Por Apolo Olivares – Para ute-noticias - 12-08-2026
Hay fechas que pertenecen a la historia.
Y hay fechas que, aunque hayan quedado atrás en el calendario, siguen caminando con nosotros.
El 11 de julio de 1971 es una de ellas.
Ese día, el Congreso Nacional aprobó por unanimidad la reforma constitucional que nacionalizó la gran minería del cobre. Desde la izquierda hasta la derecha, Chile entendió algo que hoy parece necesario volver a recordar: el cobre no era simplemente un mineral enterrado bajo nuestra tierra. Era una riqueza estratégica y, con ella, estaba en juego la posibilidad de que Chile decidiera su propio destino.
- Salvador Allende lo llamó el “sueldo de Chile”.
- No fue una frase retórica.
- Era una concepción de país.
El cobre debía financiar escuelas, hospitales, viviendas, universidades, caminos, ciencia, tecnología y desarrollo. Debía convertirse en riqueza colectiva y no limitarse a alimentar las ganancias de compañías extranjeras.
Por eso la nacionalización fue mucho más que una operación económica.
Fue un acto de soberanía.
Chile dijo que sus riquezas naturales no podían estar condenadas eternamente a servir a intereses que no respondían ante el pueblo chileno.
Y por eso aquel 11 de julio sigue siendo una fecha incómoda para quienes creen que la historia de Chile debe escribirse solamente desde la lógica del mercado.
La historia, sin embargo, no terminó allí.
Después vino la contrarrevolución económica
La dictadura militar transformó profundamente el modelo minero.
La Constitución de 1980 mantuvo formalmente la propiedad estatal de las minas, pero la legislación minera de comienzos de los años ochenta construyó un régimen de concesiones extraordinariamente favorable para la inversión privada. El Estado conservó la propiedad jurídica del subsuelo, mientras empresas privadas obtenían amplias garantías para explorar y explotar grandes yacimientos durante largos períodos.
Y así comenzó una transformación silenciosa.
Mientras Codelco conservaba los grandes yacimientos nacionalizados en 1971, crecían gigantescos proyectos privados como Escondida, Collahuasi, Los Pelambres, Candelaria, El Abra y Los Bronces.
- La riqueza minera de Chile comenzaba nuevamente a repartirse bajo una lógica distinta.
- No fue necesario derogar la nacionalización.
- Bastó con construir alrededor de ella un nuevo modelo.
- Y aquí aparece una de las grandes paradojas de nuestra historia.
- La dictadura creó las condiciones.
Pero la democracia decidió conservarlas.
Los gobiernos de la Concertación tuvieron durante décadas la posibilidad de revisar profundamente ese sistema. No lo hicieron. Mantuvieron sus elementos fundamentales, aunque introdujeron regulaciones ambientales, reformas tributarias y el royalty minero.
- Esta no es una acusación partidaria.
- Es una constatación histórica.
La responsabilidad política no se mide solamente por aquello que se denuncia desde la oposición, sino también por aquello que se modifica —o se decide no modificar— cuando se tiene la posibilidad de gobernar.
¿De quién es realmente el cobre?
- Aquí está el corazón de nuestro problema.
- Durante décadas hemos discutido cuánto cobre producimos.
- Cuánto exportamos.
- Cuánto recauda el Estado.
- Cuánto invierten las empresas.
Pero existe una pregunta mucho más profunda:
¿Quién captura la riqueza que genera el cobre?
Porque un país puede tener cobre bajo su suelo y, sin embargo, no controlar realmente el destino de la riqueza que ese cobre produce.
- Puede tener la propiedad jurídica del recurso y entregar buena parte de su explotación a capitales privados.
- Puede aumentar su producción y continuar dependiendo de la exportación de materias primas.
- Puede ser uno de los mayores productores de cobre del planeta y seguir preguntándose por qué esa riqueza no se transforma suficientemente en ciencia, tecnología, industrialización y bienestar.
- Ese es el verdadero problema.
- No basta con ser dueños del cobre en el papel. Hay que tener la capacidad de decidir qué hacer con él.
Y ahora vuelve Codelco
Cincuenta y cinco años después de la nacionalización, Codelco vuelve a estar en el centro de una disputa que puede marcar el futuro económico de Chile.
Y aquí debemos ser absolutamente rigurosos.
