CAMBIO GABINETE CON POCO USO POR JEFE DE GOBIERNO

por Víctor Maldonado – Ellibero.cl - 22 octubre, 2026

A la derecha no le falta elenco, le falta un ordenamiento en que sus personalidades más destacadas lleguen a tener la conducción política en vez de sacar entrada para una disputa de influencias.

El último espejismo

En Chile, cuando falla el Presidente, sus partidarios dicen que hay un problema de comunicaciones. La razón es muy sencilla: todos tienen una cierta idea de cómo entregar mejor los mensajes de gobierno, pero a pocos se les ocurre qué hacer en el caso de que el defecto se ubique en la cumbre.

Desde luego, el problema de la vocería se hace sentir y corresponde a la realidad. No hay gobierno en el mundo que no la tenga como una tarea especializada y de tiempo completo. La idea de sobrecargar al ministro del Interior con una responsabilidad adicional, que no es en ningún caso secundaria, sólo puede ser calificada como mala o muy mala.

Esta anomalía respecto de cualquier otra administración es una consecuencia de la dificultad principal y no se debe a la ausencia de personas perspicaces que no la hubieran detectado. Desde la salida de Sedini, el clamor compartido de todos los partidos y parlamentarios de derecha fue la nominación de un vocero.

Este es el único aspecto en que ha existido unanimidad de criterios y, sin embargo, La Moneda se demoró más de 70 días, un cuarto del tiempo que lleva en el poder, en llenar la vacante. Y ese es un reflejo del problema mayor.

Este es un gobierno extremadamente lento en tomar decisiones cuando ellas involucran directamente a Kast. La irresolución del Mandatario ha provocado la necesidad de producir presiones coordinadas a su alrededor, entre grupos que suelen pensar de manera diferente.

De este entramado de influencias cruzadas surge, más tarde o temprano, una resolución cuando cada asunto a resolver ha escalado en gravedad. El Presidente es un generador de dificultades, no alguien que dirima con aplomo en cada caso.

Es algo que nadie ignora, pero que no hay forma de admitir abiertamente sin que se tenga cómo resolverlo, y eso hace que se utilice el clásico recurso nacional de concentrarse en un tema secundario sin tocar el principal.

Desde luego, con la vocería mejorará mucho la regularidad y el profesionalismo con que se aborden las comunicaciones. De eso sólo cabe alegrarse y los partidarios del gobierno más aún porque se repite mucho que el gobierno no sabe transmitir lo que hace. Ahora eso no sucederá y, sin embargo, nada importante va a cambiar. Habrá caído la última excusa para evitar centrarse en el tema de fondo.

Miremos al cojo, no al empedrado

Fabricar excusas es una tarea que consume mucho tiempo y este gobierno lo desperdicia, aunque su duración de cuatro años es muy corta. La ciudadanía, sin embargo, no tiene ninguna necesidad de utilizar subterfugios porque es la que siente directamente las consecuencias del mal funcionamiento gubernamental.

La última encuesta de Data Influye trae muchos datos interesantes y uno muy sorprendente: Kast tiene una menor aprobación de la que consigue su gobierno. Esto es completamente desusado porque, en los regímenes presidenciales, la figura del Mandatario es lo que más se cuida. Un gobierno puede pasar por dificultades, pero si el Jefe de Estado sigue teniendo un prestigio adicional, un cambio de elenco le da siempre un segundo aire. Ese recurso ha desaparecido.

El caso es que, al preguntarse sobre las mayores dificultades que afronta esta administración, la inflación se ubica en primer lugar, pero, nueva sorpresa, el “tipo de liderazgo presidencial” se ubica en segundo lugar, por sobre el alza en el desempleo y la delincuencia.

Cuando a los encuestados se les pregunta si es necesario un cambio de gabinete, dicen que sí; cuando se les consulta si eso mejorará la gestión del Ejecutivo, dicen que no. No se puede negar que se trata de personas bien informadas.

Para solucionar problemas hay que saber encararlos. El gobierno ha tenido logros sectoriales, pero ha experimentado un nítido retroceso político y una pérdida de confianza ciudadana que es la mayor registrada por cualquier otra administración desde la recuperación de la democracia.

Francamente, su deterioro es alarmante y, si sigue avanzando, puede tener repercusiones negativas que afecten la confianza en el sistema político. El gobierno actúa como si tuviera todo el tiempo del mundo y no lo tiene; se mueve como si fuera inmune a los estallidos sociales y eso demuestra una falta de sabiduría política que explica por qué ha llegado al punto en el que nos encontramos.

Tanto va el cántaro al agua…

Para todo hay un límite. La fe pública se está horadando sin que se reponga la confianza y eso nunca ha quedado impune. Kast ganó porque prometió solucionar problemas en el corto plazo, los votantes no politizados le creyeron y después les dijo que era una metáfora. Se llegó al poder para producir reformas en las mismas áreas que ahora son mal evaluadas, particularmente en crecimiento y empleo.

El desgaste de la confianza se expande y coinciden en el escenario más riesgoso. Mucho se ha hablado de lo ocurrido con los fondos E y la responsabilidad de las AFP, pero hay otra arista por la que hay que interrogarse: ¿qué hicieron mal los pensionados para que sean castigados de esta forma? Porque algo muy malo le ocurre a un país cuando los que se portan bien, cumplen con sus obligaciones y toman decisiones más que prudentes son defraudados en su confianza. ¿A cuántos les está pasando lo mismo en distintos ámbitos? Es a eso a lo que hay que temerle, al hastío y luego a la rabia de los ciudadanos de buen comportamiento.

Un gobierno sin conducción política, con apoyos partidarios en conflicto y de lenta capacidad de resolución no le sirve al país y no podemos esperar a que le llegue el reemplazo para encontrar soluciones.

La Moneda trata de salir del paso con cambios menores y eso no sirve. Tampoco es cosa de cambiar personas sin más. A la derecha no le falta elenco, le falta un ordenamiento en que sus personalidades más destacadas lleguen a tener la conducción política en vez de sacar entrada para una disputa de influencias.

Cada uno debiera hacer lo mejor que sabe hacer. Kast puede ser un jefe de Estado, pero no tiene las habilidades de jefe de gobierno; de eso se puede tener certeza. Si se separan los roles, se dejaría de tener un segundo piso entrometido y dañino.

Una jefatura política para la gestión requiere establecer una línea de mando simplificada, sin contradictores en las sombras. Es más lo que hay que sacar que lo que hay que poner. Así dejaría de haber jugadores envanecidos por sus virtudes que no trabajan para el equipo. Queda poco tiempo para encontrar la salida.


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