Por: Vasili Carrillo
Crónica Digital. 16 junio, 2026
Desde 1987, cada 15 y 16 de junio son días de muchos sentimientos que se cruzan por las conciencias de muchos hombres y mujeres de nuestra tierra, sobre todo de los que fuimos parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Se entremezclan dolor, impotencia y bronca, junto a la admiración y el respeto de nuestros héroes y mártires de Corpus Christi, especialmente para quienes tuvimos la oportunidad de convivir con la totalidad o gran parte de ellos y ellas.
Habíamos vivido los tiempos de la Rebelión Popular y la Sublevación Nacional, incluyendo el “año decisivo” de 1986. Junto a la mística y la decisión de terminar para siempre con la dictadura cívico–militar, nos unían los sueños de construir un Chile diferente y mejor. Fue un camino difícil, en el que frente a la opción de quedarnos tranquilos en nuestros hogares, observando en cómo se destruía social, política y económicamente al país y se asesinaba, desaparecía, encarcelaba y torturaba a nuestro pueblo, asumimos la decisión de luchar en forma frontal en contra del “mismo tirano inmemorial”.
Nuestros hermanos y hermanas rodriguistas asesinados en la “Operación Albania”, como la denominó la Central Nacional de Informaciones (CNI) fueron parte de la generación que tomó la decisión de doblegar “la noche sin gloria” y “ayudar al pueblo en la victoria, con la urgencia de su dignidad”.
–José Valenzuela Levy, 28 años, integrante de la Dirección Nacional del FPMR e integrante de la “Tarea Militar”, graduado como oficial de ejército en Bulgaria y luego combatiente internacionalista. Fue el jefe de la emboscada al dictador en 1986, la “Operación Siglo XX”.
–Ignacio Valenzuela Pohorecky, 30 años, Ingeniero en Ejecución Química de la Universidad de Santiago (USACH). En 1979 se integró al “Frente Cero”, precedente del FPMR, cuya Dirección Nacional había integrado poco antes.
–Juan Henríquez Araya, 28 años, graduado como oficial en Tropas Generales en Cuba, al calor de la “Tarea Militar”. Al momento de su muerte era el jefe de una escuela clandestina en la calle Varas Mena. Era nieto del exdiputado comunista Bernardo Araya Zuleta, detenido y desaparecido por la DINA en 1976.
–Wilson Henríquez Gallegos, 26 años. Era obrero de la construcción. Formaba parte del Equipo de Operaciones Especiales del FPMR y había sido instructor de la misma escuela en calle Varas Mena.
–Julio Guerra Olivares, 29 años y uno de los participantes del atentado al dictador en 1986, como fusilero. Había sido uno de los fundadores del Comité de Derechos Humanos en Forestal, Viña del Mar. En 1983 fue de los primeros rodriguistas en Valparaíso y Viña.
–Ester Cabrera Hinojosa, 22 años, estudiaba en un Preuniversitario y había sido participante destacada del movimiento estudiantil secundario. En 1986 estuvo detenida cerca de cuatro meses. Combatiente rodriguista.
–Elizabeth Escobar Mondaca, 29 años, asistente de ventas. Combatiente rodriguista.
–Patricia Quiroz Nilo, 29 años. En 1979 había ingresado a estudiar Lenguas Clásicas en la Universidad de Chile. Fue pareja de Patricio Acosta. Combatiente rodriguista.
–Patricio Acosta Castro, 26 años, había estudiado Ingeniería en la USACH. Instructor y Combatiente rodriguista.
–Ricardo Rivera Silva, 24 años. Era oriundo de Lota y su familia experimentó la represión tras el Golpe de Estado. En esa ciudad formó la Agrupación Cultural Víctor Jara. Era jefe de unidades operativas del FPMR.
–Manuel Valencia Calderón, 20 años. Dio sus primeros pasos en el compromiso social en una comunidad cristiana del sector Caro–Ochagavía. Combatiente rodriguista.
–Ricardo Silva Soto, 28 años, estudiante universitario en la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile y ex alumno del Instituto Nacional. Había sido segundo jefe del Frente en Concepción.
