución”— reforzó precisamente ese marco interpretativo.
Desde la FECh también cuestionaron que el oficialismo intente convertir rápidamente cualquier protesta universitaria en un debate abstracto sobre libertad de expresión, mientras impulsa políticas económicas y sociales ampliamente resistidas por estudiantes y sectores progresistas.
El incidente ocurre además en un contexto particularmente complejo para el gobierno.
La caída en las encuestas, el rechazo a la “Megarreforma”, las protestas sindicales y el desgaste temprano del gabinete han obligado al oficialismo a reforzar cada vez más los llamados conflictos culturales como mecanismo de cohesión política de sus bases.
En ese escenario, episodios como el ocurrido en la Universidad de Chile adquieren enorme utilidad comunicacional para La Moneda.
Mientras se instala el debate sobre “funas”, intolerancia o violencia universitaria, quedan parcialmente desplazadas discusiones mucho más incómodas para el gobierno: inflación, recortes sociales, desigualdad y deterioro económico.
Eso no significa validar agresiones físicas ni naturalizar situaciones de violencia política. Pero sí permite comprender que el conflicto no surgió simplemente de la nada ni puede reducirse a una caricatura sobre estudiantes intolerantes.
Lo ocurrido refleja también la profundidad de la polarización política y cultural que atraviesa hoy al país bajo el gobierno de Kast.
Y muestra cómo la nueva derecha chilena parece apostar cada vez más a una política basada en la confrontación permanente, la provocación simbólica y la exaltación del conflicto como forma de construcción identitaria y movilización política.
Félix Montano
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