Por: Marcelo Herrera Hueche. Rector Universidad de Aconcagua
BioBioChile. Domingo 08 noviembre de 2026
La continuidad de estudios de los egresados de enseñanza media técnico-profesional está mostrando un cambio significativo en Chile.
De acuerdo con cifras del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), el 51,2% de quienes egresaron de esta modalidad en 2025 ingresó a la educación superior en 2026, superando el 50% registrado entre los egresados de la enseñanza científico-humanista.
Este resultado, inédito en los registros disponibles, refleja una transformación en las trayectorias educativas y abre una reflexión sobre la necesidad de fortalecer las oportunidades de formación y desarrollo profesional de estos estudiantes.
Durante mucho tiempo, la educación técnico-profesional estuvo asociada principalmente a la preparación para incorporarse tempranamente al mundo laboral. Esto sigue siendo fundamental, pero hoy obtener una especialidad en cuarto medio no representa necesariamente el término de una trayectoria educativa, sino una base sobre la cual construir nuevas oportunidades de formación, especialización y desarrollo profesional.
La experiencia internacional ofrece antecedentes interesantes. Países como Alemania, Suiza y Austria han desarrollado sistemas de formación profesional que combinan educación, aprendizaje práctico y vinculación con el mundo productivo, incorporando distintas posibilidades de especialización y continuidad de estudios. Estas experiencias muestran la importancia de contar con sistemas formativos articulados, capaces de acompañar a las personas en distintas etapas de su vida.
Esta perspectiva adquiere especial relevancia cuando observamos cómo ha cambiado el perfil de quienes acceden a la educación superior. Hoy encontramos personas que trabajan, tienen responsabilidades familiares, retoman estudios interrumpidos o buscan nuevas competencias para responder a las exigencias de su actividad laboral. Esta diversidad exige a las instituciones programas pertinentes, modalidades flexibles y mecanismos de acompañamiento que permitan compatibilizar la formación con las distintas circunstancias personales y laborales.
En este escenario, las carreras técnicas de nivel superior cumplen un papel relevante. Además de formar especialistas para distintos sectores productivos, pueden constituir una etapa dentro de trayectorias educativas más amplias. Por ello, resulta necesario fortalecer la articulación entre la educación media técnico-profesional, la formación técnica superior y las carreras profesionales, facilitando oportunidades reales de continuidad y especialización.
Mirando hacia las próximas décadas, este desafío será todavía mayor. La automatización, la inteligencia artificial, la digitalización y las nuevas exigencias ambientales transformarán numerosas ocupaciones. En consecuencia, el aprendizaje permanente dejará de ser una alternativa de perfeccionamiento para convertirse en una necesidad cada vez más extendida.
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Frente a esta realidad, las instituciones de educación superior tenemos una responsabilidad que va más allá de impartir carreras y otorgar títulos. Debemos contribuir a generar conocimiento, desarrollar investigación, promover la innovación y construir una oferta formativa vinculada con las necesidades de las personas y los territorios. Esto supone facilitar el tránsito entre distintos niveles de formación, reconocer aprendizajes previos y ofrecer oportunidades de actualización y especialización a lo largo de la vida.
Sin embargo, ampliar las posibilidades de acceso y continuidad no es suficiente. El verdadero desafío también está en generar las condiciones para que los estudiantes permanezcan, progresen y concluyan exitosamente sus estudios. La articulación entre educación, capacitación y trabajo solo adquiere sentido cuando se traduce en oportunidades concretas de desarrollo personal y laboral.
La educación técnico-profesional no es una formación de menor valor ni una alternativa subordinada a la educación universitaria. Es parte fundamental del desarrollo del país y debe contar con oportunidades reales de continuidad y especialización. Chile necesita superar la visión de trayectorias educativas separadas y avanzar hacia un sistema que articule formación, trabajo y desarrollo profesional. El desafío no es solo formar para las necesidades del presente, sino preparar a las personas para las oportunidades y transformaciones del futuro.
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