Crónica Digital. 26 junio, 2026
Hoy, 26 de junio de 2026, se cumplen 118 años del natalicio de Salvador Allende Gossens, una de las figuras más trascendentales y universales de la historia de Chile y América Latina. Conmemorar su nacimiento no es solamente un ejercicio de memoria histórica o nostalgia republicana: es una invitación a reflexionar sobre la persistencia de un horizonte, la dignidad en la práctica política y el valor de la consecuencia democrática.
El Hombre y el Médico Social
Nacido en Valparaíso en 1908, Allende creció en el seno de una familia de tradición radical, masónica y laica. Su vocación original fue la medicina, una disciplina que en su juventud no entendió como una mera profesión clínica, sino como un compromiso social profundamente transformador.
Como Ministro de Salubridad en el gobierno del Frente Popular, encabezado por el Presidente Pedro Aguirre Cerda, a la temprana edad de 31 años Allende ya advertía que las enfermedades de la población no se combatían solo con fármacos, sino con vivienda digna, nutrición adecuada y justicia social.
Esta visión integral del bienestar humano fue el fundamento de su larga e infatigable carrera parlamentaria como diputado y senador, y forjó al líder que recorrería Chile una y otra vez, de norte a sur, escuchando las demandas de los mineros del carbón, de los campesinos del valle central y de los obreros del salitre.
La Vía Chilena al Socialismo: Una Utopía Democrática
El gran legado conceptual y político de Allende fue, sin duda, la Vía Chilena al Socialismo, una transformación profunda de la sociedad chilena con apego a la cultura y la historia del país, que fue sintetizada en la hermosa metáfora de “un socialismo con sabor a empanadas y vino tinto”.
A diferencia de los modelos revolucionarios que imperaban en el siglo XX global, Allende y la Unidad Popular –una coalición de marxistas, laicos y cristianos– propusieron una audaz e inédita propuesta: construir una nueva sociedad socialista en base a la institucionalidad y las herramientas de la democracia.
Durante sus mil días de gobierno, y a pesar de una asfixiante polarización interna y una feroz intervención extranjera, el Gobierno de Allende impulsó transformaciones estructurales profundas, que dejarían un legado profundo para Chile.
La principal fue la Nacionalización del Cobre, definida como la “segunda independencia”, que devolvió a la sociedad chilena el control de su principal riqueza natural, lo que ha representado un pilar determinante en la expansión de la economía del país.
En segundo término, la Profundización de la Reforma Agraria, que buscó terminar con el latifundio y devolverle la dignidad jurídica y económica a las y los campesinos, que a la larga significó la modernización de las relaciones sociales y de producción en el agro.
La puesta en marcha del Medio Litro de Leche, política pública masiva orientada a erradicar la desnutrición infantil y garantizar el desarrollo biológico de las nuevas generaciones, y que perduró en el tiempo por su dimensión estratégica para el progreso del país.
La Democratización de la Cultura, a través de iniciativas de alfabetización y la mítica editorial Quimantú, que puso la literatura universal al alcance del bolsillo obrero en forma masiva, y la expansión de la cobertura de la educación pública, generando una nueva clase media.
El Legado de la Consecuencia
El desenlace de su proyecto el 11 de septiembre de 1973, con un cruento Golpe de Estado que contó con el respaldo de la derecha política y económica aliada a los Estados Unidos, es una herida abierta en la memoria colectiva de Chile, pero también fue el momento en que Allende transitó de líder político a icono universal de la dignidad humana.
Rodeado por el fuego y acosado por la traición institucional, rechazando las ofertas de exilio de los golpistas, Allende eligió permanecer en el Palacio de La Moneda, defendiendo hasta el final la democracia y las instituciones republicanas. Su último discurso, transmitido por Radio Magallanes, fue un testamento político impregnado de una fe inquebrantable en el ser humano y en el porvenir.
“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, señaló.
Su decisión de no rendirse ante la bota militar dotó a su figura de una estatura moral de envergadura incalculable. Al entregar su vida en el cargo para el cual fue democráticamente elegido por la soberanía popular, Allende defendió no solo su programa de gobierno, sino la supremacía de la voluntad de la ciudadanía y los principios de la democracia.
Allende a los 118 años: Memoria hacia el Futuro
Celebrar el natalicio 118 de Salvador Allende en pleno Siglo XXI obliga a rescatar su figura del bronce estático. Allende debe ser discutido, analizado en sus aciertos y en sus errores, pero sobre todo, debe ser comprendido como un faro de coherencia.
En un mundo contemporáneo fragmentado y marcado por la incertidumbre, a menudo desencantado de la política tradicional y enfrentado a profundas crisis de desigualdad y la amenaza de nuevos autoritarismos, el nombre de Salvador Allende sigue resonando como sinónimo de lealtad hacia los postergados.
Su vida nos recuerda que la política cobra un sentido real y profundo cuando se transforma en un instrumento de emancipación humana, y que los grandes cambios sociales se construyen de cara a la ciudadanía y con un profundo respeto por la libertad.
A 118 años de su nacimiento, aquellas palabras finales siguen vibrando con una vigencia asombrosa. Las grandes alamedas se siguen abriendo cada vez que hombres y mujeres libres caminan decididos hacia la construcción de una sociedad mejor y más justa.
No hay duda: Allende vive para siempre en la memoria de los pueblos de Chile, América y el mundo entero.
Crónica Digital.
LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTE ARTICULO, SON DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DEL AUTOR.
