Por: María Pía Mora. Directora Ejecutiva de Fundación Alcanzable.
El Mostrador. 12 octubre, 2026
El subsidio hoy llega a muy pocos. En promedio, unas 6 mil personas postulan cada año, solo 1 de cada 5 lo obtiene y menos de la mitad logra usarlo, por desinformación, una oferta de viviendas poco adecuada y arrendadores que no quieren participar en el programa.
La imagen de una persona mayor expulsada de su hogar, quien posteriormente falleció, indignó a España. Pero más que una noticia lejana, es un espejo. En el mes de las Personas Mayores, la pregunta incómoda es: ¿podría pasar aquí?
Los datos dicen que el riesgo existe y crece. En 20 años, la proporción de personas mayores propietarias bajó de 86% a 75%, mientras las arrendatarias casi se duplicaron: hoy el 10% vive en una vivienda arrendada, según el Censo 2026 (aún una porción menor, pero el doble en comparación con 20 años atrás). Y arrendar en la vejez es caro: 6 de cada 10 personas mayores arrendatarias gastan más del 30% de sus ingresos en arriendo, frente a 4 de cada 10 en el total del país.
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A esto se suma la soledad. En dos décadas, las personas mayores que viven solas pasaron de 189.736 a 584.712, y hoy son el 21%. Sin red de apoyo, un alza de arriendo o un término de contrato puede ser una emergencia sin salida.
Y el panorama que viene es más exigente: para 2050, un tercio de la población tendrá 60 años o más.
Chile cuenta con una herramienta que marca la diferencia: el Subsidio de Arriendo para personas mayores (DS52). Quien lo obtiene y logra usarlo gana algo que ningún monto mide del todo: la tranquilidad de saber que mañana tendrá dónde vivir. La estabilidad habitacional es salud, autonomía y dignidad.
Sin embargo, el subsidio hoy llega a muy pocos. En promedio, unas 6 mil personas postulan cada año, solo 1 de cada 5 lo obtiene y menos de la mitad logra usarlo, por desinformación, una oferta de viviendas poco adecuada y arrendadores que no quieren participar en el programa. En la práctica, hablamos de cientos de personas al año frente a un déficit que afecta a 105 mil hogares con jefatura mayor.
Por eso, la lección de España no es que estemos a salvo, sino que aún estamos a tiempo. Para que el subsidio cumpla su promesa, necesitamos: más cobertura, acorde al envejecimiento de la población y a la dificultad de acceso a una vivienda propia durante la vejez; mejor información y acompañamiento para que quien gane el subsidio pueda usarlo, e incentivos y garantías para que más arrendadores participen. Oferta de viviendas adecuadas para personas mayores.
Un país se mide por cómo cuida a quienes lo construyeron. Que ninguna persona mayor en Chile tenga que vivir la incertidumbre de perder su hogar es una meta alcanzable.
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