Por: María José Peñailillo. Magister en Comunicación Estratégica
El Ciudadano. 28/06/2026
Hoy, es común ver a los ciudadanos repitiendo una serie de afirmaciones absurdas y defendiendo ideas que no solo los perjudican directamente, sino que incluso destruyen la escasa justicia social que protege al país de una exacerbación de la inequidad y la pobreza.
«Había una vez un hombre libre llamado Justicia que un día fue a ayudar a un esclavo llamado Chili que estaba siendo azotado por su amo, al ver tanta injusticia le arrebató el látigo al amo y lo azotó de vuelta en reprimenda mientras le decía a Chili: »Ahora eres libre, ¡por fin eres libre!», pero Chili en vez de agradecerle, le quitó el látigo, levantó a su amo y le entregó el látigo de vuelta.
Justicia, no podía creer lo que sus ojos acababan de presenciar y aunque estaba decepcionado le dijo a Chili: “Tú sabes dónde encontrarme, por si algún día quieres ser verdaderamente libre”.
Pasaron los días y el amo se curó de la reprimenda sufrida a manos de Justicia y ya recuperado decidió que quería vengarse, por lo que mandó a Chili a matar a Justicia.
Chili nunca pensó en cómo el hombre libre lo había ayudado, ni tampoco pensó en todas las palizas que había recibido durante tanto tiempo, era como si hubiera olvidado toda la crueldad de la que había sido víctima por parte de su amo o tal vez era obediencia extrema o una falta de conciencia por su realidad.
Un día Chili se propuso cumplir con la tarea encomendada por su amo, engañó al hombre libre haciéndole creer que ahora sí quería recuperar su libertad, fue a casa de Justicia y sin previo aviso lo mató.
El amo para no dejar rastros de este hecho pidió que se quemará la casa de Justicia, para no dejar huellas, pero su miedo a ser delatado fue tan grande, que para evitar que Chili se sublevara o pudiera delatarlo, decidió matarlo también». (Autor desconocido).
¿Cómo se explica que muchos celebren los embargos del CAE mientras a los grandes conglomerados les condonan miles de millones de dólares?
Es relevante señalar que los nombres de los personajes de esta fabula fueron modificados, con la finalidad de orientar la reflexión a la situación actual de nuestro país, de manera de evidenciar cómo muchos ciudadanos prefieren seguir siendo engañados y defender ciegamente a quien abusa de ellos.
Lamentablemente, desde mi perspectiva, Chile se ha convertido en un país con alma de esclavo, en la que es común ver personas defendiendo medidas injustas; pero no los culpo, pues llevan años siendo machacados con narrativas que los han convencido de ideas absurdas; ya lo decía el famoso filósofo francés Voltaire: “Quien es capaz de hacerte creer en absurdos, es capaz de hacerte cometer injusticias”.
Hoy, es común ver a los ciudadanos repitiendo una serie de afirmaciones absurdas y defendiendo ideas que no solo los perjudican directamente, sino que incluso destruyen la escasa justicia social que protege al país de una exacerbación de la inequidad y la pobreza.
En este sentido hay una serie de preguntas que me hago constantemente:
¿Cómo se explica que más del 85% de la población pertenezca a Fonasa y defienda que se inyecten más recursos al sistema privado que al público para resolver las necesidades oncológicas?
¿Cómo se explica que nuestra alma de esclavo justifique un castigo para los vándalos de medio pelo, pero premios para los vándalos de cuello y corbata?
¿Cómo se explica que muchos celebren los embargos del CAE mientras a los grandes conglomerados les condonan miles de millones de dólares?
…he logrado identificar al menos tres tipos de arquetipos de esclavos, en base a los patrones más comunes de narrativas observadas en redes sociales.
¿Cómo se explica que aún algunas personas crean que el aumento de la bencina en Chile fue causado por una guerra en Medio Oriente o, peor aún, que crean que el MEPCO es una especie de ahorro o caja chica que fue vaciada? ¿Será que estás personas aún justifican el alza en un 30% al valor del combustible y por defecto el aumento del costo de la vida en alimentos, vivienda, etc?
¿Cómo se explica que un país donde más del 50% de los trabajadores gana menos de $700.000 defienda a ciegas que se quiera aumentar las utilidades de las empresas con una reforma tributaria encubierta, pero al mismo tiempo no se moleste con que solo se comprometan con un aumento del sueldo mínimo en $14.000, el cual es insignificante en relación con la inflación?
