Por: Víctor Osorio. Periodista y uno de los fundadores de “Crónica Digital”.
Crónica Digital. 12 julio, 2026
Porque la preservación de su memoria nos ha unido más allá de las fronteras
Augusto Olivares Becerra, conocido entrañablemente en el gremio y la opinión pública como “El Perro” Olivares, fue mucho más que un periodista: fue una figura fundamental del Chile democrático y popular del siglo XX, un intelectual crítico y comprometido con un horizonte de cambios y, finalmente, un mártir de la dignidad, quien ofrendó su vida junto al Presidente Salvador Allende el martes 11 de septiembre de 1973 en el Palacio de La Moneda.
Aparte de su destacada labor en medios de comunicación social, desde Televisión Nacional de Chile (TVN) hasta la revista “Punto Final”, fue además académico de la disciplina en la Universidad de Chile y Consejero Nacional del Colegio de Periodistas. Nació en Punta Arenas el 27 de junio de 1930, hace 96 años. El diario electrónico “Crónica Digital” en buena parte de sus 21 años de historia, ha entregado el Premio a la Dignidad Augusto Olivares.
Se ha celebrado en Chile el Día del Periodista, con motivo de la formación del Colegio de Periodistas en 1956, formado con el propósito de organizar los profesionales de la prensa, promover su ejercicio ético y velar por la dignidad del gremio. A nivel mundial, suele ser conmemorado el 8 de septiembre, en honor a Julius Fučík, periodista checo ejecutado por la dictadura nazi en 1943 en la Segunda Guerra Mundial.
LA PASION POR LA VERDAD
Augusto Olivares desarrolló una carrera marcada por la versatilidad y la profundidad. Su voz y su pluma recorrieron los medios más influyentes de su época. Comenzó su camino en la Radio Magallanes, lo que le brindó la capacidad de conectar de una manera directa con las audiencias. Fue notable su labor como reportero en el diario “La Tercera”, primero, y luego redactor político en “Las Noticias de Última Hora” y en “Clarín”, en los cuales demostró su agudeza analítica y su incansable búsqueda de la noticia.
También destacó en Canal 9 de la Universidad de Chile, donde fue llevado por Mario Planet, uno de los grandes maestros de la historia del Periodismo chileno, Director de la Escuela de Periodismo de la Casa de Bello y primer Decano de su Facultad de Ciencias Sociales.
Olivares fue también parte del equipo fundacional de la revista “Punto Final”, junto a sus amigos y colegas Manuel Cabieses, Mario Díaz y Carlos Jorquera. De hecho, en el “Consejo de Redacción” aparecieron desde el N° 10 de la segunda quincena de agosto de 1966, en el momento que dejó de ser una publicación que ofrecía un único reportaje en profundidad para transformarse en revista de actualidad general. Pronto devino además en una especie de portavoz oficioso de la “izquierda revolucionaria” y en amiga principal de la Revolución Cubana en Chile.
A pesar de las responsabilidades que ocupó en el Gobierno de la Unidad Popular, Olivares apareció en el “Consejo de Redacción” de “Punto Final” hasta su edición 192, que apareció en la mañana del 11 de septiembre de 1973.
En diciembre de 1968, el libro “Ali–Baba y sus 40 Periodistas” de Hernán Puelma, escrito con tonó de humor, presentó el siguiente perfil de Olivares: “Alto, gordo, guatón, de gruesos lentes… bigotes espesos, voz ronca… apodado El Perro (…) Es un hombre serio y correcto (…) Gran compañero de trabajo, especialmente en el extranjero. Firme partidario de Fidel Castro y la Revolución Cubana. Ha estado en varias oportunidades en la Isla”.
“Llena una página como si nada. La gracia es que le resulta bien; es claro, preciso, expone bien los temas que trata. Sabe distribuir las insidias en forma magistral. Se documenta mucho. Lee como condenado y nunca se le verá sin su gigantesco porta documentos lleno de revistas, diarios, folletos y toda clase de publicaciones de los países más exóticos. En ese portafolios conviven en pacífica meditación desde Pekín Informa hasta el ‘New York Times’… pasando por L’Express, Granma y La Pequeña Lulú”, comentó.
Consignó que una de las características que mostraban su condición de periodista era “su apuro contante”, pues “siempre corre, de pega en pega… siempre llega a último momento a todas partes, al segundo. Es un tipo organizado, pero cuentan que ya tiene un principio de surmenage”.
