Crónica Digital. 9 agosto, 2026
Se trata de un fenómeno de origen reciente, sin precedentes en la historia contemporánea de los Estados Unidos y que ha llegado a representar la principal pesadilla de Donald Trump, así como para los conservadores y extremistas de derecha. Es la irrupción de “Democratic Socialists of America” (DSA), Socialistas Democráticos de América, fuerza crecientemente masiva y que ha actuado preferentemente al interior del Partido Demócrata.
Según sus propias definiciones, los Socialistas Democráticos de América constituyen son la organización socialista más grande de los Estados Unidos, con unos 120.000 miembros y con secciones en los 50 Estados. Piensan que “los trabajadores deben dirigir democráticamente tanto la economía como la sociedad civil para satisfacer las necesidades humanas, no para generar ganancias para unos pocos”.
Lo integran figuras como el Alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y la representante Alexandria Ocasio–Cortez, cuyo nombre ha comenzado a sonar como eventual carta para las primarias presidenciales demócratas. En el período reciente, han logrado la nominación demócrata en varias primarias para la Cámara de Representantes en todo el país, incluyendo victorias en Nueva York y Colorado. Asimismo, encuestas recientes sobre las primarias para gobernador en Wisconsin sitúan a la socialista democrática Francesca Hong a la cabeza.
En Michigan, Abdul El–Sayed, médico que podría ser el primer musulmán en llegar a senador en la historia de los Estados Unidos, se impuso en la primaria demócrata a una candidata respaldada por los sectores tradicionales de la colectividad y por organizaciones del lobby proisraelí.
Sus prioridades políticas son, en primer lugar, promover “un movimiento obrero fuerte”, puesto que “el capitalismo nos enfrenta a unos contra otros y los lugares de trabajo son fundamentalmente autoritarios, a menos que los trabajadores puedan autoorganizarse y construir poder colectivo”. En segundo término, un “Nuevo Pacto Verde”, para responder a “la magnitud de la crisis, priorizando a las personas y al planeta por encima de las ganancias, para construir una economía más justa y sostenible”.
CRECIMIENTO EN EL PUEBLO DEMOCRATA
La reacción de Donald Trump frente a este fenómeno es una evidencia de que hoy es su principal pesadilla. Ha reaccionado atacándolos con furia, señalando que son “comunistas” y que son la principal amenaza para los Estados Unidos. Frente al triunfo de Abdul El–Sayed dijo esta semana, con la profundidad de análisis que se le conoce, que el médico es “un montón de mierda” y afirmó que los demócratas están ahora abrazando el “comunismo”.
“Esta gente es muy peligrosa y, sinceramente, son unos chiflados. Están locos, y no podemos permitir que lleguen al poder”, dijo Trump. Y al borde del delirio, esperó: “El comunismo es la mayor amenaza que ha tenido nuestro país en toda su historia, incluso por encima de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, Pearl Harbor y el 11–S. Creo que es la mayor amenaza”. Y refiriéndose a las propuestas de protección social de DSA, dijo: “Lo que no dicen, y lo que los republicanos deberían decir, es que, al final del año, no te quedará nada más que muerte, miseria y pobreza. Tendrás una vida infernal”.
Estos delirios tienen una cierta “racionalidad”: ocurre que es probable que los demócratas se impongan en las elecciones de medio término de noviembre próximo y que ello sea el primer paso para poner fin a la era Trump. Y si ello ocurre con la DSA con mayores niveles de influencia en el Partido Demócrata, no solo habrá sido su derrota, sino también un revés para el establishment.
Según una reciente encuesta de CNN, alrededor de un tercio de los adultos demócratas y de aquellos con inclinación demócrata se identifican como socialistas democráticos. Según el sondeo, los estadounidenses alineados con el Partido Demócrata que se identifican con los socialistas democráticos, tienden a ser más jóvenes (el 59% tiene menos de 45 años), es menos probable que tengan un título universitario (66% frente a 54%) y más probable que ganen menos de US$ 100.000 al año (76% frente a 65%).
Es más probable que se declaren extremadamente motivados para votar este año (el 66% de los votantes de este grupo, frente al 5 % de los que no son socialistas democráticos), pero ambos grupos apoyan mayoritariamente a los candidatos demócratas al Congreso (el 99% de los socialistas democráticos y el 94% de los no socialistas democráticos). Es más probable que vean con buenos ojos al Partido Demócrata (68% versus 60%) y que tengan una opinión negativa del Partido Republicano.
