LA REVISTA CONDORITO EN EL CONTEXTO DEL GOLPE DE ESTADO Y LA ENTRONIZACIÓN DE LA DICTADURA

                                   Porque Condorito fue un pedacito de Chile en tu infancia

Por: Víctor Osorio. Periodista

Crónica Digital. 7 octubre, 2026

La imagen principal que ilustra esta crónica es un aviso que fue publicado a página entera en la revista “Ercilla” N° 1.992, que circuló entre el 3 y el 9 de octubre de 1973, la segunda en aparecer con autorización de la emergente dictadura cívico–militar luego del Golpe de Estado, que fue publicada el 26 del mes anterior. Fue síntoma de las condiciones de censura y la situación de ruptura de la normalidad que se vivía en esos días aciagos.

En la página 30 aparecía este aviso de la revista Condorito, con color azul de la camiseta y el logo del personaje en lugar del tradicional rojo. En letras manuscritas aparecía un mensaje, presentado como que escrito por el pajarraco, que se refería elípticamente a los terribles sucesos del país:

“Por razones de todos conocidas no pude alegrarlos para Fiestas Patrias con mi sano humor. Pronto estaré con ustedes dispuestos a hacerlos descarretillarse de la risa… Gracias”. Y anunciaba la pronta aparición del número 43 de su revista, que se presentaba como la edición “el despelotillehue”.

BROMAS SIN AUTOCENSURA

Al límite mismo de las prohibiciones existentes, en esa edición de la revista se publicaron dos historias en las cuales Condorito se mofaba de los militares. La primera se titulaba “El arriero”, en la que Condorito le dice a un uniformado que va a vender su mulo y se comprará “un milico” (sic). La otra era “Razón poderosa”, en la que el personaje se muestra dichoso por librarse del servicio militar obligatorio y prefería estar enfermo de cáncer antes que hacer la conscripción.

En otro relato, el pajarraco interpreta al alcalde de Pelotillehue, su conocido pueblo, a quien se informa desde el nivel central de un “probable movimiento sísmico, epicentro en esa localidad” y se le requiere que adopte prontas medidas. Más tarde, el edil informa: “Aquí en Pelotillehue movimiento sísmico sofocado… epicentro y siete más incomunicados en la cárcel pública”… Una apenas disimulada mofa al absurdo de las “razones” de la represión, cuando ya los alcaldes habían sido todos designados por el régimen.

Y un detalle significativo: aparecía una historia, titulada “Tasación”, en la que el personaje interactuaba con dos marinos estadounidenses, a los cuales termina recomendando que se coman unas fecas de perro abandonadas en la calle…

Lo más sorprendente es que en las siguientes ediciones de la revista, ya en 1974, este tipo de humor persistió. Irrumpió una sección nada menos que titulada “Milicosas” (números 45, 47 y 49); aparecen bromas a la instrucción del Ejército (“La Granada”, N° 45), así como a su disciplina (“Procastinando”) y su reclutamiento (“Neurótico”), ambas en el N° 46; a sus ceremonias (“Algo especial”), y a las ordenes absurdas de los superiores (“Camuflaje” y “La computadora”), todos en el N°48.

También hay bromas a la Armada, con Condorito como capitán que abandona su tripulación frente a un naufragio (“Disciplina Naval”, N° 45), o mofándose de la formación otorgada a los grumetes (“Problema de altura”, N° 47)

Incluso hay una escalofriante historieta en que Condorito es detenidos por policías de civil, es amenazado y maltratado mientras es interrogado, y finalmente es acusado con pruebas absurdas. Dicen haber interrogado a Bach (“La Fuga”, N° 49)

Los militares que tomaron por asalto el poder claramente no tenían sentido del humor y es probable que no adoptaran medidas contra la publicación por su gigantesca y transversal popularidad. Ello, en circunstancias que la revista fue autorizada para circular luego del Golpe de Estado y en el primer período de la dictadura estuvo sometida a censura previa, como todas las publicaciones a las que se permitió circular.

EL ROTO QUEZADA

Aunque la imagen en “Ercilla”, que también apareció en los diarios, podría interpretarse en clave de simpatías con el derrocamiento del gobierno constitucional de Salvador Allende, en verdad no era sino una expresión más de la orientación que el creador del personaje, René Ríos Boettiger, “Pepo”, había asignado a Condorito: abstenerse de incursionar en la política contingente. Más bien es digno de notarse que en el aviso no había elogios al Golpe, como era costumbre generalizada en el espacio público en esos días.

Guillermo Durán (“Guidú”) fue uno de los dibujantes que participó en el equipo a cargo de la producción de Condorito. Era un hombre de izquierda y en los tiempos del Gobierno de Salvador Allende su trabajo destacó en la Editora Nacional Quimantú, emblemático proyecto de la Unidad Popular. Son recordadas aún sus ilustraciones para la colección de cuentos “Cuncuna” y en la revista “Cabrochico”, ambos orientados al público infantil.

Durán me comentó que René Ríos era un hombre de pensamiento liberal de derecha, pero en modo alguno un anticomunista. De hecho, recuerda que durante los años 60 le pidió que confeccionara un afiche para la Central Única de Trabajadores (CUT), a lo que accedió. El timonel de la multisindical era entonces el comunista Luis Figueroa. Pepo hizo el trabajo pero nunca fue publicado, por razones que Guidú desconoce, así como el destino de la obra original.

El comentado número 43 de la revista “Condorito”, Pepo continuó con su campaña “Muera el roto Quezada”, que aludía a un bochornoso incidente que enfrentó en el Club Militar de Santiago con el oficial de Ejército a cargo del recinto, que ofendió a su esposa. Se llamaba Washington Quezada Carranza, que pasó a retiro con el grado de Coronel.

En el número 44, el último que apareció en 1973, se leía en la portada de “El Hocicón”, el “diario pobre, pero honrado”, que “intentaron linchar al roto Quezada”.

Luis Yáñez Morales entrevistó para su libro “Pepo es de Conce”, a Osvaldo Pizarro Quezada, nieto del coronel. Señaló: “Tenemos información de que, en el gobierno militar, el general (Augusto) Pinochet le habría prohibido a Pepo que publicara (…) la frase ‘Muera el Roto Quezada’ junto al dibujo del ‘ahorcadito’, pues esto afectaba la honra y honor del Ejército al vincularlo a un coronel en retiro”. Contó Yáñez que “un díscolo Pepo solo habría aceptado eliminar al ahorcadito, pero no la ya famosa frase de sus historietas”.

De hecho, la cruzada contra Quezada terminó definitivamente con la muerte de Quezada en 1980. A ello contribuyó la internacionalización de la revista por toda América Latina.

Víctor Osorio

Crónica Digital.

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