ÁLVARO RAMIS: KAST Y MILEI, LOS HERMANOS MACANA QUE NOS QUIEREN LLEVAR A LA GUERRA

Por Álvaro Ramis - Crónica Digital 24 octubre, 2026

Un general argentino en retiro dijo en un podcast que su país puede borrar del mapa una ciudad chilena cortándole el gas. Cuesta tomárselo en serio, y sin embargo hay que hacerlo. Edgar Fernando Calandín, general de brigada en retiro y excomandante del Comando Conjunto Antártico entre 2020 y 2024, lo dijo así en La Fábrica Podcast: “Argentina tiene la herramienta para agarrar y eliminar Puerto Williams, cierra el gas”. Después se lamentó de que su país le hubiera vendido gas a la capital de la provincia Antártica Chilena y explicó que él lo habría entregado solo a cambio de prebendas.

La amenaza parte de un dato falso. El alcalde de Cabo de Hornos, Patricio Fernández, aclaró que Puerto Williams no depende del gas argentino. El gas licuado que consume la ciudad llega por barco desde Magallanes y se guarda en una planta de la propia comuna. El general habló de una llave que no existe. Su error, sin embargo, no borra lo que dejó ver. Alguien que tuvo a su cargo la presencia antártica de su país piensa el abastecimiento de una población civil como un instrumento de presión territorial.

También dice bastante el motivo de su molestia. Calandín admitió que Chile ha avanzado más rápido y con mayor eficiencia que Argentina en convertir a Punta Arenas y Puerto Williams en bases científicas y logísticas hacia la Antártica. La orilla chilena del Beagle va ganando la carrera por ser la puerta del continente blanco, y a un exjefe militar del otro lado se le ocurre que la solución es dejarla sin energía.

El episodio pasaría como otro exabrupto sin consecuencias si no viniera precedido de uno más serio. En agosto, el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, el brigadier general Gustavo Valverde, que está en servicio activo, dijo que “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía”. Chile envió una nota de protesta, la Cancillería argentina reafirmó el Tratado de Paz y Amistad de 1984 y La Moneda dio el asunto por cerrado. Días después Milei llegó a Santiago a abrir el Foro de Madrid, habló de su amigo José Antonio Kast y firmó con él un comunicado conjunto en que Chile respaldó la reclamación argentina sobre Malvinas y aceptó compromisos logísticos que terminará pagando Magallanes. Le hicimos gestos de buena voluntad a un gobierno que todavía nos debía una explicación.

Los más memoriosos recordarán a los Hermanos Macana de Los autos locos, la serie de Hanna-Barbera. Eran Piedro y Roco, dos cavernícolas melenudos que manejaban el Rocomóvil y resolvían cualquier contratiempo de la carrera a garrotazo limpio, contra los rivales o contra su propio auto. Nunca supieron muy bien hacia dónde iban, pero avanzaban golpeando. Kast y Milei se les parecen más de lo que quisieran. Van en el mismo vehículo ideológico y sacan el garrote cada vez que el camino se complica, a veces contra el enemigo interno y otras, cuando les falta épica, contra el vecino. Parecen no haber reparado en que en esta carrera compiten entre ellos, y en que en el Beagle los golpes no los recibe el auto de un dibujo animado.

Se nos había prometido otra cosa. Tras ganar la elección, Kast anunció una relación con Argentina “como nunca antes se ha visto”, y la idea de fondo era que dos gobiernos de la misma familia política dejarían atrás las rivalidades de siempre. Los nacionalismos, en cambio, rara vez se alían por mucho tiempo, porque cada uno vive de un adversario externo y de alguna causa que le permita tapar los problemas de la casa. Milei tiene la suya en Malvinas y en la proyección austral; Kast la cultiva en la frontera norte y en el discurso de mano dura. Cuando los dos relatos se encuentran en el Beagle, la cercanía ideológica no amortigua el choque y hasta impide verlo venir.

Esto ya ocurrió en el mismo lugar. En 1978, dos dictaduras con mucho en común, anticomunistas ambas y socias en la coordinación represiva del Plan Cóndor, estuvieron a horas de una guerra por las islas Picton, Lennox y Nueva, frente a Puerto Williams. Había tropas movilizadas y una fecha fijada para la Operación Soberanía. La afinidad entre Pinochet y Videla no frenó nada. Lo hizo la mediación papal y, años más tarde, un tratado que la democracia argentina sometió a plebiscito. Para el oficialismo actual la lección es incómoda, porque la paz en el extremo sur se la debemos a la diplomacia y al derecho internacional, que la nueva derecha suele mirar con desdén.

Ningún presidente amanece un día con ganas de declarar la guerra. Los conflictos se incuban con frases como las de Valverde y Calandín cuando se dicen sin costo alguno, con señales que el otro lado lee mal y con gobiernos que callan para no incomodar al aliado. Es posible que ni Kast ni Milei hayan calculado nunca un enfrentamiento armado. Aun así, entre los dos vuelven normal un lenguaje militarista, debilitan la respuesta diplomática y reducen la política exterior a un club de presidentes alineados con Washington. Cuesta entender que un gobierno se diga patriota cuando habla de migrantes y guarde silencio cuando un general vecino amenaza a una ciudad chilena.

El alcalde Fernández hizo lo que debió hacer La Moneda antes que él. Desmintió con datos y pidió al Gobierno más presencia del Estado en el extremo austral. Habría que ir más lejos, con una política antártica que no cambie de rumbo en cada elección y una Cancillería que distinga la amistad entre dos presidentes de los intereses de largo plazo de dos países. Y habría que recuperar una idea que la derecha radical no está en condiciones de ofrecer. Ushuaia y Puerto Williams están separadas por un canal angosto y ocupan el mismo territorio yagán. Tienen más motivos para cooperar en ciencia y conectividad que para disputarse la entrada a la Antártica a punta de amenazas.

En Magallanes todavía se recuerda lo cerca que se estuvo en 1978. Kast y Milei se suben al Rocomóvil como si el canal Beagle fuera una pista de dibujos animados. Alguien en el Gobierno debería explicarles que no lo es, y que lo que dice un general en un podcast merece respuesta, aunque el general esté en retiro y el presidente que lo ignora sea amigo de su presidente.

Álvaro Ramis Presidente en Centro de Estudios Territorio y Comunidad. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.

Santiago de Chile, 24 de octubre 2026 - Crónica Digital


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