LA ÓPERA DE TRES CENTAVOS DE BERTOLT BRECHT: EJEMPLO PARADIGMÁTICO DE TEATRO RADICAL

                                                                                     Un inolvidable regalo de amor

Por: Víctor Osorio. Periodista.

Crónica Digital25 agosto, 2026

“La ópera de tres centavos” (Die Dreigroschenoper) es, sin duda alguna, una obra maestra imperturbable del teatro moderno que, casi un siglo después de su estreno en 1928, conserva intacta su mordacidad, su frescura y su capacidad para sacudir la conciencia del espectador frente a la realidad social.

Nacida de la colaboración entre el genio dramatúrgico de Bertolt Brecht y la brillantez musical de Kurt Weill, esta pieza no es solamente un hito teatral: es una experiencia estética conmovedora y profundamente inteligente. Fue adaptada de la ópera de baladas del siglo XVIII inglés “La ópera del mendigo de John Gay”, y fue concebida como una crítica marxista del mundo capitalista moderno. Se estrenó el 31 de agosto de 1928 en Berlín en el Theater am Schiffbauerdamm con Lotte Lenya.

La “pieza con música en un prólogo y ocho imágenes” fue la obra más exitosa en Alemania hasta la toma de poder de los nazis. Brecht y Weill se vieron obligados entonces a abandonar Alemania, pero la obra ya se había traducido a 18 idiomas e interpretado más de 10.000 veces en los escenarios europeos.

En su actual puesta en escena en Buenos Aires, en el Teatro Presidente Alvear, se indica: “Entre el teatro y la ópera, la representación y la realidad, La Ópera de Tres Centavos impacta con una feroz crítica a una sociedad donde criminales, empresarios y autoridades forman parte del mismo engranaje, cuestionando la frontera entre lo legal y lo ilegal, lo moral y lo amoral, lo imaginario y lo real”.

Ello queda de manifiesto en sus personajes principales. Mackie Cuchillo (Macheath) es un criminal elegante, amoral y fascinante que opera con lógica impasible de gran empresario. Jonathan Peachum o el “rey de los mendigos”, que mercantiliza la compasión y la miseria humana con una frialdad alarmante.

Como sentencia una de las frases más memorables de la obra: “¿Qué es el robo de un banco comparado con la fundación de un banco?”. Bertolt Brecht nos invita a reírnos, pero esa risa se congela en los labios al constatar la aplastante vigencia de sus planteamientos.

Es imposible entender el impacto de La ópera de tres centavos sin la partitura revolucionaria de Kurt Weill. Fusionando el jazz emergente, el folclore urbano, los ritmos de cabaré y la tradición operística, Weill creó una identidad sonora inolvidable.

Canciones emblemáticas tales como “La balada de Mackie Cuchillo” o “La balada de la pirata Jenny” no son meros adornos cómicos. Son dardos poéticos que impulsan la narración y que encapsulan el concepto brechtiano del Verfremdungseffekt (efecto de distanciamiento). La música emociona a la vez que exige lucidez mental.

Se ha presentado en Chile en varias oportunidades a lo largo de las décadas. Una puesta en escena histórica ocurrió en 1977, en plena dictadura, cuando se registró el montaje en el Teatro Camilo Henríquez de Santiago, bajo la dirección de Cristián Lorca y producido por la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica de Chile. En 2015, fue parte de un proyecto de reinserción e inclusión, cuando en 2018 la Corporación CoArtRe llevó a cabo una producción dirigida por Jacqueline Roumeau que reunió a un elenco de más de 40 internos e internas en la ex Penitenciaría de Santiago.

Argentina cuenta con una fructífera tradición de montajes de la obra, en la que se destacan producciones de gran escala lideradas por figuras centrales del teatro trasandino. Uno de los hitos fundacionales del teatro brechtiano en el Cono Sur de América fue en abril de 1957. Fue entonces que se estrenó la primera versión en castellano de la obra, bajo la dirección de Onofre Lovero. Más tarde, en 1988 fue dirigida por Robert Sturua en el Teatro Presidente Alvear de Buenos Aires, con elenco de primer nivel integrado por figuras como Susana Rinaldi y Nacha Guevara.

Ahora se ha estrenado una puesta de “La Ópera de tres centavos” en la cartelera porteña, concebida como una inédita coproducción entre el Teatro Colón y el Complejo Teatral de Buenos Aires, en el Teatro Presidente Alvear. Está a cargo del dramaturgo y director de origen uruguayo Gabriel Calderón, quien ha rescatado la mordacidad del texto brechtiano, dialogando con el consumo mediático contemporáneo.

Coincidiendo con los 70 años del fallecimiento de Bertolt Brecht, el montaje enfatiza la vigencia del texto como crítica descarnada al engranaje social en el que la delincuencia, el empresariado y la autoridad terminan compartiendo los mismos códigos de ambición.

“La Ópera de Tres Centavos” es un triunfo del teatro político que jamás cae en el panfleto. Es descarada, elegante, poética y demoledora. Nos enseña con maestría que el arte puede ser un entretenimiento de primer nivel sin renunciar un solo milímetro a su compromiso crítico con la sociedad dominantes. Una obra imprescindible que demuestra que, mientras existan la codicia y la desigualdad, la música de Weill y la palabra de Brecht seguirán resonando con la misma fuerza que el primer día. Un legado inamovible.

Una reciente crítica a la puesta en escena en Argentina, lo resumió en forma contundente: “Hay algo perturbador en volver a La ópera de tres centavos casi cien años después de su estreno. No porque el mundo de Bertolt Brecht se parezca exactamente al nuestro –sería demasiado fácil decirlo–, sino porque algunos de los mecanismos que expuso en 1928 siguen siendo reconocibles. Cambiaron las formas, los discursos y los protagonistas; el dinero como organizador de la vida social, en cambio, permanece”.

Crónica Digital.

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