Sé que muchos responderán a estas preguntas con la frase “¡Se robaron todo!, ¡estamos en quiebra!; si estás pensando en responder aquello, tengo otra pregunta:
¿Cómo se entiende la contradicción entre un Estado austero con solicitar endeudar al Estado en 6.000 millones de dólares adicionales y con plantear una reforma tributaria que genera un déficit fiscal con nulas proyecciones de compensación y crecimiento?
Podría seguir haciéndome preguntas y probablemente seguiría sin comprender tantos absurdos, por lo que dejaré que cada lector pueda formular sus propias conjeturas frente a estas preguntas.
Si bien nunca tendremos la certeza de los múltiples factores que hacen que una persona tenga ciertas visiones sobre la vida, he logrado identificar al menos tres tipos de arquetipos de esclavos, en base a los patrones más comunes de narrativas observadas en redes sociales.
Esclavos aspiracionales: Es aquel que sueña con un día ser como su amo, por lo que defiende la idea del abuso no porque le parezca correcto, sino que indirectamente cree que este sistema tarde o temprano lo beneficiará.
Debo decir que estos tres arquetipos no necesariamente representan personas reales, pues muchas pueden ser incluso construcciones digitales de fantasía, como lo son las granjas de bots; aunque reales o no siguen siendo igual de preocupantes, pues crean precedentes y movimientos de masas.
A continuación, detallo los tres arquetipos de esclavos:
- Esclavos obedientes: Son aquellas personas que aún no se dan cuenta que son esclavos del sistema, son personas que tienen tan internalizada esa obediencia abusiva, que pareciera que lo han integrado a su estructura de personalidad, aceptando sin cuestionamiento la realidad tal y como está. Son todas esas personas que se aterran con la idea de ir contra las normas o reglas establecidas, tanto así que, si en el pasado solo hubieran existido personas con este tipo de pensamiento, probablemente hoy aún tendríamos a los niños trabajando en las fábricas o recibiendo el sueldo en fichas o en especies, porque asumirían dichas condiciones como una regla establecida y hubieran dicho frases como: “Para qué aceptaron si se van a estar quejando; es así no más la cosa”. A estas personas hoy las puedes escuchar diciendo frases como: “Eso les pasa por no leer los contratos antes de firmar el CAE; si firmaron tienen que pagar y punto”.
- Esclavos resentidos: En segundo lugar, tenemos a aquellas personas conscientes de que en el pasado fueron esclavos o que aún viven bajo el yugo del sistema, pero por resentimiento desean que los demás vivan los mismos sacrificios o incluso ojalá vivan peores situaciones, para que aprendan lo que cuestan las cosas. Este tipo de persona está convencida de que el sufrimiento es el único camino para alcanzar cierta estabilidad o dignidad, por lo tanto, quienes no pasen por dicha tortura, se deben crear mecanismos que coarten las posibilidades de dichas personas, de manera que estas personas pasen por las mismas precariedades o incluso pasen por situaciones peores a la suya. Es un perfil de persona que bordea entre la indolencia y la venganza. Ese esa típica persona que dice frases como: “Yo sufrí y salí adelante sola y nunca le pedí ayuda al Estado”.
- Esclavos aspiracionales: Es aquel que sueña con un día ser como su amo, por lo que defiende la idea del abuso no porque le parezca correcto, sino que indirectamente cree que este sistema tarde o temprano lo beneficiará. Es aquella persona que sueña con el día en que sea él quien tenga el látigo. Es ese perfil de persona que no se involucra en ninguna lucha social, porque no se siente parte de dicho grupo, a pesar de que por su situación económica es usuario de muchos de los beneficios sociales logrados por los movimientos sociales que tanto critica. Son esas personas que usan al Estado como instrumento para alcanzar su éxito, pero una vez alcanzado el éxito niegan la presencia del Estado como pilar fundamental para el logro de sus metas o, peor, son obstruccionistas de ciertas políticas públicas, pero luego las usan sin remordimiento. Es esa persona que dice frases como: “las feministas se hacen las víctimas, los hombres están desprotegidos¨, pero, al mismo tiempo demanda a su ex pareja defendiéndose con la misma ley que fue promovida por las feministas que tanto criticaba.
Solo puedo decir que, si no te identificas con ninguno de estos arquetipos, probablemente seas esa persona libre que aún sueña con un mundo justo y con conciencia social.
Solo espero que un día Chile tenga más almas libres que luchan por la justicia social y que más temprano que tarde aprenda que la paz social se alcanza cuando los ciudadanos dejen de defender a quien abusa de ellos y dejen de ser esclavos de su propia historia de vida.
María José Peñailillo
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