El Gobierno de José Antonio Kast ha declarado que no está en sus planes privatizar Codelco. El ministro de Economía y Minería ha hablado de trabajar con privados y el Gobierno ha señalado que podría considerar la venta de activos prescindibles y asociaciones sin perder el control estatal.
Pero al mismo tiempo ocurrió algo que no podemos ignorar.
En julio, el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, propuso incorporar capital privado a Codelco y vender una parte de su propiedad, manteniendo el control estatal. La propuesta abrió nuevamente el debate sobre una privatización parcial de la empresa.
Y Codelco ha reconocido que dentro de su proceso de planificación estratégica se evaluarán, entre otras materias, eventuales ventas de activos y alternativas de financiamiento.
Aquí debemos detenernos.
- Porque una cosa es afirmar que Codelco ya está siendo privatizada.
- Eso no es cierto.
- Otra cosa, muy diferente, es preguntarnos:
- ¿Se está construyendo el camino político, económico y discursivo que podría hacer posible una privatización parcial o una transferencia progresiva de activos estratégicos?
- Esa pregunta sí es legítima.
- Y debe ser discutida antes de que las decisiones sean irreversibles.
- La vieja historia puede comenzar de nuevo
- Las privatizaciones importantes casi nunca comienzan con un cartel que diga:
- “Se vende”.
- Comienzan mucho antes.
- Comienzan cuando se instala la idea de que la empresa estatal es ineficiente.
- Cuando se presenta su endeudamiento como prueba de que el Estado no sabe administrar.
- Cuando sus problemas de gestión se convierten en argumentos contra la propiedad pública.
- Cuando aparece el capital privado como la única salida razonable.
- Después vienen las asociaciones.
- Luego la venta de activos.
- Más tarde la participación privada.
- Y finalmente alguien puede decir:
- “Pero si el Estado todavía mantiene el control, ¿cuál es el problema?”
- El problema es que el poder económico no depende solamente del porcentaje de acciones.
- Depende también de quién controla las inversiones, la tecnología, las decisiones estratégicas, los proyectos y el futuro de la empresa.
- Por eso debemos mirar el proceso completo.
- No solamente el acto final.
Hay otra paradoja
El Gobierno acaba de tomar una decisión que, en principio, fortalece a Codelco.
Por primera vez en sus 55 años de historia, la empresa podrá retener el 100% de las utilidades obtenidas en 2025: aproximadamente US$2.423 millones. La decisión busca fortalecer su patrimonio y permitirle financiar inversiones y enfrentar su situación financiera sin recurrir únicamente a mayor endeudamiento.
- Esta decisión merece ser reconocida por lo que es.
- Pero también merece una pregunta.
- ¿Para qué queremos fortalecer Codelco?
- Porque capitalizar una empresa estatal no tiene sentido solamente para hacerla más rentable.
Tiene sentido si esa mayor fortaleza sirve para recuperar producción, desarrollar tecnología, agregar valor, invertir en conocimiento y aumentar su aporte al desarrollo nacional.
Si fortalecemos Codelco para convertirla en una empresa cada vez más atractiva para el capital privado, entonces estaremos ante una discusión completamente distinta.
- La cuestión no es solamente cuánto dinero tendrá Codelco.
- La cuestión es para qué y para quién queremos una Codelco fuerte.
- El cobre del futuro será todavía más estratégico
- El mundo está entrando en una nueva etapa.
- Electrificación.
- Inteligencia artificial.
- Centros de datos.
- Transición energética.
- Redes eléctricas.
- Tecnologías avanzadas.
- Todo ello requiere cantidades crecientes de minerales estratégicos.
- Y entre ellos, el cobre ocupa un lugar central.
- Entonces resulta casi absurdo que Chile discuta su futuro minero únicamente desde la pregunta de cuánto podemos extraer.
La pregunta debería ser mucho más ambiciosa:
- ¿Podemos transformar nuestra riqueza mineral en conocimiento, tecnología e industria?
- ¿Podemos pasar de ser un país que exporta cobre a ser un país que desarrolla tecnología para producirlo mejor?
- ¿Podemos construir una industria asociada al cobre?
- ¿Podemos financiar universidades, investigación científica y formación tecnológica con una riqueza que pertenece a todos?
