By Marcelo Trivelli – El Clarin Chile - 26 septiembre, 2026
Presidente Kast: usted pidió gobernar Chile. Los ciudadanos le entregaron esa responsabilidad. Hágase cargo.
Chile sabe de emergencias. Terremotos, tsunamis, incendios, inundaciones y crisis económicas nos han golpeado una y otra vez. Y cuando ocurren, nadie espera que el Presidente explique por qué sucedieron. Esperamos que gobierne y que se haga cargo de la emergencia.
Gobernar es hacerse cargo y Kast no se está haciendo cargo como si fuera un analista y no el Presidente de la República.
Los gobiernos de Eduardo Frei y Ricardo Lagos debieron enfrentar las consecuencias de la crisis asiática. Michelle Bachelet enfrentó la crisis financiera subprime. En ambos casos se implementaron políticas fiscales contracíclicas para apoyar el empleo. Sebastián Piñera asumió pocos días después del terremoto y tsunami del 2010 y tuvo que reconstruir buena parte de la zona central del país. No solo viviendas, caminos, escuelas y hospitales. También hubo que levantar una economía local destruida, apoyar a las pymes, recuperar capital de trabajo y volver a generar empleo.
Ninguno de esos gobiernos provocó las crisis que debió enfrentar. Pero gobernar consiste precisamente en hacerse responsable de aquello que ocurre mientras se gobierna.
José Antonio Kast llegó a La Moneda diciendo que recibía un Chile en ruinas y enfrentaba una emergencia económica provocada por el gobierno anterior. Lo volvió a repetir en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Apenas asumió presentó una ley de Reconstrucción Nacional, que de reconstrucción contenía muy poco e incluía una mega reforma tributaria que rebajaba los impuestos a los más ricos con una incierta promesa de reactivación económica, empleo, inversión y orden fiscal. Seis meses después, ya no basta tratar de justificar que seguimos cayendo en picada por situaciones que no controlan. El Gobierno tiene que mostrar resultados y no solo promesas vacías.
La economía se ha debilitado y el desempleo llegó a 9,5%. Ya casi llegamos al millón de personas buscando trabajo, sin contar a quienes ya no lo buscan porque han perdido incluso la esperanza de encontrar un empleo decente. El propio Presidente Kast dijo en su Cuenta Pública que más de 940 mil personas buscaban trabajo sin encontrarlo como si no fuera su responsabilidad abordar la emergencia creada por su gobierno.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, habla ahora de una “recesión del cobre” y atribuye parte importante del decrecimiento a la caída de la producción minera. La producción efectivamente ha disminuido. Pero mientras se lamenta por producir menos, el precio del cobre supera los seis dólares la libra y alcanza niveles históricamente altos.
Las circunstancias nunca son perfectas. Precisamente por eso existen los gobiernos.
Algo similar ocurre con Sala Cuna Universal. El Gobierno pretendió financiar parte del nuevo derecho reduciendo en 0,35% la cotización destinada al Seguro de Cesantía. El Senado rechazó esa fórmula. Me parece correcto. Esos recursos pertenecen a los trabajadores y tienen un destino específico: protegerlos cuando pierden su empleo. Quitárselos para financiar una política pública distinta es, en los hechos, expropiarles parte de su patrimonio. Resulta especialmente contradictorio que un gobierno que hace de la defensa de la propiedad privada una de sus banderas pretenda financiar una política social metiendo la mano en recursos que pertenecen a los trabajadores. Si el Estado crea un nuevo derecho social, debe hacerse cargo de financiarlo con recursos públicos y no apropiándose de recursos destinados a proteger a quienes quedan cesantes.
Hay una enorme diferencia entre explicar los problemas y hacerse cargo.
Una frase atribuida a Angela Merkel, una de las grandes líderes alemanas, resume perfectamente la situación de la política: “Los presidentes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano […] culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre”.
Canadá ofrece hoy una lección admirable. Enfrenta una guerra comercial cuyo origen está en el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y ha debido reorganizar parte importante de su estrategia económica. Su primer ministro, Mark Carney, resumió su estrategia con una frase sencilla: “No podemos controlar lo que otros hacen. Podemos controlar lo que nosotros hacemos y lo que construimos”.
Eso es liderazgo porque significa comprender que quien recibe el mandato popular recibe también los problemas y los desafíos del país.
Presidente Kast: usted pidió gobernar Chile. Los ciudadanos le entregaron esa responsabilidad. Hágase cargo.
Deje de explicar por qué seguimos cayendo en la economía, en el empleo y en la delincuencia. Gobierne con el Chile que existe, con el precio del cobre que tenemos, con la economía internacional trastocada, con los desafíos de seguridad que enfrentamos y con las dificultades que aparecen.
El liderazgo se demuestra cuando las circunstancias son adversas a no ser que usted, Presidente Kast, prefiera seguir la reflexión del expresidente Ramón Barros Luco: “No hay sino dos clases de problemas: los que se resuelven solos y los que no tienen solución”. Esperemos que no, porque gobernar es hacerse cargo.
Marcelo Trivelli
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