Indicó que “su especialidad son los comentarios internacionales y, dentro de ellos, su pasión anti–Pentágono. En sus comentarios siempre da la interpretación contraria a José María Navasal (…) Ha viajado mucho. Habla o por lo menos entiende varios idiomas”. No obstante, también destacó sus cualidades de investigador del acontecer nacional: “Como buen perro, olfatea hasta debajo del agua y no falta día en que desde su columna salga una explosiva noticia”.
“Muy ligado a las Fuerzas Armadas por su familia, siempre está obteniendo primicias de este sector”, consignó, aludiendo sin mencionarlo, al hecho de que era hijo del mayor del Ejército en retiro Tomás Olivares. Por lo mismo, fue uno de los primeros en advertir con agudeza en la prensa los riesgos para la democracia que comenzaban a advertirse en el alzamiento del Regimiento Tacna en octubre de 1969 y luego, un año después, en el intento de secuestro y asesinato del comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, en una confabulación con civiles y militares, patrocinada por Estados Unidos para intentar impedir que Salvador Allende asumiera la Presidencia de la República.
En una vigorosa crónica sobre estos hechos, Olivares comentó: “Con el triunfo de Allende en las urnas, a la vista, los estadounidenses entraron a considerar válida toda fórmula que obligara a las Fuerzas Armadas chilenas a intervenir para contener la llegada del médico socialista a Lo Moneda”.
Relató: “Durante el curso del día 6 (de septiembre de 1970) estuve en casa del Dr. Allende. Recuerdo bien la fecha porque comenzaron a producirse las primeras manifestaciones de resistencia callejera de la ultraderecha contra el resultado de las urnas”. Rememoró el paso de “caravanas de automóviles elegantes” frente a la residencia de Allende, las que “estaban preparadas para acciones más directas e incluso fue fácil notar que deseaban perpetrar” provocaciones. Recordó que, con el paso de los días, fueron profundizando su violencia.
Y comentó: “El Presidente Allende, un hombre que raras veces pierde su serenidad, tenía plena confianza ‘en los mecanismos democráticos del país’. Nosotros prensábamos que incluso se atentaría contra su vida, y recuerdo que desde entonces empezó a hablarse de la necesidad de cambiar de casa… (y) buscarle un lugar más seguro. Encontramos su oposición. Político con coraje, Salvador Allende dijo que continuaría en su casa. Hechos posteriores fueron modificando su enfoque sobre la conducta ‘democrática’ de los derechistas”.
CON SALVADOR ALLENDE
El libro de Hernán Puelma comentaba en 1968 que Augusto Olivares era “confesor y asesor periodístico de Salvador Allende”. En rigor, el periodista llegó a ser su amigo de confianza y consejero político. Así queda de manifiesto enviada a Olivares por Allende desde Ciudad de México el 7 de junio de 1969, desde Ciudad de México, publicada por revista “Punto Final” en su edición especial Nº 665, en homenaje al centenario de Allende el 26 de junio de 2008, gracias a la Fundación Salvador Allende.
En medio de una gira internacional, Allende decía a Olivares: “Qué lejos veo los problemas nuestros. Qué pequeño aparece a la distancia lo que hemos hecho y qué torpe emerge el personalismo en que se ha caído. Confío tener la voluntad necesaria para seguir luchando, más allá de toda ambición personal, por la gran causa del pueblo latinoamericano. En Chile hay que unir la izquierda, cueste lo que costare. Tú podrías ayudar y mucho. Necesitamos aglutinar los viejos y los nuevos combatientes. Creo que como nunca la levadura social está sacudiendo nuestras patrias. No podemos seguir en lo insustancial y en lo bizantino; es demasiado grande la responsabilidad que tenemos (…) Tienen que prepararse, más allá de todo sectarismo y de toda claudicación”.
Concluía: “Para Mirella mi recuerdo cariñoso; para el clan perruno, hombres y mujeres, mi afecto”.
Se refería Allende a Mirella Latorre Blanco, esposa de Olivares desde 1962. Era hija del celebrado escritor Mariano Latorre, Premio Nacional de Literatura en 1944, famosa desde los años 1940 por los radioteatros, fama que se vio consolidada con su paso a la televisión a principios de la década de 1960, como presentadora de los programas más estelares de la época. En tiempos de la Unidad Popular, debutó con el programa “Buenas tardes Mirella”, uno de los espacios más recordados y queridos de esos años.