- ¿Podemos utilizar el cobre para dejar atrás nuestra histórica dependencia de la exportación de materias primas?
- Ese debería ser el debate nacional.
- No estamos defendiendo un museo del pasado
- Defender Codelco no significa defender una empresa inmóvil.
- No significa negar sus problemas.
- No significa desconocer su deuda, sus dificultades productivas, sus problemas de gestión ni la necesidad de modernizarla.
- Todo lo contrario.
- Precisamente porque Codelco pertenece a Chile, debemos exigirle excelencia.
- Queremos una empresa estatal eficiente.
- Tecnológicamente avanzada.
- Capaz de competir con las grandes compañías mineras del mundo.
- Y capaz de generar recursos para financiar el desarrollo nacional.
Lo que no podemos aceptar es que sus problemas terminen convirtiéndose en el argumento para entregar progresivamente su patrimonio a intereses privados.
- Porque si Codelco necesita capital, Chile debe preguntarse primero cómo fortalecer su propia empresa.
- Si necesita tecnología, debemos preguntarnos cómo desarrollar tecnología nacional.
- Si necesita mejores administradores, debemos buscarlos.
- Si necesita modernización, debemos modernizarla.
- Lo que no podemos hacer es concluir demasiado rápidamente que la solución es entregar parte del control a quienes tienen el capital.
- El cobre no es solamente una mercancía
Aquí volvemos a Allende.
- Volvemos al 11 de julio.
- Volvemos al “sueldo de Chile”.
- No porque debamos vivir atrapados en 1971.
- Sino porque aquel momento histórico nos dejó una pregunta que continúa vigente:
- ¿Puede una nación ser verdaderamente soberana si no tiene capacidad para decidir sobre sus principales riquezas?
- Esa pregunta sigue abierta.
- Y hoy adquiere una dimensión todavía mayor.
- Porque el cobre que Chile extrae no solamente representa dinero.
- Representa poder.
- Poder económico.
- Poder tecnológico.
- Poder geopolítico.
- Poder para decidir qué tipo de sociedad queremos construir.
- Por eso Codelco no puede ser tratada como una empresa cualquiera.
- No lo es.
- Es una de las principales expresiones materiales de la soberanía económica de Chile.
- El desafío de nuestra generación
- Quizás el desafío del siglo XXI no consiste en repetir exactamente la nacionalización de 1971.
- El mundo cambió.
- Chile cambió.
- La minería cambió.
- La tecnología cambió.
Pero hay algo que no debería cambiar: la convicción de que las riquezas estratégicas de una nación deben estar al servicio de su pueblo.
- El cobre puede financiar nuestra dependencia.
- puede financiar nuestra independencia.
- Puede alimentar exclusivamente balances empresariales.
- puede financiar universidades, ciencia, tecnología e industria.
- Puede convertirnos en simples exportadores de minerales.
- puede ayudarnos a construir una economía capaz de producir conocimiento.
- La decisión, en última instancia, es política.
- Y por eso debemos mirar con atención lo que está ocurriendo hoy.
- No para afirmar lo que todavía no ha sucedido.
- Sino para impedir que mañana nos digan que ya es demasiado tarde.
- Porque el 11 de julio de 1971 Chile hizo algo extraordinario:
- le dijo al mundo que el cobre era de Chile.
- Cincuenta y cinco años después, la pregunta vuelve a nosotros.
- No basta con preguntar si Codelco será privatizada.
- Hay que preguntar algo mucho más profundo:
¿Quién quiere tener el poder de decidir sobre el cobre de Chile?
- Y nosotros deberíamos tener una respuesta clara.
- El cobre no pertenece a un gobierno.
- No pertenece a un partido.
- No pertenece a un directorio.
- No pertenece a una generación.
- El cobre pertenece a Chile.
Y si alguna vez volvemos a discutir su propiedad, su control o su destino, que nadie nos haga olvidar aquello que estuvo en el corazón de la nacionalización de 1971:
una nación que entrega el control de sus riquezas estratégicas termina entregando, poco a poco, parte de su capacidad para decidir su propio destino.
El cobre fue llamado alguna vez el sueldo de Chile.
Nuestra responsabilidad es impedir que termine convertido nuevamente en el negocio de unos pocos.
Apolo Olivares – Ex Dirigente de la Universidad Técnica del Estado
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