Por Simón del Valle
El Clarín Chile. 10 agosto, 2025
La imagen de Jeannette Jara junto a la senadora Fabiola Campillai, en plena Población Cinco Pinos de San Bernardo, no es un gesto protocolar. Es una declaración política. Campillai —víctima emblemática de la violencia policial, primera mayoría nacional en las elecciones al Senado de 2021 y voz inconfundible de la izquierda social— simboliza un puente entre el mundo popular y la candidatura de la exministra del Trabajo. En un escenario donde Jara lidera las encuestas de primera vuelta, pero sin superar un techo del 35%, la apuesta es clara: desplegar músculo territorial para conquistar ese electorado volátil que, en otros países, ha sido capturado por la extrema derecha.
En Cinco Pinos, más de 130 personas se reunieron para escuchar a la candidata de Unidad por Chile. Campillai no escatimó en elogios: “Ella entiende nuestras preocupaciones porque las ha vivido”. El perfil de “mujer de población, trabajadora, de familia humilde” que subraya la senadora no es solo un recurso emotivo: es la narrativa con la que Jara intenta contrarrestar la frialdad estadística de las encuestas.
El techo de Jara y el riesgo Kast
Hoy, según la mayoría de los sondeos, Jeannette Jara obtendría entre 30% y 35% de los votos en la primera vuelta de noviembre. Suficiente para liderar, pero insuficiente para vencer en el balotaje. Si la segunda vuelta la enfrenta a José Antonio Kast, es probable que el republicano capitalice el voto de Evelyn Matthei, Franco Parisi y Johannes Kaiser, consolidando una mayoría de derecha. El riesgo para Jara no es menor: sectores populares desencantados con la política han optado en otras latitudes —de Estados Unidos a Argentina— por alternativas ultraderechistas, atraídos por discursos de orden y mano dura.
Romper ese techo exige algo más que entrevistas y debates televisivos. Exige presencia física en los territorios, como bien lo señaló el académico Álvaro Ramis en El Siglo: “El poder territorial es el motor de la movilización electoral. Ignorarlo es un error estratégico que puede costar caro”. Para Ramis, la clave está en articular redes con alcaldes, concejales, líderes vecinales y organizaciones comunitarias que puedan transmitir el mensaje y llevar a los votantes a las urnas, especialmente en un contexto de voto obligatorio que sumará millones de nuevos sufragios.
La estrategia territorial
El comando de Jara, bajo la coordinación de Nicole Cardoch, ha iniciado la formación de comandos comunales y regionales, con una “minuta de orientación” que circula entre partidos de Unidad por Chile, la Democracia Cristiana y organizaciones independientes. La idea: una estructura nacional cohesionada que impulse la propuesta programática, sintonice con demandas locales y genere vinculación real con la ciudadanía.
El despliegue no se limita a las figuras partidarias. Comandos populares, como el impulsado por Campillai junto a partidos como Igualdad y Popular, buscan reforzar la conexión con sectores tradicionalmente excluidos de la política institucional. En este contexto, la “porotada” y el almuerzo compartido en San Bernardo no son meros folclores de campaña: son instancias de escucha y reconocimiento mutuo.
Justicia territorial y demandas concretas
La apuesta de Jara se alinea con un diagnóstico cada vez más consensuado en la izquierda: no basta con promesas nacionales, hay que responder a necesidades inmediatas y tangibles. Lo que Ramis llama “justicia territorial” incluye temas como seguridad pública, salarios dignos, mejoras en la salud local, combate al microtráfico, transporte digno, vivienda, derechos de las mujeres y gratuidad universitaria. Son las reivindicaciones que surgen en juntas de vecinos, clubes deportivos, radios comunales y ferias libres, espacios donde la televisión y las redes sociales apenas tienen alcance.
En palabras de Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, “la gran misión es tener una propuesta que dé cuenta de esas urgencias, que tenga credibilidad y que genere confianza”. Y para ello, subraya, la comunicación debe ser clara, directa y empática.
El desafío por delante
En la recta hacia noviembre, la pregunta es si Jeannette Jara logrará convertir este despliegue territorial en votos que quiebren el techo del 35%. La alianza con Campillai es un primer paso simbólicamente potente, pero el desafío es masivo: movilizar a un electorado popular fragmentado y, en muchos casos, desconfiado.
En la política chilena reciente, la calle ha sido escenario de protesta, no de campaña. Jara busca revertir eso: transformar la calle en la base de una mayoría electoral. Si lo consigue, no solo disputará la segunda vuelta en mejores condiciones; también podría redefinir la manera en que la izquierda compite por el poder.
Simón del Valle
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