Ven con mejores ojos la renovación de la cúpula del Partido Demócrata y la nominación de candidatos más jóvenes. Además tienen casi el doble de probabilidades de respaldar que la colectividad se desplace hacia la izquierda en cuestiones políticas.
También difieren del resto del Partido Demócrata respecto de la relación de Estados Unidos con Israel: el 48% afirma que vería con entusiasmo a un candidato que crea que Estados Unidos debería recortar apoyo a Israel, frente al 20% de los que no se consideran socialistas democráticos. Según CNN, luego de tres años de conflicto en Gaza, el asunto “ha marcado muchas de las primarias demócratas de este ciclo electoral”.
También los afines al Partido Demócrata ven con buenos ojos la posibilidad de que nomine a una candidatura que se identifique como socialista democrático. El entusiasmo es mayor entre los socialistas democráticos, pero el 64% de los adultos afines al Partido Demócrata que no se identifican como tales aceptarían o al menos no se opondrían a un candidato de esta hechura política.
LA TRAYECTORIA Y EL FUTURO
La campaña de la precandidatura presidencial del senador Bernie Sanders en 2016, fue el detonante de la expansión de los demócratas socialistas, logrando articular un descontento que recorría la base de la sociedad estadounidense. Frente a la irrupción de Donald Trump en su primera Presidencia, irrumpió una nueva izquierda que consideraba que la respuesta al populismo de ultraderecha no debía ser un posicionamiento en el centro y la moderación, sino una profundización de la disputa.
Así, DSA pasó de 6.000 miembros en 2015 a más de 120.000 en 2026, llegando entonces a ser la fuerza socialista y de izquierda más numerosa y con mayor influencia de la historia contemporánea del país. Tiene una estructura flexible, una enorme coalición con capítulos locales y corrientes internas que conviven, y utiliza las primarias del Partido Demócrata para conquistar espacios de poder.
Así, unos 250 candidatos electos respaldados por DSA ocupan cargos públicos en más de 40 Estados. En el Congreso, figuras como Alexandria Ocasio–Cortez en Nueva York y Rashida Tlaib en Michigan son las caras más visibles de una corriente política que ha instalado temas impensados en la agenda política estadounidense, como sus agudos cuestionamientos a la economía neoliberal o al negacionismo del cambio climático, así como el histórico apoyo a Israel. A este último respecto, se ha hecho habitual en sus manifestaciones la profusión de banderas palestinas y el lema “Del río al mar”.
Una expresión clave de la expansión de su influencia ha sido el fenómeno Zohran Mamdani, el joven y carismático alcalde de Nueva York, que se ha transformado en un referente y una inspiración para muchos otros políticos demócratas con disposición de competir por cargos nacionales, estaduales y locales. Una de sus recientes medidas es todo símbolo: en el mismo corazón del sistema capitalista global, a cuadras de la icónica estatua del toro de Wall Street, se abrirán supermercados municipales para vender alimentos subsidiados y a precio justo.
La presencia de liderazgos de DSA se ha multiplicado en las legislaturas estatales. Ocupan decenas de bancas en Estados tales como Nueva York, Illinois y Rhode Island. En el ámbito municipal, disponen de concejales y dirigentes locales en ciudades tales como Chicago, Los Ángeles, Detroit y Austin. Con su estrategia “rank–and–file” (llegar a la gente común), ganan además influencia en los gremios y organizaciones ciudadanas.
En rigor, se trata de una “nueva izquierda”, pues si bien sus ejes discursivos son la defensa del Estado de bienestar, la ampliación de los derechos sociales y el combate a la desigualdad, al mismo tiempo toman distancia de la socialdemocracia europea contemporánea, por la profundidad de sus críticas al modelo neoliberal.
Hace poco, en Chicago, entre el 31 de julio y el 2 de agosto, se realizó la “Cumbre de los Socialistas Democráticos”, la Conferencia Nacional de Organización de DSA. Entre los temas estaban: “gobernar como socialistas: la diferencia de DSA”, “los trabajadores merecen más: preparándonos para huelga general”; “una Palestina libre en nuestra vida: fin al apartheid y a la guerra”; “ni muros, ni jaulas: organizándonos para abolir el ICE (Servicio de Inmigración) de la era Trump”; y “pilares para la victoria socialista” en Estados Unidos.
Sostienen: “Lejos de rechazar el sueño americano, los socialistas democráticos de hoy están recuperando su promesa más profunda: que la libertad requiere seguridad económica y que la democracia debe extenderse al ámbito social”.
Washington, 9 de agosto de 2026.
Crónica Digital.
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