Por: Víctor Osorio. Periodista.
Crónica Digital. 17 julio, 2026
Hoy, 17 de julio de 2026, se conmemora lo que habría sido el 94° cumpleaños de Joaquín Salvador Lavado Tejón, universalmente conocido como “Quino”. Aunque su pluma dejó de trazar líneas creativas sobre el papel en 2020, su legado permanece más vigente que nunca: una brújula ética y estética que sigue ayudando a descifrar la complejidad de la condición humana y las realidades sociales.
Sin duda, fue conocido y reconocido en forma universal por su creación de Mafalda, esa entrañable niña, personaje que llegó por primera vez a Chile en abril de 1970, durante la campaña presidencial de Salvador Allende, en las páginas del diario allendista “Puro Chile”, creado por los grandes periodistas José Gómez López y Eugenio Lira Massi.
La publicación de las tiras se hizo inicialmente sin la autorización del creador, que un día llegó molesto a la redacción del tabloide matutino, en Alameda con Manuel Rodríguez, pero que al conocer, en las voces de Gómez López y Lira Massi, el sentido social y político del proyecto de “Puro Chile”, no solo les dio autorización, sino que los alentó a seguir haciéndolo y perseverar en el camino que se habían trazado.
De hecho, Quino era un hombre de pensamiento inequívoco. En una entrevista para el diario “Página 12” en 2004, manifestó: “El capitalismo también se va a ir al carajo. Esto no puede continuar así. Yo lo que espero es que a la larga se intente otra forma de socialismo. No igual al que ya fue, pero para mí sigue siendo el mejor sistema de gobierno”.
–¿Morirá siendo socialista?
–Sí, por supuesto. Esa es la mejor forma de gobierno que concibo, el mejor sistema. Apenas tuvo 70 años para expresarse y es probable que estuviera mal aplicado. Si pensamos que al cristianismo le llevó tres siglos imponerse, ¿por qué no podemos pensar que el socialismo regresará y finalmente podremos vivir en un sistema más justo y humano para todos?
En otra entrevista que concedió a “Página 12” en 1999 se le preguntó: “Usted se define como humanista y simpatizante del socialismo. ¿No se siente una especie en extinción?”. Respondió: “Yo creo que a la larga el socialismo –o una cosa que lo reemplace pero que se le parezca bastante– va a encontrar su lugar. El capitalismo se va a ir al demonio”. Agregó: “Esto no puede durar demasiadas décadas más sin que explote por alguna parte”.
En una conversión con la revista “Cambio 16” de España, el 6 de junio de 1988. el dibujante recordó que en Italia vivió una princesa llamada Mafalda, que murió en Auschwitz, bajo la dictadura nazi. Y Quino comentó: “Mafalda nunca habría llegado a ser adulta. Ella estaría entre los 30.000 desaparecidos de Argentina’”.
LA TRAYECTORIA
Nacido en Mendoza, Argentina, en 1932, Quino descubrió su vocación de dibujante a una edad temprana, gracias a la influencia de su tío Joaquín, un talentoso artista gráfico. Su trayectoria no fue el camino de un dibujante convencional: en rigor, fue un filósofo visual.
Tras abandonar la Escuela de Bellas Artes por aburrimiento ante las técnicas académicas, Quino se lanzó a la aventura de la historieta. En 1954, publicó su primera página en el semanario “Esto Es”, marcando el inicio de una carrera definida por la precisión del trazo y la profundidad del pensamiento.
En 1964, en la revista argentina “Primera Plana”, nació su creación más icónica: Mafalda. Lo que comenzó como encargo publicitario para una línea de electrodomésticos se transformó rápidamente en un fenómeno social y cultural de enorme envergadura.
Mafalda no era solo una niña que odiaba la sopa; era el espejo crítico de una sociedad convulsa e injusta. A través de ella y su inolvidable grupo de amigos (como Felipe, Manolito, Susanita, Libertad y Miguelito, y su hermano Guille), Quino diseccionó la injusticia social y política, la burocracia y la ambición desmedida, las contradicciones de la sociedad, y las esperanzas inquebrantables por la paz mundial.
Aunque dejó de dibujarla en 1973, Mafalda trascendió el tiempo, convirtiéndose en ícono global que ha sido traducido a más de 30 idiomas.
Es vital reconocer que la genialidad de Quino no se limitó a Mafalda. Sus humores gráficos publicados en libros como “Mundo Quino”, “A mí no me grite” o “¡Qué mala es la gente!”, revelan a un artista de una agudeza extraordinaria. En estas obras, Quino exploró el silencio, la soledad, el poder y la alienación de la sociedad contemporánea con un humor negro, irónico y, a menudo, profundamente tierno. Sin necesidad de palabras en muchas de sus viñetas, lograba diseccionar realidades sociales y culturales universales que obligaban a detenernos y reflexionar sobre nuestra propia existencia.
Quino fue mucho más que un creador de viñetas e historietas. Fue un observador incansable de la estupidez humana, pero siempre con un trasfondo de esperanza humanista. Su capacidad para cuestionar el poder, sin perder nunca la empatía por el “hombre y la mujer comunes”, le valió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2014, entre muchos otros reconocimientos internacionales.
Hoy, al cumplirse 94 años de su nacimiento, lo recordamos no con nostalgia, sino con una enorme gratitud. Lo honramos volviendo a abrir sus libros, riendo con sus ocurrencias y, sobre todo, haciéndonos las mismas preguntas incómodas que él nos dejó planteadas: ¿Por qué el mundo funciona como funciona y cómo podemos transformarlo para hacerlo mejor?
Gracias, Quino, por enseñarnos a ver el mundo con los ojos bien abiertos y el corazón alerta.
Víctor Osorio
Santiago, 17 de julio de 2026.
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