¿SUPERAR EL NEOLIBERALISMO O SUPERAR EL DESARROLLISMO? UNA MIRADA CRÍTICA AL FRENTE AMPLIO EN CHILE

Por: Andrés Kogan. Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Diplomado en Masculinidades y Cambio Social, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea, Con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina. Profesional de la Municipalidad de Ñuñoa. Militante de Convergencia Social.

El Clarín Chile. 21 agosto, 2026

A propósito de la reciente elección interna del Frente Amplio, quisiera detenerme en el documento aprobado por su Congreso Ideológico-Estratégico (1). Lo hago desde un lugar vivencial: fui militante del Frente Amplio y participé de una etapa en que muchas y muchos vimos en este proyecto la posibilidad de renovar profundamente la izquierda chilena. Por eso, esta crítica nace precisamente de la preocupación por el rumbo de un partido que alguna vez se propuso imaginar algo distinto.

El documento reafirma el socialismo, el feminismo, los derechos sociales, la descentralización y un Estado con mayores capacidades para conducir el desarrollo. El problema, a mi juicio, está en el horizonte que articula estos objetivos. La superación del neoliberalismo aparece como un propósito central, pero queda menos desarrollada una pregunta fundamental: ¿es suficiente superar el neoliberalismo si seguimos pensando la transformación social desde el desarrollismo?

Criticar el neoliberalismo no significa necesariamente cuestionar el capitalismo como modo de producción. La acumulación permanente, la mercantilización de la vida, la expansión de la producción y la subordinación de la naturaleza a la economía pueden sobrevivir dentro de un capitalismo más regulado, redistributivo y con mayor presencia estatal. Es posible, entonces, superar el neoliberalismo sin superar el imaginario desarrollista.

Esto resulta especialmente relevante frente a la crisis ecológica. El documento incorpora justicia climática, bienes comunes, transición ecológica y límites ecológicos, pero estas dimensiones conviven con una estrategia que mantiene en un lugar central la industrialización, la productividad, la innovación y el crecimiento. La pregunta debería ser más profunda: ¿cómo hacer sostenible el desarrollo o cómo comenzar a superar el desarrollo entendido como expansión económica permanente?

Aquí se echa de menos un diálogo más profundo con el ecosocialismo, el ecofeminismo, la ecología política latinoamericana, el postextractivismo y los buenos vivires. También falta profundizar la relación entre feminismo, productivismo y crisis ecológica. La competencia permanente, la dominación de la naturaleza y la obsesión por producir más no son solamente fenómenos económicos: expresan también relaciones de poder y subjetividades, muchas veces profundamente masculinizadas.

Una transición ecológica transformadora debería preguntarse, por tanto, qué formas de poder, subjetividad y masculinidad necesitamos dejar atrás. No basta con cambiar tecnologías si mantenemos intactas determinadas formas de dominación sobre las personas, los territorios, los animales y la naturaleza. En ese sentido, feminismo y ecología pueden encontrarse en una crítica común a las distintas formas de dominación.

También resulta necesario profundizar una perspectiva decolonial. La categoría de izquierda posee una genealogía fundamentalmente europea y merece ser problematizada desde las experiencias históricas de América Latina. Esto no significa desconocer las luchas emancipatorias realizadas bajo ese nombre, sino permitir que las tradiciones indígenas, comunitarias, territoriales y anticoloniales transformen nuestras propias categorías políticas.

La cuestión es especialmente relevante frente a las nuevas formas de dependencia asociadas a la transición energética. La demanda mundial por litio, cobre y otros minerales críticos puede generar oportunidades, pero también reproducir extractivismo y dependencia. La pregunta no debería ser solamente cómo aprovechar esta demanda para industrializar Chile, sino cómo evitar que la transición energética de los países centrales profundice nuevamente la subordinación de nuestros territorios.

También sería necesario recuperar debates que tuvieron gran importancia durante el primer proceso constituyente: la plurinacionalidad, los derechos de la naturaleza, el reconocimiento de los animales como seres sintientes y el deber de protección hacia ellos, junto con nuevas formas de relación entre Estado, pueblos y territorios. No se trata de asumir automáticamente todas esas propuestas, sino de preguntarnos por qué hoy ocupan un lugar menos central. Paradójicamente, el propio documento contiene elementos —cuidados, bienes comunes, democracia territorial y participación comunitaria— que podrían permitir una política centrada en la sostenibilidad de la vida humana y no humana.

Como ex militante del Frente Amplio, no creo que la respuesta sea abandonar la política institucional ni renunciar a disputar el Estado. Al contrario, necesitamos instituciones públicas fuertes, derechos sociales y redistribución. Pero también necesitamos recuperar la capacidad de imaginar transformaciones profundas. ¿Podemos superar el neoliberalismo sin superar el desarrollismo? ¿Podemos hablar de socialismo sin cuestionar el productivismo y el antropocentrismo? ¿Podemos hablar de transición ecológica sin discutir el postextractivismo? ¿Podemos hablar de feminismo sin transformar las masculinidades?

El desafío para el Frente Amplio —y para quienes alguna vez vimos en él una posibilidad de renovación de la izquierda chilena— es atreverse a formular esas preguntas. El desafío de la izquierda del siglo XXI no es solamente superar el neoliberalismo, sino preguntarse si también está dispuesta a superar el desarrollismo que históricamente ha organizado buena parte de su imaginación política. Quizás no se trate simplemente de construir un capitalismo más redistributivo, planificado y verde, sino de poner el cuidado de la vida humana y no humana en el centro y superar aquellas formas de dominación que han limitado nuestra imaginación emancipatoria.

Andrés Kogan Valderrama

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