Todos ellos fueron parte de la generación de jóvenes y no tan jóvenes, que integraron el Frente Patriótico Manuel Rodríguez para luchar frontalmente en contra de la dictadura, que encabezaba Augusto Pinochet, las Fuerzas Armadas y Carabineros, junto a civiles que hoy son parte de la UDI, RN y los así denominados Republicanos, Nacional Libertarios y Social Cristianos, que realmente no tienen nada de republicanos, libertarios ni cristianos.
Desde la fundación del FPMR el 14 de diciembre de 1983, nos comprometimos a luchar para terminar con la Constitución del 80, por terminar con las AFP, por salud y educación gratuita, por salarios y viviendas dignas, por juicio y castigo a los criminales, por verdad y justicia.
La matanza de Corpus Christi buscaba desarticular el FPMR, después de lo ocurrido en 1986, con la internación de armas en el norte del país y su posterior descubrimiento, junto con el atentado al tirano, y además el Paro Nacional del 2 y 3 de julio. En definitiva, la dictadura y los órganos regresivos buscaba neutralizar al Frente o a lo menos atemorizarnos con una acción criminal. Estos hechos además se dieron en medio de profundas discusiones y discrepancias políticas entre el Frente y la Dirección del Partido Comunista.
Este crimen hubiese sido mayor, de no haber sido por la decisión valiente y de gran coraje de los hermanos rodriguistas, Juan Araya y Wilson Henríquez asumieron la resistencia y defensa de ese lugar en Varas Mena, lo que permitió salvar a 12 combatientes rodriguistas que estaban recibiendo instrucción político–militar. Gracias a su coraje lograron escapar por el techo de la vivienda transformada en ese momento en un centro de instrucción. Si bien es cierto para nosotros cómo organización fue un tremendo y doloroso golpe, la actitud de Juan Waldemar y Wilson fue una inyección de ejemplo, arrojo y valentía, cómo también lo fueron los hermanos y hermanas cobardemente torturados antes de ser asesinados y que resistieron hasta el último aliento con valentía, coraje y mística rodriguista.
A la dictadura y a la CNI, una vez más nuestro compañeros y compañeras les demostraron hasta donde se podía llegar cuando existía dignidad, convicciones y decisión, cómo era su resolución de enfrentar y combatir a la tiranía, cosa que hoy muchos pretenden esconder o tapar en la historia, omitiendo el papel clave del combate frontal y decidido a la dictadura, que no fue solo una actitud y decisión de los rodriguistas, sino también de los miristas, los comunistas, los socialistas, los mapucistas, los cristianos de izquierda, y también de no pocos independientes. En fin, de hombres y mujeres de nuestro pueblo.
En mi caso, encontrándome en prisión en esos dos días, el hecho fue un golpe tremendo. Conocí y compartí sueños, militancia y luchas con varios de ellos y es por eso que el dolor estaba acompañado de mucho bronca hacia nuestros enemigos. Una semana después fui trasladado a la Fiscalía militar y al llevarme en presencia del Fiscal Militar Fernando Torres Silva, con firmeza y encadenado levante mi mano y apuntándole con mi dedo le dije: “Te comunico a nombre de la Dirección Nacional del Frente Patriótico Manuel Rodríguez que estás condenado a muerte por el asesinato cobarde de nuestros 12 hermanos y hermanas”. Realmente esa actitud impensada e improvisada fue una forma de asumir el ejemplo y la valentía de los y las rodriguistas asesinados.
Hoy cuando se instalan en nuestra sociedad el negacionismo y junto con ello la pérdida de memoria, es muy importante recordar, más que desde el dolor, desde la dignidad y nuestras convicciones, reivindicando el ejemplo de nuestros hermanos y hermanas, así como de todas y todos los que combatieron con lo que tenían a mano la dictadura civil y militar.
Nuestros héroes y mártires de Corpus Christi, estas y estos 12 rodriguistas sacrificaron sus vidas por sueños que hoy muchos quieren olvidar. ¡¡¡POR ELLO NUESTROS 12 HERMANOS Y HERMANAS SON DE ESAS Y ESOS QUE NUNCA MUEREN!!!
Vasili Carrillo. El autor fue “combatiente internacionalista” en el contexto de la “Tarea Militar” de la Izquierda chilena. Fue preso político del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR).
Crónica Digital.
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