EL MERCADO NINI

Por Catalina Lufín Pacheco – El Desconcierto - 17 de septiembre de 2026

Creo que es más honesto con los datos y menos estigmatizador con los jóvenes chilenos que hablemos de un mercado “nini”: ni contrata ni protege.

Durante el último tiempo, hemos visto la variación de distintos indicadores que alertan sobre un momento crítico para la economía chilena tales como el alza de la inflación por sobre el 4%, la subida de los combustibles sostenida tras el bencinazo y el PIB que ya lleva dos trimestres en números rojos. Sin embargo, existe una cifra que duele en el corazón de los jóvenes: el desempleo.

Mientras que a nivel general Chile ya llega al 9,5%, el porcentaje es aún más dramático en las etapas tempranas. Esta semana varios medios de comunicación dieron cobertura a los estrepitosos resultados del Barómetro Laboral y Previsional de agosto de 2026, los cuales revelan que la tasa de desocupación juvenil llega al 21% entre quienes tienen 25 y 34 años.

A este grupo se le apoda popularmente como los “ninis”: ni estudian ni trabajan. Sin embargo y convenientemente para algunos, se pasa por alto que son una población que sufre los estragos de un mercado laboral sobresaturado, con empresas que piden años de experiencia previa, una subcontratación creciente y plataformas como Uber, Rappi, Pedidos Ya y otros que no contemplan ni por asomo la previsión social. Así, este concepto tan atractivo para las portadas de noticias, es un eufemismo para referirse a las y los cesantes.

Cada año nuevas camadas de estudiantes egresan de prestigiosas universidades con un título profesional que ya no es garante de estabilidad, movilidad social o dignidad laboral. El sacrificio de las familias, que antes era motivo de orgullo, hoy trae resultados amargos que quiebran la promesa meritocrática del sistema educativo.

Por otro lado y como si no fuera suficiente, las medidas de la reforma laboral del gobierno de José Antonio Kast sólo contribuyen a agudizar este escenario de precarización, con propuestas como los contratos por horas o “por experiencia”, que correspondería a una nueva formulación del contrato por aprendizaje en que el trabajador recibe menos del mínimo. En esas condiciones, la triste realidad es que ni estudiar ni trabajar, lejos de ser una opción, es una condena de un modelo económico en crisis.

Entonces, creo que es más honesto con los datos y menos estigmatizador con los jóvenes chilenos que hablemos de un mercado “nini”: ni contrata ni protege. La falta de oportunidades no es culpa de las familias trabajadoras, y haríamos bien con ocupar las palabras que corresponden para hablar de precarización laboral. Si transformamos el lenguaje y no la realidad, entonces no hacemos más que aplicar maquillaje sobre las huellas de la pobreza.

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