Una vez que Allende asumió la Presidencia de la República, el Mandatario lo designó como director ejecutivo de Canal 7, Televisión Nacional de Chile, el que daba sus primeros pasos, pues había sido creado el 31 de enero de 1969. Al mismo tiempo, lo mantuvo como uno de sus colaboradores más estrechos, acompañándolo en giras y escriturando sus discursos.
Cuando apareció un dibujo animado mascota de la estación, un perrito con lentes llamado “Tevito” y que aparecía con la música de “Charagua” de Víctor Jara e Inti Illimani, fue casi inevitable señalar que el personaje se había inspirado en Olivares. Sin embargo, su creador, el dibujante Carlos González, lo desmintió y aseguró que solo fue una coincidencia, pues lo hizo antes que el periodista asumiera en TVN. Fue un fenómeno de masas en la audiencia y una de las primeras decisiones de la dictadura cuando se hizo cargo del canal, fue hacerlo desaparecer.
Por esos días, la revista de ultraderecha “Sepa”, patrocinada por la CIA y dirigida por Rafael Otero, creó una caricatura para ridiculizar a Allende, llamada “El reyecito”, inspirada en el personaje creado en los Estados Unidos por Otto Soglow. Tras el personaje, con la cara del Mandatario y la vestimenta monárquica del comic norteamericano, caminaba siempre un pequeño perrito, moviendo la cola y con la cara del periodista.
En la mañana del 11 de septiembre de 1973, Augusto Olivares estuvo junto al Presidente Salvador Allende, con la decisión de acompañarlo y defender el gobierno constitucional. Así lo hizo, resistiendo ambos a los golpistas. No dudó en acudir voluntariamente al palacio de gobierno en un día clave. No lo hizo por alguna imposición normativa, sino por convicción y sentido de la lealtad.
El nombre de Augusto Olivares está grabado en la historia como la primera muerte ocurrida durante el golpe de Estado de 1973. En un escenario de asedio total, luego del bombardeo aéreo a La Monda, Olivares tomó la decisión de no rendirse y quitarse la vida. Su muerte fue un acto de dignidad inquebrantable.
Había utilizado su arma en el baño, utilizando su arma y disparándose en la sien. No falleció en el acto. Arturo Jirón, médico y ex Ministro de Salud intentó reanimarlo. Más tarde, narró: “Cuando el Presidente descubrió el cadáver, hizo una mueca de dolor indescriptible. Luego recuperó su fortaleza y dijo: ‘Vamos a guardar un minuto de silencio por Augusto Olivares’. Ahí, en medio del bombardeo a La Moneda, con el ruido ensordecedor de los disparos, casi sin poder respirar por el humo, y con el fuego a nuestro alrededor, hicimos un minuto de si
En una carta de Miriam Contreras, “la Payita”, a Beatriz Allende, publicada por “The Clinic” en 2003, contó: “Tu padre nos reunió a todos en el pasillo al lado del salón Toesca en los mismos momentos en que subía Cacho –Óscar Soto-, avisando que ya estaban las tropas en la puerta de Morandé, y nos dijo que quería que juntos le rindiéramos homenaje a Augusto Olivares, primer mártir de la revolución”.
Más tarde, la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Informe Rettig) señaló que “la situación de acoso a La Moneda en que Olivares se quita la vida lleva (…) a considerarlo una víctima de la situación de violencia política”.
Los militares hicieron todo lo posible por impedir que su funeral trascendiera a la opinión pública. En la hora de la despedida estuvo su compañera Mirella Latorre, la que luego debió partir al exilio a Francia y Cuba. Pensaban los golpistas que borrarían su memoria. Por cierto, se equivocaron. Más tarde, recibió premios póstumos de la Organización Internacional de Periodistas (OIP) y la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).
EL PREMIO A LA DIGNIDAD
Un año después de la fundación del diario electrónico “Crónica Digital”, entre abril y mayo de 2005, su Consejo Editorial tomó la decisión de establecer un “premio a la dignidad” que tuviera el nombre de Augusto Olivares, como una contribución a la preservación de su memoria histórica y por ser pertinente para designar un reconocimiento que buscara honrar y reconocer la trayectoria y el compromiso ético en el periodismo o la labor pública, sobre todo en lo que se refiere a la defensa de los derechos humanos y la justicia social.
