El Ciudadano. 09/07/2026
El gobierno pide sacrificios a trabajadores y trabajadoras, pero en la parte alta del Estado sus autoridades y asesores se suben los sueldos por millones. La austeridad que prometían contra los privilegios terminó siendo, otra vez, para el pueblo.
Las autoridades del gobierno de José Kast parecen haber encontrado una curiosa manera de entender la austeridad: pedir sacrificios a trabajadores y trabajadoras, mientras en la parte alta del Estado los sueldos suben sin pudor.
Durante sus campañas presidenciales, el propio Kast prometió bajarse el sueldo a la mitad. Sin embargo, la realidad ha ido en sentido contrario: hoy está ganando casi el doble que Boric. La promesa de sobriedad republicana quedó, una vez más, reducida a consigna de campaña.
Lo mismo ocurre con su entorno. Quienes durante años hablaron de los “parásitos del Estado” no han tenido problemas en instalar asesores con remuneraciones que casi alcanzan los 10 millones de pesos. Peor aún: varios asesores contratados son militantes sin experiencia laboral previa. Pero eran los mismos que se burlaban de los “chiques” del Frente Amplio.
La contradicción se vuelve todavía más escandalosa cuando se mira lo que ocurre en salud. Mientras trabajadores y trabajadoras de la atención primaria denuncian desfinanciamiento en la salud municipal, falta de recursos y precariedad en los territorios, a los seremis de Salud se les aumenta el salario en un 20%.
Hospitales sin implementos médicos, consultorios tensionados y comunidades esperando atención, mientras militantes de la derecha aparecen mejorando sus condiciones salariales desde el aparato estatal. La austeridad, al parecer, no corre para todos.
¿Puede ser más escandalosa esta situación? Lamentablemente sí.
En el Ministerio de la Mujer, ese mismo ministerio que sectores de la derecha querían destruir, se registran aumentos de sueldo para funcionarias de hasta un 35%, con remuneraciones superiores a los 8 millones y medio de pesos. Para las mujeres trabajadoras, para las funcionarias de base y para quienes sostienen los cuidados todos los días, el discurso es ajuste. Para las autoridades nombradas por el gobierno, la respuesta son millones.
La doble vara queda todavía más clara al recordar la discusión sobre el salario mínimo. Cuando se trató de mejorar los ingresos de quienes viven de su trabajo, el gobierno no estuvo dispuesto ni siquiera a aumentar 10 mil pesos sin poner reparos. Cada peso para las y los trabajadores fue tratado como una amenaza fiscal.
Pero cuando se trata de funcionarios de confianza, asesores y autoridades designadas por el gobierno de Kast, la billetera pública parece abrirse con mucha más facilidad. Para abajo, austeridad. Para arriba, reajustes millonarios.
Y todo esto ocurre en medio de una crisis del empleo, con familias endeudadas, salarios que no alcanzan y trabajadores llamados una y otra vez a “apretarse el cinturón”. Incluso se les pide aceptar peores condiciones o trabajar por menos plata. Sin embargo, cuando se trata de ellos, se aumentan los sueldos con nuestra plata.
No se trata solo de montos. Se trata de coherencia política. Quienes llegaron al poder prometiendo terminar con los privilegios hoy aparecen administrándolos en beneficio propio. Quienes hicieron carrera acusando abusos del Estado hoy usan ese mismo Estado para mejorar remuneraciones en la cima.
El doble estándar queda a la vista: la austeridad era para el pueblo, no para el gobierno.
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