BRASIL: EL VOTO Y LA RESPONSABILIDAD DE CAMBIAR CHILE

EDITORIAL: 01 DE NOVIEMBRE 2026

La reciente elección presidencial de Brasil deja una enseñanza que los chilenos no deberíamos ignorar. Luiz Inácio Lula da Silva consiguió su reelección, pero las fuerzas conservadoras alcanzaron una poderosa representación parlamentaria que puede dificultar las transformaciones comprometidas en su programa. La contradicción es evidente: ganar la Presidencia no significa necesariamente contar con las mayorías políticas necesarias para transformar una sociedad.

Chile conoce demasiado bien esta realidad. Gabriel Boric llegó al gobierno despertando grandes expectativas de transformación, pero sin una mayoría parlamentaria que permitiera llevar adelante buena parte de sus reformas. Hubo avances, pero también promesas incumplidas, errores políticos y frustraciones que contribuyeron a profundizar el desencanto ciudadano.

Ambas experiencias nos recuerdan una verdad fundamental: en una democracia no basta con elegir presidente. También elegimos diputados y senadores, quienes tienen la responsabilidad de aprobar, modificar o rechazar las leyes que determinarán nuestras condiciones de vida. Y esas mayorías también las elegimos nosotros.

En octubre de 2019, millones de chilenos salieron a las calles para expresar su indignación frente a los abusos, las desigualdades y las injusticias acumuladas durante décadas. Chile despertó. Aquella movilización demostró que una ciudadanía consciente de su fuerza puede estremecer las estructuras del poder.

Siete años después, muchas de las demandas que dieron origen a ese despertar continúan pendientes. Las pensiones insuficientes, los salarios que no alcanzan, las dificultades para acceder a una salud oportuna, la educación y la vivienda siguen marcando la vida de millones de familias. ¿Qué ocurrió con aquella voluntad colectiva de transformar nuestra sociedad?

La respuesta no puede limitarse a responsabilizar a los gobiernos o a los partidos políticos. También debemos preguntarnos qué hemos hecho nosotros, los ciudadanos, con el poder que nos entrega la democracia.

¿Cómo podemos reclamar mejores pensiones y después entregar nuestro voto a quienes se oponen a las reformas que podrían mejorarlas? ¿Cómo podemos exigir salarios dignos, educación pública de calidad y derechos sociales sin conocer las posiciones de quienes elegimos para legislar?

No se trata de obedecer consignas. Se trata de comprender que cada voto tiene consecuencias. Antes de elegir, debemos conocer las propuestas, examinar las trayectorias y preguntarnos a quiénes benefician realmente las decisiones de nuestros representantes.

El voto no es un cheque en blanco. Es una responsabilidad con nuestra propia vida, con nuestros hijos y con el futuro del país.

Pero la responsabilidad no termina en los ciudadanos. Los partidos políticos y sus parlamentarios deben responder por los compromisos que asumieron para conquistar el voto popular. No pueden prometer mejores pensiones, salarios dignos o derechos sociales durante una campaña y después votar contra las leyes que permitirían avanzar hacia esos objetivos. Quienes fueron elegidos para representar determinadas aspiraciones ciudadanas tienen la obligación política de defenderlas, legislar con coherencia y explicar públicamente sus decisiones. El mandato recibido en las urnas no puede convertirse en una autorización para traicionar el programa que permitió obtenerlo.

Chile es un país inmensamente rico en recursos naturales, trabajo y capacidades humanas. No podemos aceptar como inevitable que esa riqueza conviva con tantas familias que apenas consiguen llegar a fin de mes. Las desigualdades no desaparecerán por sí solas. Quienes se benefician del orden existente tienen capacidad para defenderlo. Si queremos transformaciones, necesitamos construir mayorías democráticas capaces de impulsarlas y sostenerlas.

En 2019, Chile dijo que no quería seguir viviendo de la misma manera. Hoy debemos recuperar aquella voluntad colectiva y convertirla en conciencia política, organización y participación permanente.

No basta con indignarse. No basta con reclamar. No basta con esperar que otros resuelvan nuestro futuro. Tampoco basta con elegir representantes y permitir que después olviden sus compromisos.

Si queremos cambios, debemos comprometernos con ellos: informarnos, votar conscientemente,

organizarnos y exigir que quienes fueron elegidos cumplan lo que prometieron.

Porque una sociedad que renuncia a ejercer su poder termina dejando su futuro en manos de otros.

El futuro de Chile no puede seguir dependiendo de promesas que se olvidan después de las elecciones. Debe construirse con ciudadanos conscientes y representantes que respondan ante quienes los eligieron.

CORPORACION SOLIDARIA UTE-USACH