Se consideró que el galardón mantiene viva la memoria de Olivares, destacando los valores de lealtad, valentía y compromiso social que marcaron su vida y su desempeño profesional.
También estuvo presente el ejemplo de Augusto Olivares para el periodismo, mostrando que es posible respetar los principios de veracidad y presentación de hechos verificables, sin que ello sea sinónimo de la pretensión inalcanzable de una objetividad que suele ser, a menudo, una máscara que oculta la posición ideológica del emisor. La honestidad intelectual y el compromiso con los principios de la democracia y los derechos humanos son valores superiores a una objetividad ilusoria. Tomar una postura no significa renunciar al rigor.
Olivares comprendió que en sociedades donde la desigualdad y la injusticia son sistémicas, la supuesta objetividad puede convertirse en una herramienta de complicidad con el “statu quo”. Así, la toma de posición se convierte en un ejercicio ético: una apuesta clara por la veracidad, la transparencia y la construcción de una sociedad mejor informada.
El primer galardonado fue el sacerdote jesuita José Aldunate, también Premio Nacional de Derechos Humanos y Premio Nobel Alternativo de la Paz, figura emblemática de la causa por la verdad y la justicia, desde los tiempos de la dictadura con el Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo y el movimiento de comunidades cristianas de base.
Entre las numerosas personas que han recibido el reconocimiento pueden mencionarse el Premio Nacional de Literatura Volodia Teitelboim, escritor y ex timonel comunista; el Obispo Jorge Huorton, uno de los principales colaboradores del cardenal Raúl Silva Henríquez en la defensa de los perseguidos por la dictadura de Augusto Pinochet; el cantautor Francisco Villa; Rolando Jiménez, fundador del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVIHL); Mireya Baltra y Pedro Felipe Ramírez, ex Ministros del Presidente Allende; y el periodista Marcel Garcés, director de “Crónica Digital”, periodista de larga trayectoria y uno de los integrantes del programa “Escucha Chile”, transmitido al mundo por Radio Moscú, entre otros.
En la decisión de una parte de estos premios participó el ex ministro Juan Guzmán Tapia, que pasó a la historia por ser el primer juez que persiguió judicialmente en Chile a Augusto Pinochet, y que luego de su retiro de la magistratura se incorporó al Consejo Editorial de “Crónica Digital”.
La última entrega del Premio se registró en mayo pasado, en la Casa del Gobierno de Buenos Aires, y fue otorgado a Emiliano Hueravilo, José Angulo, Ernesto Ljderman y Buscarita Roa.
Hueravilo nació en cautiverio en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada y es hijo de un chileno de origen mapuche y una argentina, ambos detenidos desaparecidos; Angulo es fundador de la Comisión de Derechos Humanos de Chilenos en la Argentina; Ernesto Lejderman, hijo de un argentino y una mexicana que trabajaron para el Gobierno de la Unidad Popular y fueron asesinados por la dictadura en la Región de Coquimbo; y Buscarita Roa, única chilena que integra las Abuelas de Plaza de Mayo, en que es vicepresidenta.
Fue un encuentro que mostró que la figura de Augusto Olivares no solamente está viva en la memoria, sino que es capaz de hacerse presente y unir historias dispersas más allá de las fronteras nacionales pero que convergen en la defensa de sueños que parecieron rotos, pero que se mantienen en pie. De ello dio en la oportunidad nuestro hallazgo del testimonio de la doctora argentina Irene Cutillo, recogido en su libro “El Chile de Antes”, el que cuenta su historia de profesional argentina que llegó a Santiago en los tiempos de la Unidad Popular, convocada por el horizonte que mostraba el proyecto allendista, incorporándose a trabajar en un modesto centro de salud de la población La Pincoya. Sus sueños fueron rotos el día que murió Augusto Olivares, mientras su compañero de entonces, también argentino, era detenido por la soldadesca en la Universidad Técnica del Estado.
Todo ello remite, como lo consignó el colega Marcel Garcés, a “una épica que hemos vivido colectivamente, con las mismas inquietudes e incertidumbres, pero también con proyectos y esperanzas que nos han acompañado desde siempre, que no nos quieren abandonar, y no queremos dejar de lado”.
“La historia no es para nosotros un texto polvoriento, desechable, sino que nos entrega una experiencia que alimenta nuestras vidas”, sentenció.
Santiago, 12 de julio de 2026.
Crónica Digital.
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